Los peros de Dios: un desafío a la muerte

“Voskreshenie docheri Iaira”. Vasily Polenov. 1871. Dominio público

Parece que todos conocen a Jesús, el joven maestro de Nazaret, su fama sube como la espuma. Sus enseñanzas son tan sencillas como para que las comprenda un niño y tan profundas como para aturdir a todo el consejo de ancianos de Israel y sus milagros son tan notorios que las noticias pasan de boca en boca y de región a región hasta un padre desesperado.

Al llegar hasta los oídos de Jairo que Jesús, el maestro poderoso en palabra y hechos estaba en su ciudad supo que había una esperanza para su hija a la que estaba viendo morir. No le importó el ser uno de los principales en la sinagoga y que otros rabinos consideraban a Jesús un impostor, la necesidad los apremiaba y salió a toda velocidad a buscar a Jesús.

Sin embargo no sólo Jairo se ha enterado que Jesús ha venido a la ciudad, una gran multitud también lo escucho y sin demora lo habían buscado abarrotando las calles alrededor de Jesús y dificultándole su llegada. Pero abriéndose paso logró encontrar un espacio para arrodillarse y solicitarle al maestro que fuera prontamente a su casa y sanara a su hija. Pero como suele suceder, cuando más prisa llevas, más retrasos encuentras.

La multitud que aprieta a Jesús hace difícil el paso, y una mujer entrometida se atreve a tocar a Jesús, y Jesús se detiene a buscarla y hablar con ella, el tiempo pasa demasiado rápido y las calles se hacen eternas hasta su casa, y en un instante lo que Jairo más teme sucede, un mensajero le entrega una devastadora noticia: la muerte había visitado su casa. A pesar de ello Jesús tenía no uno, sino 3 “peros de Dios” para desafiar a la muerte.

1. Sé que estás destrozado… pero

Pero cuando Jesús lo oyó, le respondió: “No temas; cree solamente, y ella será sanada. Lucas 8:50

La muerte de su hija destroza el corazón de este padre, pero Jesús responde: No temas, cree solamente. Jesús requirió de este hombre fe, una confianza certera que su hija será sanada, si Jairo tenía esta convicción, su hija sería sanada, sin importar su condición de muerta. Pero ¿Quién puede tener fe en un momento en el que su mundo se cae a pedazos?

Entonces Jairo ve a esa mujer entrometida que había tocado a Jesús dando gracias a Dios por su sanación, 12 años había pasado y había gastado una fortuna en mano de varios médicos y nadie había podido curarla, pero solo tocar una borla del manto de Jesús la había curado al instante. Lo que parecía un evento sin sentido y que ocasionaba una pérdida de tiempo se convertía en un reflejo de lo que pasaría si actuaba en base a la fe, de la misma forma que esta mujer. Sin duda Dios estaba detrás de eso para darle una base sobre la cual creer aún en su hora más oscura.

2. Sé que parece que no hay esperanza… pero

Todos la lloraban y se lamentaban; pero Él [Jesús] dijo: “No lloren, porque no ha muerto, sino que duerme.”. Lucas 8:52

Para Jairo llegar a su casa pudo haber sido la más difícil prueba de la fe que Jesús le pedía, encontrar a todos sus familiares y sobre todo a su esposa y saber que había llegado demasiado tarde. Todos se lamentan y la esperanza estaba ausente en esa casa, ya nadie puede creer, pero Jesús responde: No lloren, porque no ha muerto sino que duerme.

Jesús le trae una nueva esperanza a esta familia sumida en dolor, se declara por encima de la muerte, tratando a las pesadas cadenas de la muerte como si se tratara de un simple sueño del cual la niña puede despertar a su llamado.

3. Todos pueden dudar de mi poder… pero

Lastimosamente, como suele suceder cuando Jesús habla, nadie parece entender sus palabras y sus intenciones de señalar a su misión en la Tierra, toman sus palabras de manera literal y la gente se burla ante las evidencias de que la muerte se ha hecho presente, nadie puede revertir la muerte (según ellos), pero Jesús toma control de la situación, echa a la gente fuera, hace que los padres se acerquen, toma a la niña de la mano y la levanta, y a la muerte no le queda más alternativa que dar marcha atrás.

Pero El, tomándola de la mano, clamó, diciendo: “¡Niña, levántate!” Lucas 8:54

Conclusión: Ante la muerte Jesús muestra su autoridad con este suceso, en la antigüedad Elías y Eliseo habían levantado muertos con el poder de la oración e invocando el poder de Dios, pero Jesús levanta muertos con el poder de su propia palabra. ¡Qué gran poder se halla en Jesús! Y de manera cierta también lo es su amor y su misericordia. Él nunca llega tarde, realiza actos de sanidad para producir en Jairo la fe necesaria para agradarle, le da una nueva esperanza y muestra su divinidad al hacer retroceder el curso de la muerte.

Quiera Dios que conozcamos cada vez más de Jesús y nos siga mostrando su forma de actuar en nosotros, que cuando todo parece perdido, Él tiene un “pero” o muchos más para cambiar cualquier circunstancia para su Gloria.