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        <title><![CDATA[Los mismos ojos - Medium]]></title>
        <description><![CDATA[Historias que se esconden detrás del arte: amor, envidia, venganza… ¿Acaso no es un espejo de nuestra vida? - Medium]]></description>
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            <title>Los mismos ojos - Medium</title>
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            <title><![CDATA[Todos tienen un pasado]]></title>
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            <category><![CDATA[romance]]></category>
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            <dc:creator><![CDATA[Azella Kazan]]></dc:creator>
            <pubDate>Sat, 10 Oct 2020 19:03:34 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2020-10-10T20:30:56.067Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<h3><strong>Todos tienen un pasado, una historia de amor no </strong>correspondido</h3><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/868/1*vBdMW35YKkSAt0EjBFpsBg.jpeg" /><figcaption>The Beloved — Dante Gabriel Rossetti</figcaption></figure><p>Edilio llevaba tiempo esperando la vuelta de su sobrino. Los últimos acontecimientos le habían dejado atormentado. No podía conciliar los sueños por las noches ya que nada más que cerrar los ojos, se le venían a la cabeza muchos episodios del pasado y por supuesto, la imagen de Azucena. Nunca había tenido tantas ganas de conversar con su sobrino y contarle lo que llevaba años guardando en silencio.</p><p>El día que vio venir a Máximo cargado de ira, supo que era el momento.</p><p>— Querido sobrino. Sabes que no he tenido la suerte de estar cerca de ti en tu niñez. Estos últimos años han sido como un regalo para poder verte crecer y madurar. — Mientras que empezaba a hablar, el tío de Máximo tomó un trago de vino — . Eras apenas un bebé cuando mi hermana dejó este mundo. Y tu padre, como puedes imaginar, estaba tan afectado por la muerte de tu madre que era incapaz de cuidarte. No tuvimos más remedio que enviarte a ti y a Obelia lejos de Ourea. Era la única forma de ponerte a salvo. Siempre has preguntado por tus padres y el pasado, y nunca te he contado nada por miedo. Pero hoy, llega el momento para que sepas la verdad. Confío en tus juicios. — se sentó en una silla e hizo sentar también a su sobrino.</p><p>— Habrás oído a tu padre lo mucho que amaba a tu madre, y cómo cayó en desgracia al perderla. Pero la desgracia era mayor para tu madre y nuestra familia:</p><p>Tu madre era una muchacha alegre, fuerte y muy lista. Nuestra familia eran comerciantes y teníamos una buena fortuna, la cual nos permitió la mejor educación y una vida envidiable. Éramos muy felices. A los diecisiete años, tu madre se enamoró del hijo del herrero, un chico tranquilo y cariñoso. Se prometieron y la boda iba a ser celebrada en aquel verano. Ambos estaban ilusionados. Un día de febrero, estábamos todos en camino de vuelta a Ourea. Habíamos ido a visitar a unos familiares lejanos y de paso traer mercancía extranjera. Tu madre quería hacer ese último viaje junto conmigo y con nuestro padre antes de su boda, porque temía no poder volver a salir de Afrión después de contraer matrimonio. No sabes cuánto le gustaba viajar y conocer culturas diferentes. Aún conservo esos recuerdos maravillosos. A un día de Ourea, al caer la noche, nos acampamos cerca de un río y esa misma noche tu madre desapareció. Buscábamos por todo el bosque, los campos, los caminos cercanos y no había ni rastro de ella. Estábamos tan desesperados que casi la dimos por muerta. Su prometido, pobre Teón, perdió su alma al enterarse de esta noticia. Un mes y medio más tarde, el hijo del herrero también desapareció sin más. Éramos dos familias completamente destrozadas. Unas semanas después, me llegó un mensaje escrito de puño y letra de tu madre.