<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:cc="http://cyber.law.harvard.edu/rss/creativeCommonsRssModule.html">
    <channel>
        <title><![CDATA[Stories by Rosa Panadero on Medium]]></title>
        <description><![CDATA[Stories by Rosa Panadero on Medium]]></description>
        <link>https://medium.com/@Rosa?source=rss-908292e591e5------2</link>
        <image>
            <url>https://cdn-images-1.medium.com/fit/c/150/150/1*vadoSz4RPxtXM03OdlxQ-Q.jpeg</url>
            <title>Stories by Rosa Panadero on Medium</title>
            <link>https://medium.com/@Rosa?source=rss-908292e591e5------2</link>
        </image>
        <generator>Medium</generator>
        <lastBuildDate>Sun, 17 May 2026 03:17:16 GMT</lastBuildDate>
        <atom:link href="https://medium.com/@Rosa/feed" rel="self" type="application/rss+xml"/>
        <webMaster><![CDATA[yourfriends@medium.com]]></webMaster>
        <atom:link href="http://medium.superfeedr.com" rel="hub"/>
        <item>
            <title><![CDATA[Día 70. El polluelo no me deja tener perro]]></title>
            <link>https://medium.com/@Rosa/d%C3%ADa-70-el-polluelo-no-me-deja-tener-perro-eab4e4ccd8d4?source=rss-908292e591e5------2</link>
            <guid isPermaLink="false">https://medium.com/p/eab4e4ccd8d4</guid>
            <category><![CDATA[ontario]]></category>
            <category><![CDATA[vivir-en-el-extranjero]]></category>
            <category><![CDATA[perros]]></category>
            <category><![CDATA[canada]]></category>
            <category><![CDATA[gatos]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Rosa Panadero]]></dc:creator>
            <pubDate>Wed, 30 Mar 2022 02:14:38 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2022-03-30T02:14:38.145Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>Hala, ya lo he dicho. Me aburro tanto que he fantaseado con lo de tener perro. En las páginas de internet canadienses, los dueños venden a los miembros de las camadas sin pedigrí verificado por unos mil o mil quinientos dólares canadienses. Me parece mucho para un <strong>bicho </strong>que va a hacer mucho ruido y sin <em>pedigrar</em>, así que miré en las páginas de los que aseguran el pedigrí de los canes. Acabé dando con una <strong>ONG </strong>que rescata los perros del plato diario de los chinos, vuela en avión a los rescatados cuadrúpedos hasta Estados Unidos y los distribuye entre padres adoptivos humanos que vivan en ese país o en Canadá. El coste por <strong>bichete </strong>— para mantener el negocio non-for-profit — , es de unos dos mil quinientos dólares, y se trata de perros adultos. Imagino que a los <strong>cachorros </strong>se los zampan en aperitivos al decir <em>Nihao</em>, en plan flamenquines o ancas de rana.</p><p>La verdad es que echo de menos a mi <strong>Lucy</strong>. Aquí se aburriría, porque es una gata callejera que me trajeron rescatada de la puerta de un colegio. La trajo una amiga belga que dedica su vida al not-for-profit de manera auténtica: después de dejar a su hija en el cole alimentaba a los gatos callejeros, un día por semana iba al orfanato de niños discapacitados para enseñarles cosas o hacerles compañía, etcétera. Ese tipo de cosas auténticas. Así que Tricol, la hija de la <strong>gata madre</strong> que alimentaba entre coches, pasó a formar parte de mi familia. La bautizamos como Lucy en una votación que perdí: propuse <strong>Ronna</strong>, por el ruido al ronronear, pero olvidé repartir chocolatinas al polluelo y a su hermano antes del referéndum.</p><blockquote>La llegada de Lucy con once meses de edad una mañana de noviembre de 2009 me trajo una compañía que nunca me agobió. Durante diez días estuvo encerrada en casa para que supiera que era “su” casa, según me indicaron, y nunca la abandonó salvo los sábados por la noche: Lucy se comporta como un humano hasta en eso</blockquote><p>Cuando estaba embarazada saltaba los dos metros del muro del jardín sin problemas. Yo con cinco meses de tripa, necesitaba un baño cada cien metros para aliviarme. Lucy dio a luz encima de su cojín en la lavandería del chalet. Cinco gatitos monísimos. La municipalidad (las instituciones tienen nombres raros en otros países) se los llevó en una redada cuando ya tenían un par de años y nunca los vimos de vuelta.</p><figure><img alt="Lucy, mi gata negra, rojiza y blanca, con ojos verdes y bigotes blancos." src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*FAUvrxG9ZF7fMfdJvrjQGg.jpeg" /></figure><p>Tras uno de mis veraneos en España Lucy estaba otra vez preñada. Parió fuera de casa. Lo supe al levantarme: me habían dejado una nota en la mesa del salón. <strong>“Tienes visita”</strong>. Fuera estaba ella con otras cinco criaturas que todavía arrastraban las patas traseras, carecían de la movilidad completa. No creo que tuvieran ni una semana.</p><p>A veces yo aparecía de improviso con el<strong> 4x4</strong>, aparcaba cruzada en el garaje, bajaba de un salto y me ponía a hacer la comida. Lucy me miraba indolente entre carrera y carrera, haciendo el <strong>MBA</strong>, corrigiendo exámenes dándole vuelta al estofado o calzándome en el aire para recoger a los niños o ir a un claustro, siempre cocinando y abriéndole la puerta para que la felina entrara o saliera al garaje. La puerta cerrada de la casa le agobiaba mucho, así que yo tiraba pimientos troceados al aceite hirviendo y saltaba a la entrada del parking para abrirle y que no se pusiera histérica maullando. Al rato, cuando el sofrito ya estaba casi terminado, aparecía una bola ágil de pelo negro, rojizo y blanco, con dos poderosos ojos verdes, de un salto en la ventana de la cocina, solicitando entrar por ahí. Las discusiones de si entraba o no podrían ser interminables porque aterrizaba de la tierra del huerto a los platos lavados, así que ponía un paño de cocina por encima y la señora entraba digna por la ventana si quería.</p><blockquote>Ya se sabe que los gatos no tienen dueño, tienen personal a su servicio. Yo fui la asistenta de Lucy durante nueve bellísimos años de relación gata-asistenta</blockquote><p>La ventana de la cocina no era exclusiva suya. Los dos polluelos olvidaron una vez la llave de casa y, conocedores de los trucos gatunos, procedieron a deslizar la corredera. La infancia es una etapa tan lógica para hacer las cosas, que al hacernos adultos nos parece fantástica, y en realidad es sólo natural.</p><p>En los tres años que estuve fuera del chalet, mis polluelos me decían que Lucy se cuadraba en el salón y me escuchaba en silencio cuando el teléfono estaba en el altavoz. Después se me saltaban las lágrimas, claro. Haberla traído a <strong>Madrid </strong>o ahora a <strong>Canadá </strong>habría arruinado su vida feliz en el vecindario de gatos de chalets. Con el confinamiento se ha librado de las visitas al veterinario — le entraba <strong>alopecia nerviosa </strong>y dejaba una cubierta de pelo de un centímetro en su transportín — y no parece que haya enfermado ni nada nada. Otra amiga, británica y servidora de gatos, tampoco ha llevado a su legión felina a vacunar desde el 2020. Ninguna lo habríamos imaginado antes.</p><h4>Hablábamos de un perro</h4><p>Seguí informándome de las costumbres de los <strong>husky</strong>, que es lo que me gustaría tener a mí, así en plan <em>typical Artic place. </em>Es la raza que menos huele (eso me gusta, porque los pisos con calefacción y perro son nauseabundos), pero son moviditos y los cachorros requieren actividad. Bueno, tanto si es grande como si es pequeño, me obligará a salir. También pensé en traerlo desde España para acá este verano, pero no visualizo mi refugio madrileño con un chucho meándose fuera del tiesto porque me he quedado dormida. En Madrid me permito disfrutar, en Canadá necesito una razón para justificar mi día a día.</p><blockquote>Una meadita matinal y otra vespertina del perro podría ayudarme a salir todos los días y tener algo que hacer en América</blockquote><p>Vale que hacerle la comida al polluelo y <strong>escribir un libro</strong> me llevan algo de tiempo, pero si pongo juntos todos los minutos que paso mirando el horizonte del<strong> lago Ontario</strong> al atardecer sumo días enteros, por no decir semanas.</p><p>Pues nada, casi segura de la respuesta que me daría <strong>mi compañero de piso</strong> — un señor jovencito con barba y bigote, silencioso estudiante de informática y que casualmente también es mi hijo — , le dije: “¿Me dejas tener perro?”</p><p>El título lo dice todo.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=eab4e4ccd8d4" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
