Galileo Galilei: una unidad, una estampa

Lo de que en Bohemian Rhapsody digan aquello de “Galileo, Galieo” es digno de estudio en Cuarto Milenio. Pero los avances en la física que propició el gran genio del renacimiento no pertenecen en absoluto a las ciencias ocultas y apenas tienen parangón.

La unidad física que honra su memoria es el Gal, es decir, el centímetro por segundo al cuadrado, con lo cual ya nos queda claro que es una unidad perteneciente al sistema cegesimal. La aceleración que se debe a la atracción gravitatoria de la Tierra varía en su superficie entre 976 y 983 Gal.

Los geólogos y en concreto los geofísicos están interesados en las variaciones del valor de la aceleración de la gravedad porque esta depende de la distribución de masa en la corteza terrestre. Entre otros algunos de los factores que la modifican son la latitud, la elevación sobre el nivel del mar, la isostasia, la topografía, los diversos y complejos procesos geológicos en general, y la marea que crean la gravitación del Sol y la Luna. Las desviaciones que se observan reciben el nombre de anomalías de Bouger corregidas por terreno y representan un método indirecto de exploración de la corteza terrestre hasta sus capas más profundas.

El experto local nos cuenta lo siguiente: “Las anomalías de Bouger son correcciones que se hacen a las anomalías gravimétricas debidas a la proximidad de terrenos elevados o depresiones entorno al lugar de la medida. Es decir, si tú mides en un sitio g y tienes una montaña cerca, la montaña provocará un descenso de la medida de g”.

Pero retomemos el hilo argumental principal, el magno trabajo de Galileo tuvo una influencia absolutamente fundamental en el desarrollo del método científico por su ruptura con el fundamento aristotélico. Por citar dos contribuciones muy relevantes a lo que estamos exponiendo recordemos que en primer lugar sus trabajos llevaron a la descripción del movimiento uniformemente acelerado y en segundo lugar a la constatación de que los proyectiles siguen trayectorias parabólicas. ¿Y qué son estos dos pilares de la cinemática sino consecuencias directas de la gravitación?

Galileo nació en Pisa, hace unos 450 años, en una familia de comerciantes de la baja nobleza. La humanidad tuvo la fortuna de que un amigo de la familia lo iniciara en las matemáticas y pudiera sortear el deseo de sus progenitores de que fuera instruido en la medicina. Su enorme curiosidad y su habilidad innata tanto en lo experimental como en lo teórico lo llevaron a construir el primer telescopio digno de tal nombre, lo cual lo conduciría a descubrimientos cruciales. Halló fuertes evidencias de lo erróneo del modelo geocéntrico del universo, y tras muchos avatares y una escalada de agravios monumental, se vio forzado a renegar en público de sus creencias para salvarse de la tortura con la que le amenazaban las fuerzas de seguridad del Estado encarnadas en aquel tiempo y lugar por los esbirros de la Santa Inquisición. La tradición sostiene hipotéticamente que Galileo no renunció del todo a su espíritu de tocapelotas y que tras abjurar de la visión heliocéntrica del Cosmos pronunció la frase Eppur si muove o E pur si muove (y sin embargo, se mueve, en castellano).

En verdad que un tipo así se merece por aclamación popular que una unidad física se haya nombrado en su honor. Así que, aunque sea del sistema cegesimal, que no nos gusta en exceso, el Gal mola bastante.

¡Hay que ver lo que da de si una buena colaboración interdepartamental!
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