</p><blockquote><em>¡Querido hermano! Puede que me hayáis dado por muerta, pero ni la muerte puede quitarme los pensamientos en vosotros. No ha sido mi travesura de separarme tanto tiempo de nuestra familia. ¡Perdóname por todo el sufrimiento que os he causado! ¿Cómo están nuestros padres? Me da miedo preguntar por ellos. No puedo decirte dónde estoy. Pero estoy bien. Lo único que me quita el sueño es no poder veros, y es la principal razón por la que lucho cada día para vivir. Por favor, no menciones nada de esta carta a nuestros padres ni a nuestra hermana. No quiero que sepan que estoy retenida. De momento solo puedo confiar en ti, como siempre te he confiado. No me busquéis, yo os buscaré aunque sea con mi último aliento. Cuida a nuestros padres, que no sufran por mí. ¡Os quiero!</em></blockquote><blockquote><em>— Daila</em></blockquote><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1000/1*YUIBDKIS-1T6fiEDCyrd-Q.jpeg" /><figcaption>Pia de’ Tolomei (1868–1880) — Dante Gabriel Rossetti</figcaption></figure><p>Yo no pude creer en lo que estaba viendo, leí el mensaje una y otra vez. No sabía si tengo que alegrarme o entristecerme. No dije ni una palabra a nadie sobre la carta aunque me partía el alma ver a nuestros padres cada vez más tristes y débiles. Esperaba día y noche otros mensajes de tu madre, y nada, no volvió a dar señales de vida. Pero un día, un carruaje se detuvo en la puerta de nuestra casa. Se bajó una dama, bien vestida y acompañada de dos sirvientes. ¡Era tu madre! Nos abrazamos y lloramos durante mucho rato. Cuando por fin entramos en el salón, tu madre nos contó cómo se había perdido aquella noche en el campo y que unos nobles extranjeros la salvaron. También nos dijo que se había casado con uno de sus salvadores. Pero como había una guerra entre Afrión y su región, no pudo volver ni enviar un mensaje a nosotros durante ese tiempo. Nuestros padres se morían de alegría en ese momento por el regreso de su hija, tampoco le preguntaron nada más. Sin embargo, durante los tres días siguientes que se quedó en casa, intenté buscar un momento para hablar con ella a solas. Fue cuando, entre lágrimas y llantos, me contó todo lo sucedido y me advirtió que no lo contase nadie más, ni siquiera a nuestros padres o a nuestra hermana.</p><p><em>“Te lo cuento porque eres la persona con más virtud de prudencia que conozco. Y necesito que me ayudes. En aquella noche de acampada, fui raptada. Alguien me golpeó la cabeza mientras dormía. Cuando me desperté, me encontré en una habitación de una torre. Grité con toda mi fuerza para pedir ayuda. Pero no había nadie a su alrededor.</em></p><p><em>Casi era al día siguiente cuando entró un hombre en aquel lugar. Me dijo que le tenía que obedecer y sino, mi familia sufrirá las consecuencias. Le pregunté quién se creía que era para hacerme una cosa así. Y me dijo que era el mismísimo rey. No se lo creía ya que ni sabía dónde estaba ni entendía por qué el rey se había encaprichado de mí. Se lo negué y le dije que estaba prometida a otro hombre, que si se atreviera a tocarme, me moriría. Aquella noche me dejó en paz aunque sus ojos mostraron unos fuertes deseos.</em></p><p><em>Un día más tarde, volvió con comida y agua, y encendió la chimenea de la habitación. Yo estaba muerta de frío y hambre. No pensé ni un momento en aceptar aquella bandeja de alimentos para reponerme de fuerza. La necesitaba para poder defenderme. Se acercó a mí y me dio una manta. Tampoco lo rechacé. Pero cuando intentó acariciar mi cabello, me resistí. Le tiré el agua del vaso a su cara. Se enfadó tanto que volvió a amenazar con matar a mi familia.</em></p><p><em>El tercer día, me trajo joyas, muchas joyas y vestidos bonitos. Me dijo que si me haría suya, si le daba todo de mí, me sacaría de aquel lugar y me convertiría en la mujer más envidiada de la corte. Incluso me trajo su corona para convencerme de que era el rey de Afrión de verdad. Pero le rechacé de nuevo diciendo que mi corazón pertenecía a otro hombre.</em></p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/932/1*9F25yWRtjwbIP7vPhzO6ig.jpeg" /><figcaption>Lady Lilith (1868)- Dante Gabriel Rossetti</figcaption></figure><p><em>En las siguientes visitas, noté que su deseo no se disminuyó sino que crecía como las llamas del fuego. — Desde que te vi, sabía que eres especial. — me dijo — . Ninguna mujer se me habría resistido tanto como tú. — me llegó a abrazar y me empezó a besar. Pero le pegué, le pegué con toda mi fuerza para alejarlo de mí. Pero esa vez no se enfadó. Simplemente se fue.