LA HUMANIDAD (Bruno Dumont, 1999)

Plano general. La cámara aprovecha todo el ancho de su formato para mostrarnos un paisaje abstracto con hombre al fondo. Este hombre va corriendo de izquierda a derecha de la pantalla hasta salir de ella. Ligero corte en el que seguimos viendo a ese mismo hombre (suponemos que así sea), ya en un plano corto, cómo remonta una colina hasta caer de bruces en la tierra. Primer plano del hombre con el rostro medio enterrado en el barro y con una mirada totalmente perdida. Ese personaje que se funde con la tierra es Pharaon De Winter, un solitario y ensimismado policía que se encargará de la investigación de la violación y asesinato de una niña de su localidad. L’Humanité (1999) es el segundo largometraje de Bruno Dumont tras La vida de Jesús (1997), una prolongación de éste y un complemento ampliamente superado.

Plano general

De pequeños todos hemos jugado a repetir una palabra (habitualmente monja) de forma tan rápida, que ésta acababa por perder su sentido (y convertirse en un jamón). El (mal) uso de las palabras hace que se desvirtúen y pierdan su significado original. Pues bien aunque sin una connotación tan lúdica, humanidad también es una de ellas. Por tanto, la humanidad de Dumont no sólo hace referencia a la condición del ser humano como especie, sino también a su forma de comportarse y afrontar la vida. Bruno Dumont construye su obra a partir de una situación de género, aunque sus intenciones vayan mucho más allá que las de un simple relato policial, para plasmar el particular via crucis espiritual de un hombre sencillo. Ahí es donde nace el carácter plenamente sensitivo de Pharaon, el cual parece llevar a sus espaldas todas las culpas de la humanidad, además de las particulares, como las de su amigo Joseph, acusado del crimen, al que otorga el beso del perdón para hacer suyos, de forma más que simbólica, todos los pecados del mundo.

L'humanite

L’Humanité es un film contemplativo, los personajes miran absortos y a la vez nosotros tendremos la ocasión de dirigir nuestros pudorosos ojos a sus pequeñas acciones cotidianas. Esas miradas nos desvían permanentemente de la acción. Hay un sentimiento real del tiempo, que fluye lentamente en cada uno de los largos, silenciosos y bellos planos del film. En la pantalla ancha, la economía de elementos de cada plano aumenta su poder expresivo.

Entonces, ¿cómo podemos definir a L’Humanité

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? Dumont consigue, a través de la sustracción, congeniar los patrones del thriller con una nueva dimensión metafísica. Para mí, además de un estudio sobre la dimensión divina del hombre, una obra maestra del cine moderno.

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