        <item>
            <title><![CDATA[Día 60. Niágara en el corazón]]></title>
            <link>https://medium.com/@Rosa/d%C3%ADa-60-ni%C3%A1gara-en-el-coraz%C3%B3n-417b7998b758?source=rss-908292e591e5------2</link>
            <guid isPermaLink="false">https://medium.com/p/417b7998b758</guid>
            <category><![CDATA[skylon-tower]]></category>
            <category><![CDATA[niagara]]></category>
            <category><![CDATA[revolving-restaurant]]></category>
            <category><![CDATA[french-onion-soup]]></category>
            <category><![CDATA[frozen-niagara-falls]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Rosa Panadero]]></dc:creator>
            <pubDate>Tue, 15 Mar 2022 04:09:09 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2022-03-15T04:09:09.240Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>Hice las paces con <strong>Canadá </strong>hace unas semanas, después de visitar las cataratas del <strong>Niágara </strong>en febrero. Sale caro desde España, pero aquí pagué con mi vida dos horas y pico de autobús, y aboné unos cuarenta dólares por ida y vuelta.</p><h4>Parte 1: La fuga y los apeaderos</h4><p>Para ir a la estación central tomé un autobús. En los andenes exteriores — con el frío que hace en este país, por qué no construyen un intercambiador subterráneo — tomé otro autobús que me sacó de la ciudad y me paseó durante media hora por una autopista de anchos carriles. Era como ir por la carretera de Toledo, todo lleno de talleres, factorías, fábricas y almacenes de muebles, pero más a lo grande. Me dejó el autobús en un <strong>apeadero </strong>en medio de la nada: la gente deja el coche en el descampado con rayas (“parking”) y se sube al autobús. Nota: sólo había un coche aparcado. Moraleja: te deja allí alguien con el coche y se pira a otro sitio, y tú te las compones. Si sobrevives al menos quince o menos veinte grados hasta que llegue tu línea de transporte colectivo, estás salvado/a. El del coche aparcado no debe tener amigos.</p><p>Y ya en ese tercer autobús de la mañana, te metes las dos horitas sesteando hasta llegar a la estación de <strong>Niágara</strong>. Por desgracia coincidió que era <strong>Family Day</strong>, así que todos los que NO tienen críos también iban a las cataratas. El autobús iba a rebosar de indios, chinos, africanos, paquistaníes… ah, y yo, rubia de bote y madrileña, para más señas (selfie morritos).</p><p>En este mundo tan intercultural en el que me desenvuelvo la gente suele mirar con asco al que es de otra raza. Para gustos los colores. No pasa nada, está bien, es la forma de defender tu asiento. Musicalmente meneas la cabeza con las melodías de Bollywood que suenan en un móvil cercano, al tiempo que escuchas la conversación de las chinas haciendo mohínes porque se sientan separadas y hay un chico negro entre ellas, … yo mientras dormito al sol, porque se me ha ocurrido subirme a la segunda planta y aposentarme en el asiento de la primera fila para admirar el paisaje.</p><p>Oh Dios, qué panorama industrial: ahora estoy en el Corredor del Henares, con todos esos centros logísticos que rivalizan con los de la carretera de Toledo. Para morirse. En uno de los apeaderos menos saturados –en Burlington subió a bordo la mitad del planeta Tierra — , se me sentó una <strong>china veinteañera </strong>al lado y me rompió la conexión social con las dos marujas indias que iban sentadas al otro lado del pasillo. La pasajera china, al darse cuenta de que su compañera de fila podría ser su madre, hizo gala de su orgullo ofendidito y su vergüenza <em>cool</em>, y me dio la espalda casi todo el camino. Me cambié de postura todo lo que la artrosis de mis vértebras requiso de mí, y no me arrepiento ni un poquito si a <strong><em>Miss</em> Guanzhou-de-Arriba</strong> le molestó o no. Puestos a opinar, sus dos moños y flequillo la infantilizaban bastante. Vale, ya paro, que me vengo muy arriba con la poesía.</p><h4>Parte 2: Entre patitos y bodegas anda el juego</h4><p>Volvamos a la luna delantera del autobús, segunda planta. Poco a poco ya se empezaban a ver <strong>ánades </strong>flotando entre placas de hielo, aleteando desperezándose, bebiendo agua helada y mojándose el culo, meneando la colita al vadear con sus membranas palmípedas.</p><p>Se acababan los hangares industriales y dejaban espacio a los <strong>viñedos emparrados</strong> con carteles indicando <strong>degustaciones domingueras</strong> y cursillos de sumilleres. Afortunadamente, la carretera era recta, porque dejarse caer con una copita en todas las bodegas para que te sellen el pasaporte de la Expo es un tanto peligroso y ondulante, y no se ven hoteles para dormir la mona.</p><p>Una vez que el bus (“vehículo de transporte colectivo” en latín) cruzaba la ciudad de <strong>Niágara</strong>, busqué la bandolera del bolso y la agarré con fuerza, signo de mi sensación de inseguridad. Se pueden construir barrios y casas más cutres, cuando se han hecho pelis tan guays en ese sitio. Qué dolor. Casas de madera sin mantener. Difícilmente cabría un salón en la planta baja, así que el dormitorio en la planta superior debía tener las camas en vertical. Me pareció pobre, angustiosamente abandonado, sin gente, y triste como si fuera <strong>Detroit </strong>después del cierre de las fábricas de coches. A lo mejor nadie vivía en esas casas y por eso el aspecto era tan tétrico. Semejante barrio sombrío pedía a gritos salir en un <strong>rodaje hollywoodiense </strong>con un par de escenas de tiroteos y drogatas palmando, tirados por las escaleras desconchadas, con la jeringa enganchada del brazo y los ojos en blanco.</p><h4>Parte 3: Ya hemos llegado</h4><p>La llegada a la estación final, una especie de contenedor de blanco con dos puertas, dio paso al siguiente acto: la <strong>desbandada</strong>. En la deserción seguí el principio de “¿Dónde va Vicente? Donde va la gente”, y puesto que había peña subiendo a un autobús municipal, hice lo mismo. Las marujas indias estaban igual de perdidas, nos sonreímos <em>soróridamente</em> pero no nos hablamos. Por una parte, pasaría el día entretenida con ellas. Por otra, tendría que contar mi vida y escuchar las suyas, y yo la verdad es que no venía a hablar de mi libro sino a ver las cataratas.</p><p>El autobusero me quiso explicar no sé qué historia de las conexiones de <strong>autobuses azules, verdes y rojos</strong> –no pensaron en los <strong>viajeros daltónicos</strong>–, a los que podía subir con el mismo billete, por sólo tres dólares. Me aceptó 2.75 porque no tenía cambio de veinte, y me escribió un papel a mano para que cambiara de autobús sin pagar otra vez porque la máquina de tickets no le funcionaba. Era todo bastante feo y de cartón piedra –la calle principal, qué pecado del mal gusto — , con estatuas gigantescas del <strong>McDonalds</strong>, del museo de cera y del <strong>Applebee </strong>(con lo que me gustaba comer allí en Abu Dhabi y corregir los exámenes).</p><blockquote>Como mi plan era comer en la torre más alta, confirmé con el autobusero si me tenía que bajar y me dijo que sí, que corriera al autobús azul que teníamos delante. A trote borriquero, lo mío se parecía las tomas falsas de <strong>Bear Gryll (OBE)</strong>, el de “<strong>behind de musgo</strong>” en el programa de <strong>José Mota</strong></blockquote><p>El segundo conductor me confirmó que iba para la <strong>Torre Skylon</strong>, y me dejó en la mismísima puerta tras pasar por delante de la noria gigante, el parque acuático y el parque de dinosaurios de plástico. Con semejantes <strong>atracciones ochenteras </strong>y la cantidad de <strong>casinos </strong>que conté, no habría público para un <strong>Cirque Du Soleil</strong>. Fui la única que se bajó del autobús, lo que dejó un sentimiento de cutrería en el resto de viajeros. Lo noté en el silencio embarazoso cuando salí con mi melena al viento.