</em></p><p><em>Así volvía todos los días y me negué una y otra vez. A veces, tenía que fingir estar desmayada para que me dejara en paz. ¡Hermano! No podía aceptar aquella realidad, ya que, sabes cuanto estoy enamorada de Teón.</em></p><p><em>Casi una semana más tarde, me di cuenta de mi mala situación. Estaba casi desnutrida, apenas tenía fuerza para defenderme y lo peor, aquel hombre se estaba volviendo loco por conseguirme. Podría matarme si quiera, después, vendría a por vosotros para desahogar su ira. No tuve remedio, hermano, no tuve remedio… Me tenía que entregar. Pero no lo iba a hacer como una idiota para que él sea mi amo. No. En realidad, él era mi esclavo. Me di cuenta que su deseo hacia mí le hacía totalmente vulnerable.</em></p><p><em>Así que una noche, cuando volvió, me puse de pie al lado de la cama. Mientras se acercaba, me iba quitando el vestido. Lloraba por dentro. Pero lo tenía que hacer. ¡Sí! Le seduje y eso le volvió loco. Me agarró por la cintura y me empezó a acariciar. Me besó cientos de veces como si fuera el tesoro más deseado del mundo. — Te amo. Te amo desde que te vi. No sabes cuantas veces he intentado conquistar tu corazón No sabes el dolor de ser rechazado e ignorado. Te daré todo lo que poseo, mi corazón, mi vida si es necesario. — esa noche, me entregué sin poner ni una resistencia. Él gozó tanto que no pudo levantarse hasta el mediodía.</em></p><p><em>Fue ese mismo día cuando me sacó de aquella fría y aislada torre. Me dio un palacete que tenía la mejor vista de la ciudad. Además, para protegerme y también para vigilarme, me puso guardias hasta cada rincón. Nadie podía entrar ni salir sin su permiso. Aunque vivía a todo lujo, yo seguía siendo su presa.</em></p><p><em>Me traía flores, joyas, prendas y objetos valiosos. Lo único que quería era que le sonriera o que le mostrara algún afecto. — Me amarás… — lo repetía cada noche antes de acostarnos. Al acabar tres semanas, aquel hombre se enloqueció por no conseguir mi amor. Tuve que fingir de nuevo. ¡No sabes como me consumía por dentro! Necesitaba volver a ver a mi familia, necesitaba ver a mi amado. Y mi única esperanza era ganar su confianza. Así que una noche, mientras que él me contaba su desafortunado matrimonio con la reina y su infeliz vida, le acaricié su mejilla, le besé y le abrazó. Él se rindió a mis pies y lloró como una mujer. Aquella noche, le hice creer que hicimos el amor de verdad.</em></p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/800/1*wtYgwUncKk89t85cNbUAGQ.jpeg" /><figcaption>El sueño de Dante ante la muerte de su amada (1878)- Dante Gabriel Rossetti</figcaption></figure><p><em>Casi cuando creía que había ganado su confianza. Algo sucedió. La reina se enteró de mi verdadera identidad. Ella me puso una trampa trayendo a mi amado Teón al palacio. Imagínate, hermano. Yo estaba en el jardín contemplando las nuevas plantas que había mandado a traer el rey. De repente, apareció Teón en persona delante de mí. No podía ni creer mis ojos. Pensé que era un sueño. No hice nada más que correr hacia él, abrazarle y besarle. Y él hizo lo mismo. Durante un momento, estuvimos tan felices teniendo el mundo olvidado. Pero cuando giré la cabeza hacia mi izquierda, vi el rostro enfurecido del rey en una ventana del edificio de enfrente. Reaccioné rápido, cogí las manos de mi amado y nos echamos a correr hacia el interior del palacio. Le pregunté cómo había logrado entrar, y él contestó que era la reina quien le contrató para una obra del jardín. En aquel instante comprendí que todo era una trampa diseñada.