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        <title><![CDATA[Stories by Parroquia anglicana de Belén (IERE) on Medium]]></title>
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            <title>Stories by Parroquia anglicana de Belén (IERE) on Medium</title>
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            <title><![CDATA[Reflexión para un oficio vespertino]]></title>
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            <category><![CDATA[sermón]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Parroquia anglicana de Belén (IERE)]]></dc:creator>
            <pubDate>Tue, 22 Jul 2025 20:41:07 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2025-07-22T20:45:46.686Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>Números 23; <em>Jueves 10 de julio del 2023, A.D.; Fuenlabrada (Madrid)</em></p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/0*pgGT9MJtTQ6yRS35.jpg" /></figure><p>Balac, el rey de Moab, ve al pueblo de Dios acercarse y se asusta. Como muchos poderosos de nuestro mundo, cree tener a Dios de su lado, y llama al profeta Balaam para maldecir al pueblo. Es decir, quiere hacer a Dios hablar contra sí mismo. Pero Dios había dicho ya a Balaam:</p><blockquote>Tú no debes maldecir a ese pueblo porque es un pueblo bendito (Nm. 22, 12)</blockquote><p>Y lo entiende perfectamente, recibe la Palabra (la promesa) de Dios en su corazón sin resistencia alguna, con ligereza de corazón y entiende que no puede manipularle según sus deseos o intereses, que la Palabra de Dios no es un amuleto:</p><blockquote>Balaam respondió y dijo a Balac: ¿No te he dicho que todo lo que Jehová me diga, eso tengo que hacer? (Nm. 23, 26)</blockquote><p>¡Qué comprensión y sujeción más piadosa al consejo de Dios!</p><p>¿Cuántas veces hemos querido nosotros someter a Dios, la Palabra de la Iglesia, el mensaje del Evangelio, a nuestros deseos más egoístas, a nuestras intenciones, ideologías políticas, a nuestros odres viejos, nuestras reticencias a aceptar la Palabra tal y como ha sido pronunciada?</p><p>Más allá, ¿cuántos poderosos en nuestro mundo son como Balac, y han buscado prostituir el mensaje del Evangelio, la voluntad del Reino de Dios en el mundo para los más débiles, haciéndolos sufrir, atacándolos. Los presidentes de las naciones más poderosas de nuestro mundo se han rodeado de supuestos profetas de Dios, y así hacen más difícil la vida de los débiles, niños, familias en nombre de un amuleto intercambiable, en este caso, el cristianismo, el Evangelio, Jesús… y cuando un testigo fiel de Cristo se levanta y alza la voz anunciando las buenas nuevas, se sienten atacados y lo reprimen, pues ha sido confrontado por la Palabra de Dios, ha pasado muchas veces en la Historia.</p><p>Sin embargo, más allá del deseo corrupto humano de maldecir, Dios ya ha hablado, ya ha bendecido, y su bendición es irrevocable: <em>“Verbum Domini manet in aeternum”. </em>El v. 19 nos dice:</p><blockquote>Dios no es hombre, para que mienta, / Ni hijo de hombre para que se arrepienta. / Él dijo, ¿y no hará? / Habló, ¿y no lo ejecutará?</blockquote><p>Este cántico de Balaam que vemos aquí, no habla sino de nosotros, de la promesa que Dios ha reservado a sus hijos en todos los tiempos, a su pueblo, las ovejas de su aprisco. ¿Quién podría revocar la promesa que nos ha sido dada a ti y a mi en el bautismo? Este pasaje habla de nosotros gracias a Jesucristo, cúspide de todas las promesas al Padre, por quien somos injertados en la Palabra que dice: <em>“Tú no debes maldecir a ese pueblo porque es un pueblo bendito</em> (Nm. 22, 12)”.</p><p>En ese caso, nos cabe preguntarnos, ¿cuántas veces hemos andado por al vida como malditos, sin recibir ni comprender la promesa, ni la confianza que ésta produce en los hombres? ¿Porqué vivimos como esclavos, esclavos de la ansiedad, el miedo y la desesperanza?</p><p>¡Dios ya ha hablado! Pero seguimos sin confiar, y creemos que puede ser maldito lo que Dios ya había bendecido. Pero, pensémoslo bien: ¿el Señor iba a dejar maldecir al pueblo que adoptó como propio, al que guió por el desierto con una nube por el día y una columna de fuego por la noche, al que alimentó con maná del cielo y sacó agua de la roca? ¿A esos pretendía maldecir un rey corrupto?</p><p>Nunca podría hacer, tampoco hoy, nadie puede hacerlos, pues sobre el pueblo de Dios recae una promesa, una gran bendición, que somos hijos suyos y no advenedizos.</p><p>Dejemos de vivir entonces como extranjeros, y vivamos como hijos por el bautismo y el don del Espíritu.</p><p>En definitiva, la invitación es esta: para andar conforme a la Palabra, sujetos como aquella bendita mujer que dijo: “Hágase en mí según tu Palabra”, para vivir sin miedo, estemos completamente abiertos a la Palabra y voluntad de Dios sin desconfiar, manipular o cambiar lo más mínimo. La invitación es la desoir la voz de Satanás que dice al oído del cristiano: “eres maldito, la vida no tiene sentido, estás lleno de desgracias, esta parroquia no sirve…” No escuches más, y abre tu oído al susurro de Dios que penetra el alma y dice:</p><blockquote>por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! (Gal. 4, 6)</blockquote><p>A.M.D.G.</p><p>Julián.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=7c398d25137e" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[Un pueblo peregrino: guía para las disciplinas cuaresmales]]></title>
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            <category><![CDATA[cuaresma]]></category>
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            <dc:creator><![CDATA[Parroquia anglicana de Belén (IERE)]]></dc:creator>
