Sábado de mugre


Relato de una aventura llena de dificultades y risas.

Todo comenzó aquel viernes en la última clase antes de la salida. Mis compañeros y yo estábamos esperando las últimas indicaciones de la maestra para poder salir y comenzar a disfrutar el fin de semana. Íbamos contando los minutos que faltaban para tomar nuestra mochila y, como de costumbre, disfrutar de una gelatina fría mientras caminamos hasta la parada del autobús.

Pero la maestra nos tomó de sorpresa: en unos segundos acabó con mi maravilloso plan de fin de semana en el que me imaginaba tirada en la cama hasta medio día disfrutando de mi serie favorita frente a la computadora.

— Tienen que hacer un proyecto comunitario — dijo ella, con voz firme y lapidaria — .

Debíamos ir a recolectar basura para rescatar botellas y tapas de plástico. Según esto, nos reuniríamos el sábado a las 7 de la mañana en la Cañada de Santa Catarina que recién había sido afectada por las lluvias que azotaron a Nuevo León el septiembre pasado.

No lo podía creer. Encima de que mi fin de semana iba a estar saboteado por el esfuerzo que implica trabajar, también debía levantarme temprano, como si no fuera suficiente tener que hacerlo de lunes a viernes.

La maestra insistió en que era responsabilidad de todos hacer algo por nuestra comunidad. Y a pesar de lo que ello implicaba, me sentí identificada con su discurso y no pude refutarlo. Además, ya todo el grupo estaba comprometido a asistir el sábado. ¿Qué podía ser tan malo?

Esa misma tarde de viernes me encontraba con mis hermanos en casa y, después de mucho intentarlo, los convencí de que me acompañaran.

Al día siguiente, llegamos puntuales al punto de reunión y nos adentramos pronto en la aventura. Resulta impensable la sorpresa que nos llevamos en ese lugar cuando nos dimos cuenta de que la gente tira de todo en la Cañada, ¡en serio, de todo! Había restos de animales, desperdicios agusanados, vidrios por todos lados, ropa vieja, llantas, pañales sucios, preservativos usados, toallas sanitarias, entre otros desechos.

Mis hermanos, al igual que yo, estaban completamente sorprendidos de lo que ahí pudimos ver y todos nos preguntamos lo mismo: ¿Cómo pueden existir personas con tan poca conciencia sobre su entorno?

Todo lo que sentía y pasaba por mi mente en ese momento fue una mezcla de emociones y sensaciones agridulces, encontradas: sentía asco por todo lo que veía, sentía enojo al pensar en la gente inconsciente, sentí tristeza porque evidentemente no todos estamos dispuestos a hacer algo al respecto, pero lo que no esperaba era sentir felicidad al ver cómo todos mis compañeros estábamos colaborando para que aquel lugar quedase completamente limpio. Los sentimientos desagradables se convirtieron en una satisfacción personal.

De pronto observé a mi alrededor y me di cuenta de que ahí estaban mis compañeros de salón junto a mis hermanos trabajando por un mismo objetivo. Era muy divertido percibir cómo colaborábamos, de lejos escuchábamos uno que otro comentario que nos hacía reír a carcajadas. Rápidamente comenzamos a competir por ver quién juntaba más plástico en el menor tiempo posible.

¿Quién lo diría? Olvidé entonces mi enojo y me alegré por pasar mi sábado recogiendo basura. Comencé a valorar el tiempo de calidad que estaba pasando con mis hermanos y compañeros, y se anidó en mí un profundo sentido de admiración hacia la maestra porque pude ver por fin la bondad de su intención. Yo nunca había estado con ella fuera del salón de clases. Incluso verla sin sus lentes, zapatos y ropa formal me conmovió. Ese día ella vestía con botas de trabajo, pantalones de mezclilla y una gorra que la cubría apenas del sol. La vi sudar, mancharse las manos de tierra, juntando basura como todos y dirigiendo al grupo. No le reproché más que me hubiera robado mi fin de semana y, más bien, comencé a sentirme identificada con ella porque entendí su preocupación por la comunidad.

Estoy segura de que los vecinos de la Cañada nos agradecerán.

Y también los del resto del mundo.

Fathma Hernández Salas, Estudiante CONALEP

ExM Nuevo León y Coahuila

Historias de los Profesionales de Enseña por México en Monterrey y Saltillo

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