</em></p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*j3Mw9N2g63I5nnS956vDLw.jpeg" /><figcaption>El Alma de la Rosa (1908) J. W. Waterhouse</figcaption></figure><p><em>No sabía ni dónde esconderlo ni cómo ayudarle a escapar. En el fondo, sabía que era nuestro fin, que no había escapatoria. Así que abracé y volví a besar a mi amado Teón como si fuera nuestra última despedida. Justo cuando estábamos intercambiando las últimas palabras entre lágrimas y sollozos, apareció el rey con sus guardias y la reina detrás de él. Su cara estaba torcida de furia. Inmediatamente mandó apresar a Teón. Pero fue difícil separarnos… Cuando por fin lo lograron, el rey sacó su espada y la iba a clavar en el pecho de mi amado. En ese momento, grité y le amenacé con mi propia muerte. Y funcionó. Guardó su espada e hizo un gesto para que las guardias se llevaran a su rival.</em></p><p><em>Después, vi como la reina susurró algo al oído del rey. Sin duda, estaba intentando ponerme en peores situaciones imposibles. Cuando ella hizo un gesto a las guardias para apresarme, ni me resistí. Quería que me llevaran a donde habían llevado a mi amado. Así que ni siquiera miré al rey para pedirle compasión, aunque él sí me tendió una mano esperando una disculpa para perdonar mi desliz.</em></p><p><em>Me llevaron a los calabozos de la torre sur. Al principio, oía las voces de Teón, que estaba seguramente encerrado en el mismo lugar. Aunque no podíamos vernos, sí podíamos intercambiar algunas palabras. Pero eso no duró mucho tiempo. Al día siguiente, lo trasladaron. Por mucho que supliqué al vigilante, no me quiso decir nada. Lloré como una loca hasta darme cuenta de que aquella situación no tenía salvación. No temía por mi vida sino por la de Teón. El rey haría lo que fuera para separarnos de por vida. Perdí por completo el apetito y no probé bocado durante días hasta que me desmayé.</em></p><p><em>Cuando volví a despertarme, me habían llevado de vuelta al palacio. Estaba tendida en la cama y vi como el rey, sentado a mi lado, demostró una gran preocupación. — ¡Gracias a los dioses! — se exclamó. Llamó a una de las criadas para que me diera agua. Una vez que recuperé un poco la fuerza, sin pensar en nada, le pregunté sobre el paradero de mi amado. Vi como el enfado se le volvió a subir a su rostro. Pero se controló y me contestó fríamente — . A aquel desgraciado, lo he exiliado. No lo volverás a ver nunca más. — Al oír estas palabras, no pude contener mis lágrimas. No volví a preguntar nada más ya que era inútil. Aunque recuperé la salud, la mínima idea de que Teón había muerto por mi culpa me atormentaba. No daba ningún indicio de vida. Temía que estaba más muerto que vivo.</em></p><p><em>El rey me volvió a visitar pero estaba distante y desconfiado. Me traía flores cada día intentando ganar mi afecto de nuevo, y yo sólo le mostré mi frialdad. Hasta que un día no pude aguantar más, le dije — Necesito saber si está vivo o no. Por favor, esto me está consumiendo.</em></p><p><em>Él me contestó.</em></p><p><em>— ¿Acaso no te valen las palabras de un rey?</em></p><p><em>Y le dije que no.</em></p><p><em>Al pasar pocos días, recibí un mensaje. Era del puño y letra de mi amado. Decía que no podría sobrevivir sin mí, que lucharía hasta su último aliento para volver a rescatarme. Y eso me dio fuerza y razón para volver a vivir. Hermano, ¡compréndeme! Tenía que intentarlo ya que la vida de Teón también estaba en juego. Me reconcilié con el rey y volví a ganar su confianza. Con su primer permiso, te mandé una carta.</em></p><p><em>Desde entonces, no he parado de luchar para volver a casa. Y la única forma de haberlo conseguido es quedarme en cinta. Sí, ¡hermano! Supongo que ya no tengo razón para romper mi vínculo con el rey. No sabes la envidia que me tiene la reina, quien sólo me desea la muerte. Busca cualquier excusa para incriminarme o expulsarme de la corte.</em></p><p><em>No tengo miedo a la muerte, pero sí temo por los daños que podría hacer a la criatura que llevo en mi vientre.