</p><h4>Parte 4: Me dejan subir o no me dejan subir, esa es la cuestión</h4><p>Entré en el vestíbulo de la <strong>Torre Skylon </strong>–160 metros con tres ascensores, y me pones diez escalones para el acceso, en qué cabeza cabe–. Me dieron el vale para ascender al restaurante tras convencer al tipo de control de que mis <strong>dos vacunas españolas </strong>en un <strong>QR</strong> y la de <strong>Canadá </strong>en otro sumaban tres, aunque el lector de <strong>QR </strong>le dijera que sólo tenía una: la de <strong>Ontario</strong>. Paciencia por mi parte y voluntad por la suya, que la <strong>hostelería</strong> ha estado muy achuchada, así que, si le enseñaba una identificación con mi foto, me dejaría subir. Pues mecachis, le dije, no llevo el pasaporte encima. ¿Y cómo le han dejado entrar en el país?, se le heló la sangre (normal en esa época del año). Ah, bueno, es que estoy viviendo como turista con mi hijo, que estudia informática (me marqué un <strong>Gracita Morales</strong> y “señorito”). Por fin apareció un DNI en mi móvil, el tipo se auto convenció que esa cara gris correspondía a la señora con mascarilla que tenía enfrente, la que se descojonaba del mundo mundial porque ya ha vivido varias vidas.</p><blockquote>Otra prueba superada. Ahora, paradita de cortesía para que me hagan un par de fotos con un fondo azul, color apto para que lo sustituyan y me vendan mi foto cayéndome por la cascada dentro de un barril. Pensé en los turistas en Sevilla, posando con la testa sobre el panel de los bailaores sin cabezas, y estuve por arrancarme por bulerías. Mira que les di cuartelillo a las dos ineptas, pero cuando bajé me enseñaron mis fotos: me habían sacado en todas con los ojos cerrados</blockquote><p>A la vuelta de una pared sombría y con el suelo un poco sucio, nos acumulábamos los turistas que religiosamente habíamos pagado por subir a comer o al parador. Con el<strong> sablazo del menú</strong> se incluía el pase al <strong>parador</strong>, qué lista soy jejeje, había hecho un 2x1. Preparé el móvil en la oscuridad del ascensor y a la primera luz empecé a disparar fotos de las cascadas como una descosida. Las familias indias, tan apacibles como suelen ser, me miraron traicionadas porque no esperaban:</p><p>a) que nadie les avisara de la visión de las cataratas</p><p>b) que yo hiciera gala de mi silencio e insolidaridad turística (cada vez soy más Mr Bean y me regodeo)</p><p>c) que sólo yo me bajara en la primera parada, que era la del restaurante.</p><p>Un crimen imperdonable por mi parte. Ah, se siente.</p><h4>Parte 5: La carta, por favor</h4><p>Allí que me planto, en el “<strong>revolving restaurant</strong>”. El ambiente era de plató a lo serie de <strong>JR </strong>o “<strong>Dinastía</strong>”: ventanales con aluminio dorado y encimeras de granito marrón, … en la piedra se apreciaban las rendijas artesanales talladas con sierra radial para la calefacción. Y la moqueta… Ajjjj, la sempiterna <strong>moqueta</strong>. No puedo soportarla. En <strong>México </strong>tuve moqueta en el baño. En <strong>Gales </strong>también. En el <strong>Golfo </strong>se estila alfombra sobre la moqueta de las casas, y también moqueta en las oficinas. En <strong>Estados Unidos</strong> moqueta aquí y allí. <strong>Canadá </strong>no iba a ser menos. Si hay algo que me gusta de España, es que nos ahorramos las moquetas y ponemos <strong>persianas: </strong>dormimos y evitamos <strong>ácaros</strong>.</p><p>Muy curioso lo de que la <strong>rueda concéntrica</strong>, una <strong>plataforma </strong>con las mesas giraba en unos rodamientos, mientras los camareros parecían caminar al revés. Las vistas, eso sí, espectaculares. En los vídeos que grabé se escucha el <strong>cuchareteo </strong>arrítmico de los comensales: el lugar estaba atiborrado, con familias indias, algunos blancos descoloridos como yo – tenemos poco <strong>colorido folclórico</strong> para estas <strong>crónicas epistolares</strong>–, y un par de parejas y tríos libaneses vestidos a la última moda del <strong>Zara</strong>-taras, dejándose admirar por los demás <em>gueules cassées</em> que les rodeábamos.</p><blockquote>La cosa era no levantarse porque, aunque la rueda se movía despacio, te podía dar un mareíllo</blockquote><p>Me di el gustazo de pedirme una <strong>sopa de cebolla francesa</strong> –hecha con cebollas españolas, no entiendo el menú canadiense– y un segundo plato anodino, de pollo y verduras al vapor. El punto del <strong>brócoli </strong>no estaba definido, porque como los <strong>anglosajones </strong>son más de verdura <strong><em>crunch</em> </strong>y los <strong><em>tabernacles</em> </strong>son de <strong>cocción </strong>total, te las ponen en un intermedio, más o menos como cuando las sacas de la bolsa congelada y las <em>avientas </em>en el microondas.</p><p>Me divertí haciendo fotos por activa y por pasiva, con <strong>selfie </strong>y <strong>sin selfie</strong>, que luego dicen que soy una enferma obsesionada con mi propia imagen, y me pedí una <strong><em>crème brulée</em></strong><em> </em>de postre. Sin café, porque había engullido deprisa y luego la digestión se me hace pesadita. La vuelta completa para ver las cataratas y la ciudad dura lo que tardas en comer, no es que veas doble si la <strong>noria </strong>aparece otra vez delante de tus narices.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*I0gMMJzi1_mcjt6_zGj1ng.jpeg" /><figcaption>©Rosa Panadero. Vista de la catarata helada “El Velo de la Novia”, sita en la costa estadounidense, desde la Torreo Skylon (Canadá). El puente de la izquierda comunica las dos naciones. Febrero de 2022.</figcaption></figure><p>Subí al <strong>mirador </strong>por la <strong>escalera de emergencia</strong> (dos plantas a patita) y me evité con la familia filipina que reinaba a sus anchas turísticas para hacerse fotos en todas las vistas posibles. Esos desprecios y miradas aniquiladoras entre turistas, cuando ninguno sabemos cuál es el mejor lugar para una foto, me divierten. Para que no saliera la reja de seguridad en el objetivo había que sacar el móvil por fuera, y <strong>mis deditos congelados </strong>y el palo selfie no me daban la suficiente confianza. Veinte grados bajo cero, a 160 metros de altura y el <strong>viento </strong>como una turbina en la cara… me jugué la vida de mi <strong>iPhone </strong>una sola vez y abandoné el proyecto. Bajé a tierra firme, rodeé la torre, bajé una cuesta, crucé un paso de cebra y allí, entre arcoíris y nieve, me esperaban las cataratas: El <strong>Velo de la Novia </strong>y la <strong>Herradura</strong>. Y pensar que al otro lado de esas cascadas increíbles, estaba mi “casa canadiense”. Bueno, la del <strong>polluelo</strong>, yo tengo poco que ver en esto.</p><p>Espectáculo impagable.</p><p>Volveré a partir de abril, antes de regresar a Madrid, cuando el <strong>ferry </strong>esté funcionando para meterme bajo la catarata. Total, son cuarenta dólares de autobús.</p><figure><img alt="Cataratas del Niágara." src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*ibJb1Yo90KGxcsqCTfZuNw.jpeg" /><figcaption>© Rosa Panadero. Vista de la Catarata Horseshoe, en la orilla estadounidense, desde la Torre Skylon, en la orilla canadiense. Febrero de 2022.</figcaption></figure><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=417b7998b758" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
        <item>
            <title><![CDATA[‘Canadian manners’: hacer todo varias veces para hablar de algo]]></title>
            <link>https://medium.com/@Rosa/canadian-manners-hacer-todo-varias-veces-para-hablar-de-algo-4b9c6718ee78?source=rss-908292e591e5------2</link>
            <guid isPermaLink="false">https://medium.com/p/4b9c6718ee78</guid>
