Es un colegio muy caro.

Esta vez escribo sobre mis propias experiencias en el col·legi Creanova, no de las cosas que me explican mis tres hijos que les pasan allí.

Este artículo forma parte de la colección “experiencias Creanova” en la que explico nuestras vivencias en el Col·legi Creanova de Sant Cugat.

En “Está lleno de frikis” explico como es la convivencia en el col·legi Creanova.

Nos hacen pagar dinero por quedarse con nuestros hijos de 9 a 5. Bastante dinero. No más que otros colegios de alrededor, menos que colegios con más niños por grupo, muchísimo menos que colegios “exclusivos” que dicen dar atención personalizada y experiencias extraordinarias.

Y además no paran de molestarnos con comunicaciones y reuniones constantes acerca de las instalaciones, de los planes de futuro, de sesiones pedagógicas explicando cómo hacen las cosas. Y nos bombardean de emails con noticias, y de posts en su blog con historias del día a día.

Y por si fuera poco, creamos una asociación de familias de alumnos (AFA) y quieren que les digamos lo que creemos que está bien y lo que no, incluso hemos podido lograr que el colegio no se cambie de lugar a un sitio que la mayoría de familias no consideran seguro. Y muchas veces nos hacen caso. La mayoría.

Se ponen muy pero que muy farrucos en las cosas pedagógicas, pero eh, hemos decidido entre todos que de eso no sabemos, y nos fiamos de ellos.

Las familias-que-llevan-hijos-al-cole somos animales extraños.

A veces nos quejamos de que no estamos suficientemente informados, y otras no nos enteramos de las cosas porque no leemos nada de lo que nos mandan, y nos quejamos también.

Nos aturullamos con informaciones que no queremos contrastar, y hacernos una opinión de algo nos da un palo atroz.

Por eso nos choca tanto que una escuela nos pida que nos mojemos, que apoyemos, que nos impliquemos, que apostemos por ella. Un colegio es algo que está allí desde siempre, y que estará siempre hagamos lo que hagamos, tú paga la cuota y olvídate.

Pedimos un colegio diferente y nos quejamos si lo es.

En nuestra escuela todos luchan más horas de las que tiene una jornada laboral, se enfrentan a situaciones injustas, afrontan desengaños porque creen que el mundo es noble y caballeroso, y aprenden de todo y entienden que hay otras opiniones más allá de las suyas. Son fuertes en sus posiciones pero rápidos en cambiarlas si reciben nueva información. A veces aprenden que no hay sólo que corregir errores sino reconocerlos para que sea evidente que lo hacen, pero eso consuela porque los hace humanos: nadie aguanta demasiado tiempo una relación con dioses lejanos y herméticos.

Hay de todo allí: tercos y nobles del norte, inasequibles al desaliento y donquijotes sonrientes; amantes de lo colectivo y tolerantes ante la exasperación; cándidos y sinceros, insaciables de experimentos e incansables ante un declarado caso perdido, inquietos saltimbanquis y dulces acompañantes. Y siempre saturados hasta lo imposible de empatía y enfermos terminales de cariño contagioso.

A pesar de todo (la realidad, el dinero, la desconfianza, los errores propios y ajenos) están en mil sitios a todas horas sonriendo e inyectan ese virus tan extraño hoy que convence a mentes tiernas de que todo es posible si te esfuerzas, que nada es cierto porque otro lo diga, que preguntar es lo normal, que aprender es un placer que nadie tiene el derecho a arrebatarte.

Hace tres años me daba una pereza infinita hacer de nuevo la EGB multiplicada por tres. Ahora mis hijos me dan mucha envidia, y una de las cosas que he aprendido es a colocar la preocupación por su educación en los puntos más altos de nuestras prioridades como familia.

Quiero que mis hijos se eduquen allí, para siempre. Si tuviera más dinero, lo daría para asegurarme de que eso pasa. Mis hijos están tan enteros, realizados, conscientes de las consecuencias de cada cosa que hacen, ilusionados y alucinados por las cosas fantásticas que les pasan a diario que no puedo imaginar otro sitio en donde llenarlos de lo que hará que sean personas contentas consigo mismas.

Nuestro cole cuesta bastante, sí, pero vale muchísimo más.

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