</em></p><p><em>¡Hermano! Necesito que me ayudes dentro de aquel palacio, donde me siento tan sola para sobrevivir. Necesito que seas mis ojos y oídos. ”</em></p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/516/1*m0BCQIScu51l3-ZD27RUrQ.jpeg" /><figcaption>La bella mano (1875) Dante Gabriel Rossetti</figcaption></figure><p>Esto fue todo lo que me contó tu madre aquel día. Después, convenció al rey para que yo entrara en el palacio a cuidarla, y él no puso ningún inconveniente. En el fondo, sabía que no podía protegerla a todas horas. Él la amaba, a su manera, pero la amaba con locura. Al principio, yo tenía mis dudas. Nunca había visto un amor tan perturbado. Pero cuando le conocí en persona, empecé a entenderle. La corte es un auténtico circo como tú has podido observar, sobrino mío. Y la reina era la peor persona que he conocido en mi vida. Créeme, por entonces, tenía yo más miedo a ella que lo que siento ahora por tu padre. No me extrañaba nada de que él encontrara un refugio en mi hermana. El hecho de que estaba embarazada de ti, le hizo quererla aún más. Ya que ni la reina ni otras amantes suyas habían podido darle un hijo. Él siempre decía que tu madre era el auténtico milagro de su vida. Pero, desgraciadamente, no hay milagro que dure. Mi hermana estaba mal de salud en los últimos meses de embarazo. Tuvo que guardar cama durante mucho tiempo. Tanto el rey como yo estábamos desesperados al ver que la estábamos perdiendo cada día. Invitó a numerosos médicos y curanderos para tratarla pero no hubo éxito. Murió el día que naciste. Desde entonces, tu padre se enganchó a la bebida y se volvió cada vez menos razonable. Cuando falleció tu madre, mis padres tampoco pudieron soportar el dolor y le siguieron el paso meses después. Pobres mío, mis padres, les tuvimos que engañar sobre la vida de mi hermana hasta la muerte. Ellos siempre creían que nos encontrábamos en el otro lado del desierto, y en realidad, vivíamos en la misma ciudad. Ni siquiera pudieron despedirse de ella… — las lágrimas llenaron los ojos del tío de Máximo — . Para protegerte de la reina, tu padre y yo decidimos enviarte lejos de la corte. La noticia oficial fue que el bebé había muerto igual que su madre. El resto ya lo sabes. — Al concluir estas palabras, Edilio se levantó de su silla, suspiró y sintió un gran alivio.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=cedfd6c7708d" width="1" height="1" alt=""><hr><p><a href="https://medium.com/los-mismos-ojos/todos-tienen-un-pasado-cedfd6c7708d">Todos tienen un pasado</a> was originally published in <a href="https://medium.com/los-mismos-ojos">Los mismos ojos</a> on Medium, where people are continuing the conversation by highlighting and responding to this story.</p>]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[¿Cómo era la comida medieval? Cocina en el arte]]></title>
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            <category><![CDATA[medieval]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Azella Kazan]]></dc:creator>
            <pubDate>Wed, 11 Jul 2018 20:11:29 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2018-07-11T20:11:34.715Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>Festejar y disfrutar de la comida era una parte importante de la vida medieval, porque durante una guerra no había mucho que comer. Por eso, los pintores no se cansaron de retratar las escenas más cotidianas sobre el lienzo, detrás del cual se esconden muchas historias.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*BzIOu8DM2UHJEUBL3m_z2w.jpeg" /><figcaption>Abraham Bloemaert</figcaption></figure><p>El pan era el alimento básico en la Edad Media, se podía hacer con cebada, centeno y trigo.</p><p>Pájaros como pollos, gansos y patos se conservaban. En ocasiones especiales los ricos comían cisne y pavo real. La carne de vaca y el ciervo eran muy apreciados, al igual que el cerdo. A los medievales les gustaba el pescado y la carne fresca que aún no estaba salada.</p><p>Antes de 1100 la miel era la única manera de endulzar los alimentos porque las especias eran caras porque venían del Lejano Oriente.</p><p>Las hierbas se usaban para sazonar los alimentos y hacer remedios para los enfermos.</p><p>Las almendras eran muy populares como espesantes en sopas, guisos y salsas, particularmente como leche de almendras.