Baila como si nadie te estuviera viendo
Un grupo de chicos me intercepta mientras camino por la calle y me llevan, en contra de mi voluntad, hacia un sótano donde inesperadamente tendré que demostrar de qué ritmos y sangre estoy hecho…
Les voy a contar algo muy divertido que me pasó cuando estaba en Kashan, una pequeña ciudad en Irán.
Había llegado desde Teherán alrededor de las 3 de la tarde y el clima era insoportable: la temperatura estaba alrededor de los 42 grados y el aire era tan sofocante que prefería mantener las ventanas del taxi arriba aunque empezara a sentir mareo.
Después de refrescarme en el hotel, salí a andar por las calles de la ciudad y después de haber caminado por no más de 10 minutos, conocí a un grupo de chicos que estaban parados alrededor de varias motocicletas, muy divertidos e interesados en mí, puesto que mi cámara y mirada curiosa me delataban como turista.
Sin cruzar palabra les sonreí y empecé a tomarles fotos, lo que generó un gran revuelo y emoción entre ellos y los llevó a posar para mi cámara mientras se presentaban y alardeaban sobre quién era el más guapo, quién tenía más amantes y quién era el más conocedor y poderoso en lo que refiere a sexo.

Tomé las fotos que quería y cuando me disponía a partir, me encontré con que todos estos chicos me habían rodeado y de un momento a otro, sin preguntar o decir agua va, me tomaron por los hombros y me empezaron a empujar hacia el otro lado de la calle.

¡¿En qué mierda me estoy metiendo?! — pensaba, empezando a preocuparme un poco, aunque interesado en saber a dónde me estaban llevando.

¿Es esto un secuestro?
Caminamos unos 10 metros y llegamos a unas escaleras que llevaban a lo que parecía ser un subsuelo y aunque hice todo lo posible por evitarlo, en mi cabeza aparecían flashazos de unos 6 meses atrás, cuando terminé en la celda de una estación de policía en Mumbai, con un policía bajándose los pantalones y diciéndome que hiciera lo mismo (prometo contar esa historia pronto)…
Afortunadamente mis presagios no se cumplieron y me encontré entrando a un salón muy iluminado, en el subsuelo, donde sonaba música muy movida y habían muchas mesas, todas ellas adornadas con manteles color pistacho y detalles dorados, sobre cada una de las cuales habían dos o tres canastas surtidas con pepinos, duraznos y bananas. Alrededor de estas mesas estaban sentados hombres y niños de distintas edades, todos vestidos elegantemente: charlaban y reían muy contentos, mientras esperaban que diera inicio la fiesta de….¡sí señores! ¡Una boda!

Ahora todo cobraba sentido: Mi nueva banda kashaniana no me estaba raptando, solamente querían que disfrutara la fiesta con ellos y tampoco es que yo estuviera muy interesado en decir que no.
I bet you look good on the dancefloor…
Nos sentamos en la mesa que tenían asignada y mientras uno de ellos empezaba a adoctrinarme en los pasos de baile persas, ordenaron más pepinos, duraznos y bananas, además de pedir especialmente para mí un helado de pistacho y azafrán que sólo puedo describir como de-li-cio-so.
Estaba un poquito incómodo por ser el centro de atención en el lugar: a pesar de que físicamente podría pasar por iraní, el hecho de que hablara inglés y preguntara acerca de todo, me exponía. Mi incomodidad no era un problema para mis colegas, que decidieron que la mejor forma de hacerme sentir en casa era que yo, Daniel Priego, pasara al frente a bailar… ups… a bailar.
Soy afortunado, puesto que todo quedó grabado en un video que comparto a continuación. Eso sí, aclaro que en esta ocasión no hice gala de mis mejores pasos de baile y aunque dudé por un momento en hacer público este video, quiero seguir la filosofía de National Geographic y compartirlo “para el incremento y la difusión del conocimiento geográfico”… ¡salud!
El último gran baile…
Si observas con detalle el video, alrededor del minuto 2:35, verás que un chico se acerca a uno de mis coleguitas y le dice algo; después llegan dos personas más y vuelven a hablar con él. Para hacerla corta: mi presencia y mi destreza en el baile ya no eran requeridos en esta boda.
Con mucha vergüenza y risas nerviosas de por medio, todos los miembros de mi pandilla coincidieron justo en el mismo momento en que había mucho calor en el subsuelo y que era hora de salir a la calle a tomar aire.
Resignado a que tenía que partir, y ya estando afuera, sugerí que nos tomáramos unas fotos para el recuerdo. Ni bien había empezado a darle al clic al teléfono, un viejo pelado, bastante parecido al Tano Pasman por cierto, llegó a empujarme por detrás gritando palabras que no creo que fueran dirigidas a los novios, e intentó, infructuosamente, tirarme contra los autos que pasaban por la calle de enfrente.
Mala suerte que no pude ver la ceremonia completa (¡y tampoco a la novia! por que las mujeres están en otra parte del subsuelo), pero eso sí, lo bailado y divertido no me lo quita nadie.