            <category><![CDATA[español]]></category>
            <category><![CDATA[manners]]></category>
            <category><![CDATA[canada]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Rosa Panadero]]></dc:creator>
            <pubDate>Tue, 15 Feb 2022 22:24:17 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2022-02-15T22:27:53.543Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>Cómo me cansan las sandeces sin sentido. La de hoy ha sido que, tras dosis de <strong>Pzifer</strong>, en el <strong>Cineplex </strong>no me han dejado entrar a ver la tercera entrega de <strong>Kingsman </strong>porque según la <em>redneck mick</em> canadiense del control de entradas, mi código QR sólo enseña una sola dosis: la vacuna canadiense de hace diez días, le he explicado. Le he enseñado el código QR de las otros dos dosis puestas en el Wizink Center el verano pasado. Le ha dado igual, ha hecho como que las leía con el móvil sin pulsar al botón, así que me ha denegado la entrada.</p><p><em>“Qué mala impresión me estoy llevando de Canadá”</em>, le he dicho con mi clase habitual, mientras cuatro jubilados canadienses se agolpaban detrás de mí para la sesión de las tres y media de la tarde. He cruzado el aparcamiento de los cines, desierto salvo por seis coches, y me he ido a comprar los regalitos para cuando vuelva a Madrid dentro de… unas diez semanas. Que conste que no estoy aprovechando las rebajas porque, de hecho, ya no hay: es que mi agenda está tan cargada de eventos, que no encuentro el momento para hacerlo. Es broma, claro.</p><h4>“Toronteando” todo el tiempo</h4><p>Vuelvo al tema de las sandeces. Cada compra semanal me cuesta tres encargos: siempre falta algo, así que no importa qué menú vayas a hacer, siempre hay que improvisar para cubrir lo que no hay. En el último pedido, con tres horas y media entre la hora de la compra en <strong>Walmart </strong>y el servicio exprés de <strong>Instacart</strong> a domicilio, se equivocaron de edificio y llevaron las bolsas a otro sitio. El SMS decía que estaba todo en el vestíbulo — no dejan subir a los apartamentos como medida anti-Covid — , pero el polluelo me llamó porque no encontraba nada. Así que lo solucioné amablemente por teléfono con Diego, el atiende-marrones del turno de tarde: reintegro de la compra y diez dólares de regalo por las molestias.</p><p>La sandez matinal, antes de la aventura frustrada del cine, ha sido la visita al gimnasio. Hay que bajar al vestíbulo para completar un formulario y tomar la temperatura. Se supone que, si tienes fiebre, puedes tener Covid. No me meteré en el jardín de las calenturas. He procedido con el protocolo, y al subir al gimnasio, la puerta estaba cerradísima. He dado la vuelta para ver si había otra entrada, que sí la había, y también estaba chapada. En el pasillo de los ascensores me he encontrado con una señora sesentañera que llevaba un sari verde pradera y mandaba mensajes en su móvil, justo en la puerta de su casa, por su actitud evasiva se intuía que los de dentro no sabían que estaba fuera (ella también tiene secretos, como mujer inmigrante empoderada y canadiense). Al lío: en recepción, el nigeriano-canadiense me ha dicho que se le había olvidado autorizarme la entrada. Claro, todo el día tocándose las hojas del periódico, no va a quemar dos calorías para darle al botón y que se ponga en verde para cuando llegue yo con el ascensor. Cuando me he subido a la cinta de correr tenía ya noventa pulsaciones sin haber activado nada, y eso sin pensar que estuviera cabreada, simplemente contemplo la estupidez del mundo como si fuera un atardecer romántico.</p><p>Y pienso a ratos, después de esperar a -14 grados la media hora de rigor entre autobús y autobús para volver a casa desde el desértico Cineplex, que espero que arda en el infierno canadiense en plan barbacoa giratoria con chili picante: ¿de verdad es rentable hacer las cosas varias veces? ¿O es sólo por tener algo de que hablar?</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*Aia4OlxGni2BVGmMqrDUrA.jpeg" /><figcaption>©Rosa Panadero. Parada de autobús canadiense. En el mapa del cristal no señala dónde te encuentras, así es más emocionante viajar en transporte público.</figcaption></figure><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=4b9c6718ee78" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
        <item>
            <title><![CDATA[Día 33. Vivo en una contessa]]></title>
            <link>https://medium.com/@Rosa/d%C3%ADa-33-vivo-en-una-contessa-66efb9c77145?source=rss-908292e591e5------2</link>
            <guid isPermaLink="false">https://medium.com/p/66efb9c77145</guid>
            <category><![CDATA[gym]]></category>
            <category><![CDATA[blog]]></category>
            <category><![CDATA[canada]]></category>
            <category><![CDATA[sauna]]></category>
            <category><![CDATA[sexclub]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Rosa Panadero]]></dc:creator>
            <pubDate>Sun, 06 Feb 2022 21:27:47 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2022-02-06T21:30:39.207Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>Día 33. Vivo en una contessa</p><p>Ay, qué bonita la nieve cuando te pilla lejos. Como la contessa que tomábamos en verano de postre, cuando los mayores empezaban a circular los cafés fríos tras una ovípara comida veraniega.</p><p>Entre la nieve que no cesa, y la fiebre por la tercera dosis de Pzifer, tengo la excusa para seguir viendo el mundo desde la torre de marfil, piso 26. Veo el lago Ontario plano desde el último tercio de mi ventana. Azul, quieto como un mar. Me recuerda la quietud del Índico desde la costa Este de Emiratos. Sólo faltan los petroleros haciendo cola para entrar en el Golfo, iluminados como una mini ciudad flotante.</p><p>A veces veo el lago de color blanco. Entonces creo que está helado. Hoy está azul porque el cielo está despejado, sólo hay cero grados, y ya hemos pasado con éxito la cuarta tormenta de nieve. Voy a Filomena por semana, como una campeona.</p><p>La gente sigue sin ser en exceso simpática. La recepcionista india que intentó sentarme en el banquillo, bajo la acusación infundada de haber tirado una silla en el compostador de basura, se ha quedado con las ganas de hacerlo. Ahora además me tiene que dar la cita para ir al gimnasio.</p><p>Ha sido entrañable leer que ya podemos usar los gimnasios y demás cosas. Mejor, porque con lo que pagamos de alquiler, al menos me llevo el tipito rehecho de vuelta a Madrid. Durante días he leído los comunicados de prensa de Ontario, informando de la retirada progresiva de<strong> medidas anti-Covid.</strong> Lo más chocante ha sido lo de la regulación en los puticlubs y las saunas, porque literalmente dice: <em>“Increasing indoor capacity limits to 25 per cent in (…), as well as bathhouses and sex clubs”</em>. Imagino que en texto no suena igual que leído ante los periodistas. A ver, si los regulan, es que haylos. Lo que me troncha es esa ética anglosajona de regular todo, incluido lo que nadie quiere ver. No sé si lo de abrir la sauna al 25% de su capacidad tendrá justificación, porque con lo que cuesta calentar el agua, con un cuarto del público presente a lo mejor no se cubren ni los salarios ni la factura del agua. Ahí lo dejo, vuelvo con mi gimnasio.</p><p>Fue entrañable ver cómo me miraban horrorizadas las dos chinas con coach indio — en plan <strong>Rocky Balboa </strong>— cuando me vieron entrar. Todo su conjunto sacado del Vogue chino, con mancuernas a juego, y más tetas que si fueran Sofia Loren, me miraron… con lastimosa pena y tolerancia. Tras haber pasado el filtro de la recepcionista que me odia, conseguir mi plaza en el siguiente tramo de una hora, tenía todo el derecho del mundo a ir al gimnasio. Con mi camiseta de baloncesto gigantesca y los leggins de deporte que rescaté en la casa del desierto antes de venirme a Terranova.