</p><p>Los cereales siguieron siendo los alimentos básicos más importantes durante la Alta Edad Media, ya que el arroz fue una introducción tardía en Europa y la patata no se introdujo hasta 1536. La cebada, la avena y el centeno entre los pobres, y el trigo para las clases gobernantes, eran consumidos como pan, avena, gachas y pasta por todos los miembros de la sociedad. Las habas y las verduras eran suplementos importantes para la dieta basada en cereales.</p><h3>Mujeres en la cocina</h3><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/944/1*ASH6TgNpNifM4Cvf-GGrOQ.jpeg" /><figcaption>Pastelitos de manzana — George Dunlop Leslie</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/394/1*ZQy_KEUqErG_I6Yq0ix5JA.jpeg" /><figcaption>La bella pastelera — Joseph Bail</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/429/1*DyvB0RiVHvHwLdnSmsSYnw.jpeg" /><figcaption>Dolly — Sir Samuel Luke Fildes</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/590/1*CVnpHhanNDbu8wQPtB6HsQ.jpeg" /><figcaption>Mujer en la cocina — Viggo Johansen</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/900/1*JDTdQgtlXwEjwgtHugFsdA.jpeg" /><figcaption>La lechera — Johannes Vermeer</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/800/1*3SIAL7A5yJ6WpQz2v-XGow.jpeg" /><figcaption>Una mujer pelando manzanas — Nicolaes Maes</figcaption></figure><h3>El interior de las cocinas</h3><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1000/1*0uddDklrafOV7ym25RaPyg.jpeg" /><figcaption>Interior de Cocina — PIETER CORNELISZ VAN RIJCK</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/800/1*JvWEXB0X5gH4ruYdXu9nGg.jpeg" /><figcaption>Escena de cocina — Joachim Wtewael</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*UDSBKLpaQhAHioo9Jh70ZA.jpeg" /><figcaption>Cocina interior — Marten van Cleve</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*PMQ4c1rXlopG64MGTFyhqg.jpeg" /><figcaption>Una cocina bien aprovisionada — Joachim Beuckelaer</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1000/1*SrbwytGPouyrNfMNocv1xA.jpeg" /><figcaption>Los Cuatro Elementos: Fuego. — Joachim Beuckelaer</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/900/1*CDpl5hY8XH44QRDO2Gwyhw.jpeg" /><figcaption>Interior de la cocina con la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro — Pieter Cornelisz Van Rijck</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/993/1*z4TLImLAtjyuW6vHYNOGuA.jpeg" /><figcaption>Bodegón de cocina — Frans Snyders</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1000/1*AMH7_ZGj8LjmSNEkDdEnxw.jpeg" /><figcaption>Interior de la cocina con una mujer cocinando y un niño soplando llamas — Cornelis Bisschop</figcaption></figure><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=6bc5dc232534" width="1" height="1" alt=""><hr><p><a href="https://medium.com/los-mismos-ojos/c%C3%B3mo-era-la-comida-medieval-cocina-en-el-arte-6bc5dc232534">¿Cómo era la comida medieval? Cocina en el arte</a> was originally published in <a href="https://medium.com/los-mismos-ojos">Los mismos ojos</a> on Medium, where people are continuing the conversation by highlighting and responding to this story.</p>]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[Las historias de amor más románticas en la pintura]]></title>
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            <category><![CDATA[arte]]></category>
            <category><![CDATA[amor]]></category>
            <category><![CDATA[literatura]]></category>
            <category><![CDATA[español]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Azella Kazan]]></dc:creator>