            <pubDate>Sun, 09 Mar 2025 16:21:20 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2025-03-09T16:23:08.217Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/0*Q8VKZckhtvwrZHQ2.jpg" /><figcaption>La tentación en el desierto, ilustración de La Vida de Cristo (James Jacques Joseph Tissot)</figcaption></figure><blockquote>Cuando nuestro Señor y maestro Jesucristo dijo: «Haced penitencia…» (Mt 4, 17), quiso que toda la vida de los creyentes fuera penitencia.</blockquote><blockquote><em>Martín Lutero</em></blockquote><p>Los primeros cristianos observaron con gran devoción los días de la pasión y resurrección de nuestro Señor, y se hizo una costumbre de la Iglesia prepararse para ello mediante un tiempo de arrepentimiento y ayuno.</p><p>La Cuaresma es ese tiempo de 40 días antes de la Pascua en que recordamos con mayor insistencia el mensaje de Jesús en el Evangelio: la reconciliación, el perdón y el amor con todos, sin excepción.</p><p>El Libro de Oración Común nos invita a observar la Cuaresma con: “<strong>examen de conciencia</strong>, el <strong>arrepentimiento</strong>, la <strong>oración</strong>, el <strong>ayuno</strong> y la <strong>abnegación</strong>; estudiando y meditando en la <strong>Palabra de Dios</strong>.”</p><p>Una famosa ilustración anglicana las enumeraba así: “oración, nuestra arma contra el diablo; ayuno, nuestra arma contra la carne; limosna, nuestra arma contra el mundo”.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/612/0*I7_AUR3hXBpuN6to" /></figure><h3>Autoexamen, ayuno y arrepentimiento</h3><p>La <strong>oración</strong> es “es nuestro responder a Dios, en pensamiento y obra, con o sin palabras”.</p><p>A la Cuaresma le es especialmente propia la <strong>penitencia</strong>, que es la “confesión de nuestros pecados y, en todo lo posible, la restitución con la intención de enmendar nuestras vidas”. Es útil para este modo de orar un previo examen de conciencia (leyendo los Diez Mandamientos, por ejemplo) para reconocer nuestros malos “pensamientos, palabras y obras, lo que hemos hecho y lo que hemos dejado sin hacer”, y entonces presentarlo en oración con nuestras propias palabras o las de la liturgia, individualmente en secreto con Dios, comunitariamente en el servicio o en presencia de un ministro.</p><p>Sobre la <strong>confesión privada</strong> (reconciliación de penitentes en nuestra tradición), aquí se cumple el viejo dicho anglicano: “todos pueden, algunos deberían, nadie está obligado”. Muchas personas encuentran en la confesión regular una parte importante de su compromiso de resistir el pecado y crecer en santidad. Otros acuden a este rito en momentos de especial preocupación, y así es recomendado, al necesitar consejo espiritual y consuelo, la seguridad del perdón y para eliminar dudas y fortalecimiento de la fe. En cualquier ocasión se puede pedir una instancia así a un pastor.</p><p>Por otro lado, la <strong>oración común</strong>, es decir, “nuestro encuentro mutuo y con Dios, para reconocer su santidad, escuchar su Palabra, ofrecer oraciones y celebrar los sacramentos”, es una parte vital e infaltable de la vida cristiana, que estamos llamados a retomar con renovada intensidad en la Cuaresma.</p><h3>Ayuno y abstinencia</h3><p>La <strong>abstinencia</strong> implica evitar ciertos alimentos o bebidas. Es común practicar la abstinencia de la carne durante los viernes en Cuaresma, o de otros alimentos durante todo este tiempo como un acto de disciplina personal, que también puede ser un gesto de compasión con los necesitados o una forma de oración corporal.</p><p><strong>Ayunar</strong> consiste en evitar comer por completo o reducir las comidas a una dieta muy limitada, tradicionalmente una comida pequeña en el día o sólo verduras y legumbres. Son días de ayuno el primer día de Cuaresma (Miércoles de Ceniza) y el Viernes Santo.</p><p>Es importante recordar que el ayuno y la abstinencia no deben ser llevados al extremo o sin guía pastoral. Si se practican como un fin en sí mismos, pueden convertirse en motivo de orgullo o en algo malsano. Aquellos que no pueden elegir su comida o que realizan trabajos esenciales deben comer lo que necesiten para mantener su salud y energía.</p><p>Además, estas disciplinas no son dietas ni esfuerzos de superación personal, aunque puedan tener beneficios físicos. Su propósito es ayudarnos a centrarnos en Dios (no en nosotros mismos), ejercitar el autocontrol y aumentar nuestra dedicación a la oración, especialmente al reflexionar sobre los sufrimientos de Jesús o las privaciones de los más necesitados.</p><h3>Limosna</h3><p>Esta es una palabra que, ciertamente, no es fácil oír en nuestro día a día, porque es algo que escapa en todos sus sentidos al funcionamiento del mundo en que vivimos. Cristo dice: “Venid, benditos de mi Padre, (…) porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis; estuve desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y vinisteis a verme” (Mateo 25). Estas llamadas <em>obras de misericordia corporales</em> son la manera más encarnada de amar al prójimo.</p><p>Una disciplina para la limosna (para que así en un momento nos brote del corazón) puede ser: <em>1) </em>dar al pobre regular y directamente, <em>2) </em>aportar a la Iglesia, que atiende a los pobres y <em>3) </em>dar a instituciones de caridad.</p><p>Que el Señor nos acompañe en este camino cuaresmal.</p><p>Esta es una recopilación y adaptación de material extraído de:</p><ul><li>Libro de Oración Común (1989)</li><li><em>St. Augustine Prayer Book </em>(2014)</li><li>Material propio</li></ul><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=f1169cb3cf8c" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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