</p><p>Una pareja blanca de unos cincuenta me miró, creo que eso les hizo ausentarse del gimnasio porque mi entrada suponía que su pase de sesenta minutos había terminado. Como aquí la gente no se habla, se debieron pirar mientras yo subía al otro piso, donde están las máquinas de andar. Y allí estaba yo tan campante cuando aparece el tipo blanco, con un bañador “meyba” (el término es de la generación de mi madre), y se mete en el agua. A los pocos minutos, aparece la blanca con la misma ropa del gimnasio y se mete en el agua con ella. Sin calcetines, un detalle.</p><p>Y ahí estuvieron flotando en el agua, sin nadar, un buen rato, hasta que se fueron al jacuzzi — ella seguía con la ropa sudada del gimnasio — y siguieron de charla allí. Yo iba aumentando los minutos en la máquina de correr porque mi resistencia aeróbica a baja velocidad me lo permitía, para cabreo de ellos, que me observaban como si les molestara mi presencia. Desde que he llegado a Canadá tengo la sensación de que mi presencia física le molesta a mucha gente, así que ya tengo callo de pillar miraditas con mala cara y compartir ascensor con sordos como tapias que no responden a un “Good morning” por si les cobraran intereses.</p><p>Le comenté la experiencia al polluelo a la hora de comer. “Yo creo que los de la piscina querían hacer guarradas, y conmigo allí se cortaban”, le dije. “Lo más seguro es que sí”, me respondió. Qué suelto le vi de pronto, al polluelo. Hay cosas que todavía no sé de él.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*m8bbobfqfls2LWAbNiNALg.jpeg" /><figcaption>Lago Ontario. ©RosaPanadero</figcaption></figure><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=66efb9c77145" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
        <item>
            <title><![CDATA[Día 26. Canadá es un país seguro, mi arma]]></title>
            <link>https://medium.com/@Rosa/d%C3%ADa-26-canad%C3%A1-es-un-pa%C3%ADs-seguro-mi-arma-68773b66c5c?source=rss-908292e591e5------2</link>
            <guid isPermaLink="false">https://medium.com/p/68773b66c5c</guid>
            <category><![CDATA[kingsman]]></category>
            <category><![CDATA[church]]></category>
            <category><![CDATA[canada]]></category>
            <category><![CDATA[blogging]]></category>
            <category><![CDATA[sunday]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Rosa Panadero]]></dc:creator>
            <pubDate>Wed, 26 Jan 2022 17:49:29 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2022-01-26T17:49:29.986Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>No me gusta llevar la cuenta de los días, y mucho menos que alguien me los tache en el calendario. Entiendo que para algunas personas sea importante. Las agendas me deprimen porque el contenido de mi vida en ellas me parece poco remarcable.</p><p>Ayer me llegó un mensaje parental, recordándome que hace un mes que salí de Madrid. Y aquí estoy, al otro lado del charco, sin despeinarme.</p><p>El domingo he salido a broncearme las cejas — lo único que enseño al aire con una temperatura de -25 grados — y he vuelto de mi paseo con una escena de <strong><em>The King´s Man: The Secret Service </em></strong>en mi mente:<a href="https://youtu.be/APLCbcu1hrY"> la masacre en la iglesia de Kentucky</a> con <strong>Colin Firth </strong>(en realidad, el escenario es un templo inglés en Surrey). La escena es comparable a algunas pelis de <strong>Quentin Tarantino</strong>.</p><p>A ver, que las iglesias de otras confesiones no tienen que ser malas, pero es cierto que cuando una se aleja de lo que conoce, le parece que lo demás está envuelto en una atmósfera teatral. No por eso merece menos respeto, simplemente es la manera interna de procesar la información. El polluelo me dice “He procesado la información”, en lugar de responderme que me ha oído y ha entendido que hay que hacer esta o aquella gestión. Así que yo también <em>proceso la información </em>que recojo del exterior: iglesia protestante, camión evangélico, un metro de nieve a mi alrededor, templo cerrado, calles con más carriles que una autopista, conductores adustos, peatones escasos y de andares alcohólicos a las tres de la tarde… no hay mucha empatía dominical a mi alrededor.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*QZQA3_bATz7AQp-xLUfd7w.jpeg" /></figure><blockquote>Canadá es un país seguro, dicen.</blockquote><p>Me lo creo. En el taxi hay una foto que dice que me están grabando. Porque antes había muchos navajazos a los conductores, me explica el chófer. En nuestro edificio hay una nota que dice que las cámaras de seguridad de las salas de basura ya están en perfecto orden y grabándonos, aunque el compostador de basura siga inservible durante las próximas semanas.</p><p>Se quedarán sin saber quién tiró una silla por el compostador, porque obviamente no le grabaron y vinieron a preguntarnos si habíamos sido nosotros, que éramos los chicos nuevos del bloque. Cuando hablo con la portera salgo con los joyones, para que me respete un poco, porque ni mi nombre lo grita bien. Es una señora con un solo tono de mezzo-soprano en escala de grito permanente. Le encanta oírse.</p><blockquote>Canadá es un país seguro, y hay unos tipos con malas pintas que me escanean de arriba abajo cuando me ven en el centro comercial.</blockquote><p>También hay un tipo que pide a gritos monedas para tomarse algo, y lo hace en las afueras del parking, donde pasamos los pocos pardillos que no encontramos a pie la entrada principal del hipermercado porque no vamos en coche.</p><blockquote>Canadá es un país seguro, y los taxistas se quedan con parte del cambio como auto-propina.</blockquote><p>Pagas por un servicio de ensamblaje y el montador de muebles se queda un rato dándote coba para ver si sueltas una propina (a éste le despachamos con un par de mini napolitanas de chocolate, pero le pareció poco).</p><p>Canada es un un país tan seguro, que en el primer aparta-hotel nos pidieron abonar en efectivo la segunda semana de estancia, cosa que no hicimos, porque para eso tenían los datos de la tarjeta bancaria.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*ywGoTgL0Pdx3pTCaOvsthA.jpeg" /></figure><p>Creo que el confinamiento, que termina mañana en esta región, y la vuelta a las clases universitarias en doce días, hará que el ambiente me parezca menos trágico.</p><p>No haya nada como el movimiento, las relaciones sociales, la vidilla que desde mi balcón madrileño me llegaba con las terrazas sirviendo comidas, cenas, comuniones, fiestas de cumpleaños, reuniones de amigos, hasta la una de la madrugada. Si es que hasta con Filomena lo pasamos de juerga en Madrid. Aquí ya llevo tres filomenas en tres semanas y sólo la quitanieves me nubla la razón.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=68773b66c5c" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
        <item>
            <title><![CDATA[Día 19. Hola, C-Beauty]]></title>
            <link>https://medium.com/@Rosa/d%C3%ADa-19-hola-c-beauty-afd0e525afd7?source=rss-908292e591e5------2</link>
            <guid isPermaLink="false">https://medium.com/p/afd0e525afd7</guid>
            <category><![CDATA[facial]]></category>
            <category><![CDATA[agua]]></category>
            <category><![CDATA[cleopatra]]></category>
            <category><![CDATA[nieve]]></category>
            <category><![CDATA[belleza]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Rosa Panadero]]></dc:creator>
            <pubDate>Wed, 19 Jan 2022 18:04:45 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2022-01-19T18:04:45.796Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>Tema del día: Emergencia facial.</p><p>Anuncio en plan campaña <strong>SEO</strong>: ¿Alguna vez te has quitado una mascarilla de ácidos <strong>AHA </strong>con nieve? Acabo de debutar en el mundo de la <strong>belleza</strong> <em>survivalist</em>, un paso más allá de los cuidados de las <strong>coreanas</strong> para plancharse la imperfecciones de la cara. He puesto la primera piedra en la evolución de la K-beauty a la <strong>C-beauty</strong>. (C de Canadian, claro).</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*tmyIXoDnppDTEDQa8KEatA.jpeg" /><figcaption>El muñequito de nieve de la terraza es 100% Made in Canada. Lápiz y portaminas hacen de brazos. Los ojos son dos tomatitos cherry. ©RosaPanadero</figcaption></figure><p>Sí, amigos y amigas, en cualquier país con agua corriente te cortan el grifo cuando menos te lo esperas. El tubo de potingue <strong>AHA</strong> decía que entre diez y veinte minutos después de la aplicación, podía quitarme la película transparente de mi simpar rostro y seguir con el siguiente pote. No ha sido posible cumplir con el cronómetro porque no caía ni gota del grifo, y hora y media después el picorcillo en la geta se me ha hecho insoportable, me he vuelto irritable y hasta le he contestado mal al polluelo.</p><p>Sin agua. Entro en modo lucha o fuga, un <strong>fight<em> or fly </em></strong>que me eleva la <strong>adrenalina </strong>y la <strong>cortisona </strong>para defenderme de lo desconocido<em>.</em> Mi primer miedo era que, al ser nuevos huéspedes de alquiler en el edificio, todavía les faltase algún documento. Los hemos enviado por activa y por pasiva, desde el ordenador y desde la oficina inmobiliaria. Tras un día de tregua con la portera-gerente del edificio, hoy pensé que ya estaba todo solucionado. Hasta que a media mañana han cortado el agua.</p><blockquote>El polluelo en clase online y yo arañándome la cara para no gritar y desconcentrarle</blockquote><p>Finalmente, hemos llamado a la oficina que gestiona el rascacielos y nos han dicho que nos rasquemos la cara, el culo y las sartenes hasta la cinco de la tarde. De diez de la mañana a cinco de la tarde. Ay qué leche. También puedo bajar al Lago Ontario con un cubo de madera y un colador, como los 49ers en la Fiebre del Oro americana, pero con la nevada no podría llegar en taxi.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*a8HgGpuJ8Kw7pHN6SUl8BA.jpeg" /><figcaption>Me tumbé en la nieve de la terraza. ©RosaPanadero</figcaption></figure><p>Solución de emergencia 1: <strong>hacerse un Cleopatra</strong>. Agarro la jarra de leche y me voy al lavabo porque el cutis me pica como si tuviera avispas caminando por la cara.</p><p>“Mira, hay nieve”, dice el polluelo mirando la terraza, en el descanso entre clase y clase.</p><p>Solución de emergencia 2: Eureka. Agarro los cuatro vasos de <strong>Ikea</strong> “Made in Russia” (Oh, Vladimir, seguro que no cabes en ti de orgullo <strong>Putin</strong>-guay, ya eres parte de la globalización Ikeana), una caja vacía del frigo y una tetera olvidada de la anterior inquilina. Y a palear nieve. De la imaginación al poder. Y oye, ha dado resultado. Al menos, me quitado los ácidos AHA y toda la parafernalia. Y sin dejar correr el agua en el grifo. Con la nieve he medio fregado el plato del microondas donde nos hemos servido los <strong>chimichangas de</strong> <strong>Monterrey</strong> descongelados. La sopa ya estaba hecha de ayer y guardada en dos tazas en el frigo, así que también medio refrotadas con detergente y nieve a falta del lavado final esta noche (porque anochece a las cinco de la tarde, justo cuando nos devuelvan el H-<em>dos-</em>O a los supervivientes de esta finca multicultural).</p><p>Voy concluyendo el capítulo. Hoy, queridos amigos y amigas, he salvado el planeta un poquito al no consumir agua innecesaria. Y tú, ¿piensas guardarte la nieve en el frigo si cae otra <strong>Filomena</strong>? Ahí lo dejo.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*PBiXFIN1xV9qc_J0RPJE6w.jpeg" /><figcaption>Bodegón de tetera con nieve en bandeja de caja de cartón reciclada. Colección privada. ©RosaPanadero</figcaption></figure><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=afd0e525afd7" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
        <item>
            <title><![CDATA[Día 16. Mudanza en el tiempo]]></title>
            <link>https://medium.com/@Rosa/d%C3%ADa-16-mudanza-en-el-tiempo-9bee49cf54f2?source=rss-908292e591e5------2</link>
            <guid isPermaLink="false">https://medium.com/p/9bee49cf54f2</guid>
            <category><![CDATA[mudanza]]></category>
            <category><![CDATA[toronto]]></category>
            <category><![CDATA[español]]></category>
            <category><![CDATA[ikea]]></category>
            <category><![CDATA[canada]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Rosa Panadero]]></dc:creator>
            <pubDate>Mon, 17 Jan 2022 03:08:03 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2022-01-17T03:08:03.937Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*PxDafJaSF_1fNoeATp3lsA.jpeg" /><figcaption>Pues sí, se ve la torre de Toronto desde mi casa. A la derecha, ya fuera de foco, está el lago Ontario, un mar de agua dulce donde la gente se persigue en jetski durante los veranos. ©RosaPanadero</figcaption></figure><p>Un saltito en el tiempo, porque he estado ocupadilla. Hoy nos hemos mudado definitivamente.</p><p>La abuela del polluelo, preocupada, pero sin agobiar, pidió buenas nuevas sobre la operación mudanza. Así que le envié unos montajes en Instagram Layout de los diferentes pasos del montaje de somieres, y luego le escribí un rollo tipo pergamino egipcio en Telegram:</p><p>Rosa, [16-Jan-22 7:02 PM]</p><p>Hola,</p><p>Pues ha sido una mudanza pausada pero sin parar.</p><p>A las nueve de la mañana vine en taxi con una maleta porque venían a conectar internet, después vino el propietario del piso con el fontanero porque todavía hay un grifo que gotea</p><p>Los somieres estaban en la puerta, esperando a que los ensambláramos. Llegaron los colchones, la mesa y las sillas del salón. El polluelo terminó de recoger y vino en otro taxi con su maleta. Nada más subirse, llegó el pedido del supermercado y bajamos al portal para recogerlo porque no dejan subir a las casas por el Covid.</p><p>Calentamos una pizza y una sopa de pollo de <strong>Costco </strong>porque todavía no tenemos ollas.</p><p>Llegó el chico de <strong>Task Rabbit</strong> que monta la mesa y las sillas de <strong>IKEA</strong>. Mientras, encargamos la mesa de estudio para la habitación del polluelo (previsiblemente llegará mañana).</p><p>Cuando se fue el que montaba las sillas, sobre las cuatro y media, fuimos de paseo hasta el anterior piso con la maleta del polluelo vacía. La llenamos con lo que quedaba, dejamos el lavavajillas puesto con los últimos platos sucios, llevamos la basura al tubo donde la aspiran hacia abajo, y bajamos con al portal con la maleta y con la mía grande. Pedimos un taxi por teléfono.</p><p>Mientras venía el taxi, el polluelo fue al autoservicio para comprar chocolate en sobres para el desayuno.</p><p>Llegó el pedido de la cafetera y el detergente de lavavajillas.</p><p>Cuando abrimos las maletas, vino otra vez el dueño con dos fontaneros para revisar el grifo del baño y cambiar el grifo del fregadero.</p><p>Me hago un cafecito, y hasta que no se van a mirar las tuberías de abajo, no me lo puedo tomar, así que meto el edredón en la funda.</p><p>Se marchan los tres hombres, me sirvo el café y el polluelo se pone a estudiar en el ordenador.</p><p>Rosa, [16-Jan-22 7:02 PM]</p><p>Sólo son las siete de la tarde</p><p>Rosa, [16-Jan-22 9:52 PM]</p><p>Bueno, pues volvieron los fontaneros y el dueño, y que si aquí y que si allí, al final se largaron a las nueve. Como detalle personal, nos dio un segundo juego de llaves, que al parecer lo de duplicarlas aquí cuesta mucho (como todo). Antes de que se fueran, yo seguí haciendo las camas. Han quedado muy bonitas, qué arte tenemos eligiendo sábanas y edredones. Estilos distintos, pero ambos impecables. Hemos cenado la mitad de la pizza que nos sobró del mediodía, un zumo de frambuesa y arándanos rojos y una lechuga en vaso alto a modo de ensalada, porque seguimos sin platos (y sin ollas, y sin sartenes), pero todo se andará. Creo que llegarán el día 20.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*JazTDBuC8ji7cjyQNSGcZQ.jpeg" /></figure><p>Luego, ya sin contarle más, me conecté para dar una orden de compra de acciones antes de que abran mañana la Bolsa de Madrid y para celebrar el día, escribí este post.</p><p>Extrañaré la cama. La abuela del polluelo me dice siempre que de bebé yo ya era así. Espero descansar lo que sea. Ya me había acostumbrado al otro dormitorio, así que espero no desvelarme mucho porque la excusa del jet-lag ya no funciona.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=9bee49cf54f2" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
        <item>
            <title><![CDATA[Día 7. Por eso tienes cara de merluza congelada]]></title>
            <link>https://medium.com/@Rosa/d%C3%ADa-7-por-eso-tienes-cara-de-merluza-congelada-efcc88498b69?source=rss-908292e591e5------2</link>
            <guid isPermaLink="false">https://medium.com/p/efcc88498b69</guid>
            <category><![CDATA[blog]]></category>
            <category><![CDATA[mississauga]]></category>
            <category><![CDATA[rosaencanada]]></category>
            <category><![CDATA[canada]]></category>
            <category><![CDATA[blogging]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Rosa Panadero]]></dc:creator>
            <pubDate>Tue, 11 Jan 2022 06:02:55 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2022-01-11T06:02:55.888Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<figure><img alt="RosaenCanada. Temperatura de -17 grados en Mississauga. Humedad en el aire del 67%, con el punto de rocío a -14 grados." src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*tnURMinZBQ0pXFHHAtXhsg.jpeg" /><figcaption>Temperatura en Mississauga, primera semana de 2022. ©RosaPanadero</figcaption></figure><p>Con diez años me subí a un escenario para declamar <strong>La Canción del Pirata,</strong> la de <em>“Con diez cañones por banda,/ viento en popa a toda vela,/ no corta el mar sino vuela,/ un velero bergantín”</em>.</p><p>Un poco más adelante dice eso de <em>“La Luna en el mar riela,/ en la lona gime el viento,… ”. </em>Analicemos la frase, digo con las gafas en la punta de la nariz y mirando a mi auditorio. Porque mar no tengo, pero viento, a espuertas. Aquí suena más el viento en el puerto de <strong>Pajares</strong>.</p><p>Nos hemos levantado con unas corrientes de 70–80 kilómetros por hora. ¿Aquí el viento lo regalan? ¿Es gratis, y por eso hay tanto? De ahí pasamos a la sensación térmica: -17 grados.</p><blockquote><em>Y ahora lanzo un pregunta a </em><strong><em>Iker Jiménez</em></strong><em> y su programa de </em><strong><em>Cuarto Milenio</em></strong><em>: ¿Por qué hay congeladores en Canadá? ¿Mantienen frescos los cadáveres que se criogenizaron en las terrazas? ¿Hay alguien en Canadá, aparte de Justin Trudeau? Empiezo a pensar que a Trudeau le han elegido los renos</em></blockquote><p>Comienzo a tener sueños extraños. Esto de vivir en un edificio y no ver gente en el de enfrente, donde las luces se encienden y apagan solas, sin habitantes, me está haciendo enloquecer.</p><p>Guardo la compostura como si alguien me observara, que no es el caso. Antes me verían desde la <strong>Estación Espacial Internacional</strong>. Bromitas con la <strong>España vaciada </strong>y el Canadá deshabitado se me ocurren muchas.</p><blockquote>El viento chilla fuera como si fuera una motosierra en manos de un canadiense tarado que nos va a trocear en chuletitas a todos, para tirarlas con cierto desparpajo psicótico a las parrillas. Miro la tele para no pensar en el viento, que a veces golpea el cristal y parece que quiere entrar</blockquote><p><strong>“No mires arriba”</strong> (sí, lo que me faltaba) me concentra la atención en la caja tonta. Me escuecen los ojos de la <strong>calefacción</strong>, porque aquí no pago la factura de España. El argumento de la peli me parece tan real que no pestañeo.</p><p>A <strong>Steven Soderberg</strong> ya se le ocurrió hacer una peli contagiando a gente con el <strong>pangolín</strong>, el <strong>murciélago</strong> y el <strong>chef guarro</strong> que no se lava las manos antes de estrechárselas a <strong>Gywneth Paltrow</strong>, y mira dónde estamos con el <strong>Covid</strong>.</p><p>Pues en 2022 sale <strong>Adam McKay </strong>con la madre de todos los asteroides para hacernos pupa. Demasiado creíble, así que reuniré a mis muñecos de la infancia para nuestra última merienda y morir unidos cuando nos aporree el asteroide.</p><p>Me trago las dos temporadas de <strong>Emily in Paris</strong>. La talla 34 me aburre. Me duermo la última de <strong>Gal Gadot</strong> con <strong>Ryan Reynolds </strong>y<strong> La Roca.</strong></p><p>Me levanto como puedo del sofá para irme a la cama, porque debo seguir confinada hasta mañana. Da igual, ya he salido al banco y al centro comercial. Si echaba de menos a <strong>Filomena </strong>el verano pasado en Madrid, Canadá suple mi añoranza de vientos. Le haré caso a <strong>Henry Ford, </strong>que se forró haciendo coches baratos:</p><blockquote>“Cuando todo parece ir en tu contra, recuerda que el avión despega contra el viento, no con él”. Henry Ford</blockquote><p>Rosa Panadero es autora de <a href="https://www.amazon.es/Bling-Boom-Martin-Baker-ebook/dp/B07KWJHWK1/ref=sr_1_2?qid=1639853505&amp;refinements=p_27%3ARosa+Panadero&amp;s=digital-text&amp;sr=1-2&amp;text=Rosa+Panadero">Bling Bling Boom </a>y <a href="https://www.amazon.es/Lista-incre%C3%ADble-convierte-internacional-opciones-ebook/dp/B07D59ZQDJ/ref=sr_1_1?qid=1641496408&amp;refinements=p_27%3ARosa+Panadero&amp;s=digital-text&amp;sr=1-1&amp;text=Rosa+Panadero">La Lista</a>, dos novelas de terrorismo y espionaje internacional.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=efcc88498b69" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
        <item>
            <title><![CDATA[Día 6. Reyes con tazas y PCR]]></title>
            <link>https://medium.com/@Rosa/d%C3%ADa-6-reyes-con-tazas-y-pcr-dde796150a9f?source=rss-908292e591e5------2</link>
            <guid isPermaLink="false">https://medium.com/p/dde796150a9f</guid>
            <category><![CDATA[rosaencanadá]]></category>
            <category><![CDATA[yoga]]></category>
            <category><![CDATA[toronto]]></category>
            <category><![CDATA[dunkin-donuts]]></category>
            <category><![CDATA[reyes-magos]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Rosa Panadero]]></dc:creator>
            <pubDate>Mon, 10 Jan 2022 18:03:14 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2022-01-10T18:03:14.311Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*Wo2xmWOSfye6rm-UsJqeuQ.jpeg" /><figcaption>Mi nueva taza de desayuno es hortera como ella sola. Gracias, Dunking Donuts por la inspiración. Gracias, Walmart e Instacart ©RosaPanadero</figcaption></figure><p>Anoche puse nuestros magros <strong>regalos de Reyes Magos</strong> frente a los zapatos antes de irnos a dormir. Nos trajeron… tatan tataaaaaaaan dos tazas horteras del <strong>Walmart</strong>, con forma de tres donuts, uno encima de otro. Los colorinchis me recuerdan a los <strong>Dunkin Donuts</strong>. El tamaño de cada taza, al de un orinal. Así lo digo.</p><p>Desayunamos en plan hortera y me tragué la hiel y la mala leche cuando desde Madrid empecé a recibir fotos de <strong>roscones navideños</strong>, tazones de <strong>chocolate </strong>y niños embadurnados de roscón y chocolate hasta las orejas. Trajes de gala, <strong>leotardos </strong>incómodos y <strong>abuelos </strong>de refilón en las fotos, dando el protagonismo a los <strong>nietos</strong>. No sólo se les malcría todo el año, sino que además se gastan la pensión en trastos para estimular los esponjosos y absorbentes cerebros infantiles. Lo de educar el ego lo dejaremos para más adelante.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*XCcohp5EMYs0icbXLBMMIw.jpeg" /></figure><p>El grupo de <strong>Franceses en Madrid</strong> de Facebook andaba corriendo desesperadamente por encontrar una <strong>Galette Des Rois</strong>. De dónde les saldrán las prisas, si esta gente come <em>galette </em>todos los domingos de enero a partir del seis de enero. Tienen más epifanías que nadie, jolines. La <em>galette </em>suya está dura, nuestro roscón es de otra materia más etérea.</p><blockquote><strong>Lo del haba en la galette también se hace, te conviertes en el rey o reina del día y no pagas el roscón, como en mi casa. Por eso en BurguerKing, tú eres el King</strong></blockquote><p>Y yo sigo aquí, oteando el horizonte por si veo a los Sioux acercarse a cincuenta kilómetros de distancia, porque no tengo nada mejor que hacer.</p><p>Me llega el resultado de mi última <strong>PCR</strong>. Es negativa. Estoy harta de ensartarme las napias. “El nene como El Fétido”, decía el hermano de <strong>Manolito Gafotas</strong> con los palillos chinos en la nariz en el restaurante asiático. Yo me siento igual, imitando al Fétido cada vez que me toca, y van cuatro PCR en una semana.</p><p>La PCR funciona como el <strong>Predictor</strong>, pero al revés: te tienes que alegrar de que dé negativo. Bueno, con el Predictor a veces te pones contesta o triste si está positivo, y lo mismo si está negativo. Entonces es que te falta un calendario a la hora de darte un alegrón, tanto si quieres que el Predictor sea positivo o negativo. En el primer caso se llama <strong>planificación familiar</strong> y en el segundo, se trata de una <strong>resaca</strong>.</p><p>Sigo aburrida porque no veo a <strong>John Wayne</strong> ni a los indios desde la ventana. Tampoco veo camellos en esquíes pasando fentanilo entre la <strong>frontera de Canadá con Estados Unidos</strong> porque estoy lejos de la linde.</p><p>Poco después veo que mi padre acaba de entrar en mis estados de <strong>WhatsApp</strong> (le bloqueo inmediatamente, a veces pongo chistes que a él no le gustarían) y que se ha apuntado a <strong>Telegram</strong>. Finalmente se ha modernizado. Ha pasado de su teléfono clónico que sólo sirve para llamar a un <strong>Samsung</strong>.</p><p>Le intento hacer cuatro llamadas de vídeo. No descuelga en ninguna, pero me escribe que me ha visto y que ha oído al polluelo saludándole. Con la abuela hacemos videoconferencias desde que el polluelo llevaba pañales, hace 19 años. A algunos les cuesta más entrar en el siglo XXI. Por fortuna, el confinamiento ha impulsado el salto digital. Ahora hay que activar el uso de la cámara en las aplicaciones.</p><p>Me voy a hacer yoga. Tengo el programa de Treinta Días de <strong>Yoga with Adriene</strong> colgado desde hace semanas. Ya me aburriré después.</p><p>Rosa Panadero es autora de <a href="https://www.amazon.es/Bling-Boom-Martin-Baker-ebook/dp/B07KWJHWK1/ref=sr_1_2?qid=1639853505&amp;refinements=p_27%3ARosa+Panadero&amp;s=digital-text&amp;sr=1-2&amp;text=Rosa+Panadero">Bling Bling Boom </a>y <a href="https://www.amazon.es/Lista-incre%C3%ADble-convierte-internacional-opciones-ebook/dp/B07D59ZQDJ/ref=sr_1_1?qid=1641496408&amp;refinements=p_27%3ARosa+Panadero&amp;s=digital-text&amp;sr=1-1&amp;text=Rosa+Panadero">La Lista</a>, dos novelas de terrorismo y espionaje internacional.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=dde796150a9f" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
        <item>
            <title><![CDATA[Día 5. Descanse en Paz 101: segundo trimestre]]></title>
            <link>https://medium.com/@Rosa/d%C3%ADa-5-descanse-en-paz-101-segundo-trimestre-5b9f1bac4faf?source=rss-908292e591e5------2</link>
            <guid isPermaLink="false">https://medium.com/p/5b9f1bac4faf</guid>
            <category><![CDATA[toronto]]></category>
            <category><![CDATA[informatica]]></category>
            <category><![CDATA[estudiarencanada]]></category>
            <category><![CDATA[university]]></category>
            <category><![CDATA[rosaencanadá]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Rosa Panadero]]></dc:creator>
            <pubDate>Sun, 09 Jan 2022 06:02:22 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2022-01-09T06:02:22.528Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<figure><img alt="RosaenCanada. Río helado con nieve en Mississauga, Toronto, Ontario. Se puede caminar encima. Foto de enero de 2022." src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*7JbIOeDdz_3--BNlZiFqEw.jpeg" /><figcaption>Riachuelo helado en el descampado frente a Square One. Se puede caminar encima, pero es posible que te resbales y con la caída acabes con el trasero en el agua ©RosaPanadero</figcaption></figure><p>El spoiler de ayer era que <strong>Alvin </strong>no vino al día siguiente. La profecía se cumplió. Se le cayó la cara de vergüenza y decidió no enfrentarse, cual <strong>San Sebastián</strong>, a mis flechas sarcásticas.</p><p>Nos hemos armado de valor para cortar el viento con nuestros anoraks de plumas. <strong>Miss Vri</strong>, una jovencita de origen hindú, nos ayuda con la operación <em>Abrir una Cuenta Bancaria</em>. Pienso que la última cuenta bancaria que abrí lo hice de forma online, entrevista en <strong>Zoom </strong>y r<strong>econocimiento facial</strong> en 2018, así que tener que ir en persona para abrir una <strong>cuenta gratuita para estudiantes</strong>, me suena a recochineo. Y además te piden dos tarjetas de identidad para verificar que eres tú. Y que te bajes la mascarilla para ver si te pareces al de la foto.</p><blockquote><strong>Entre la foto del pasaporte y la cara del polluelo hay una barrera insalvable: una barba espesa y oscura, como el profesor Bacterio. Menos mal que se la recortó y la dejó más cervantina para el viaje. El nene cría lanas a un ritmo desconocido</strong></blockquote><p>En un momento de conversación distendida, la eficiente Vri le pregunta al polluelo a qué <strong>campus </strong>irá. Aquí, allí, comentan entre ellos. Paso olímpicamente del tema, hasta que al llegar a casa el polluelo me cuenta que estuvo a punto de preguntarle cuántos amigos había perdido en el campus del <em>downtown. </em>Que me pierdo, hijo. “Por <strong>la tasa de suicidios</strong>”, me dice riéndose. Ahí ya lo entendí.</p><p>El campus de Mississauga tiene la tasa más baja de suicidios, pero el de St. George se lleva la palma. La presión extrema.</p><blockquote>Una de las asignaturas de <strong>cálculo </strong>del polluelo, DescanseEnPaz 101, ha rebajado sus requisitos este año porque daba mala imagen publicar la estadística de suicidios y las matrículas de honor en la misma curva de campana, la de la distribución de resultados</blockquote><p>El pobre está un poco nervioso porque está una décima por encima de la nota de corte del año pasado en <strong>DescanseEnPaz 101</strong>, y si la hornada de estudiantes del segundo trimestre sube la nota de corte de aquí a abril, el polluelo tendría que quedarse todo el verano para subir nota y entrar. Esto es peor que una oposición: el <strong>aprobado es 70%</strong> y luego está la nota de corte para el año siguiente.</p><blockquote>Igual que en las oposiciones, puedes aprobarlas y quedarte fuera porque no hay plazas suficientes. Así que aquí la gente estudia una burrada para no quedarse fuera el curso siguiente ni tener que soltar la pasta en verano</blockquote><p>Da vergüenza ajena pensar en la educación española, fraccionada por aldeas, y regalando aprobados de 5/10 a gente cuyo conocimiento seguramente corresponda a 2 ó 3 sobre diez. Lo bueno es que en España hay bares y se vive genial, aunque seamos unos tarugos adictos a las redes.</p><p>Sólo deseo que se tuerzan los de la segunda hornada y la nota no suba, porque no quiero pasar todo el verano aquí, haciéndole compañía al polluelo y vigilando que no pueda abrir las ventanas del 15º piso mientras me ducho.</p><p>DescanseenPaz 101. No lo olvides. La peor asignatura.</p><p>Rosa Panadero es autora de <a href="https://www.amazon.es/Bling-Boom-Martin-Baker-ebook/dp/B07KWJHWK1/ref=sr_1_2?qid=1639853505&amp;refinements=p_27%3ARosa+Panadero&amp;s=digital-text&amp;sr=1-2&amp;text=Rosa+Panadero">Bling Bling Boom </a>y <a href="https://www.amazon.es/Lista-incre%C3%ADble-convierte-internacional-opciones-ebook/dp/B07D59ZQDJ/ref=sr_1_1?qid=1641496408&amp;refinements=p_27%3ARosa+Panadero&amp;s=digital-text&amp;sr=1-1&amp;text=Rosa+Panadero">La Lista</a>, dos novelas de terrorismo y espionaje internacional.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=5b9f1bac4faf" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
    </channel>
</rss>