            <pubDate>Wed, 04 Jul 2018 20:34:07 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2018-07-04T20:37:15.175Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>Hermosos cuentos de amor y de muerte que solo los grandes artistas podrían haberlos retratado.</p><h3>Romeo y Julieta</h3><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*v3Sik_iRrLltzYjLb1b6SQ.jpeg" /><figcaption>La escena del balcón de Romeo y Julieta — Frank Dicksee</figcaption></figure><p>Los enamorados pueden andar sobre las telas de araña que se mecen en el tibio calor del verano, así de leve es la ilusión.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*_C_gjqNIHk8gw7MJFMEI5A.jpeg" /><figcaption>La muerte fingida de Julieta — Frederic Leighton</figcaption></figure><p>Ojos, mirad por última vez. Brazos, dad vuestro ultimo abrazo. Y labios, que sois puertas del aliento, sellad con un último beso.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*ZDd3zbcfKbGR8axiR7TbCA.jpeg" /><figcaption>Romeo y Julieta — Ford Madox Brown</figcaption></figure><p>¿Sabía yo lo qué es amor? -Ojos jurad que no. Porque nunca había visto una belleza así.</p><h3>Tristán e Isolda</h3><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*bsTF1ZLTTOIyNJke19v_2w.jpeg" /><figcaption>Tristán e Isolda — Edmund Blair Leighton</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*MfbwByx-KoztmaE2u_kQKQ.jpeg" /><figcaption>Tristán se despide de Isolda — August Spiess</figcaption></figure><p>- Sabes que te quiero Tristán, vayas donde vayas, veas lo que veas, siempre estaré contigo.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/800/1*ah8hq4d1Df_lOOqQOnU8yg.jpeg" /><figcaption>Tristán e Isolda — Rogelio de Egusquiza</figcaption></figure><p>Ésta es mi oración: Toma este anillo, que es un signo del enlace entre ella y yo, y cuando llegues a tierra, preséntate como un comerciante de seda y telas, de modo que ella pueda ver el anillo. Entonces sabrá que mi corazón la saluda y que sólo ella puede darle consuelo, y que si nada hace moriría. Recuérdale nuestro pasado y nuestra tristeza y toda la alegría que había en nuestro amor fiel y tierno. Ojalá los corazones hallen fuerza contra la inconstancia, pese al dolor y toda la amargura de amar.</p><h3>Lancelot y Ginebra</h3><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/900/1*dqVUBlj4B7BGpMbVkSkj5g.jpeg" /><figcaption>Lancelot y Ginebra — Herbert James Draper</figcaption></figure><p>Lancelot fue enviado a buscar la prometida del rey Arturo, Ginebra, hija del rey Leodegrance. Los dos cayeron en el flechazo del amor durante el viaje aunque todo seguía su curso como si no pasara nada.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/900/1*d4mUFal9sr3sAcp3Id-mHQ.jpeg" /><figcaption>Lancelot y Ginebra — John William Waterhouse</figcaption></figure><p>Al llegar a Camelot, Ginebra se casó con el rey Arturo y se convirtió en el centro de atención de la corte. Sin embargo, las llamas del amor no podían parar los pies de los dos enamorados.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/900/1*Xa6kSlNFGoe57tWgVy8UMA.jpeg" /><figcaption>Ginebra rescatada por Lancelot — Edward Burne Jones</figcaption></figure><p>Los enemigos del rey Arturo, conocedores del amor que se profesaban entre los amantes, obligaron al rey a condenar a muerte a Ginebra, quién fue rescatada por Lancelot. Al intentar salvarla, Lancelot mató a los dos hijos del rey Lot de Lothian y de la hermana mayor de Arturo, provocando una guerra entre los reinos.</p><h3>El Rey Cophetua y la mendiga</h3><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*QGFW8SYmwL-zCzCMNwQBOA.jpeg" /><figcaption>El Rey Cophetua y la mendiga — Edward Burne-Jones</figcaption></figure><p>Cophetua era un rey africano conocido por su falta de atracción sexual hacia las mujeres. Un día, mientras mira por la ventana de un palacio, ve a una joven mendigo (Penelophon) que sufre por falta de ropa. Enamorado a primera vista, Cophetua decide que o bien tendrá al mendigo como esposa o se suicidará.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/800/1*wdZ2bFi2FKDPolnOVnfJKw.jpeg" /><figcaption>El Rey Cophetua y la mendiga — Edmund Leighton</figcaption></figure><h3>Marco Antonio y Cleopatra</h3><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/772/1*nxSeB-pGeYqnszs6b49B3Q.jpeg" /><figcaption>Cleopatra — John William Waterhouse</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/892/1*RewuCVAFSh4-xWZaNMvuFA.jpeg" /><figcaption>El encuentro de Marco Antonio y Cleopatra — Lawrence Alma-Tadema</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*VzB5Fbci-q2kEAZHltdidw.jpeg" /><figcaption>La muerte de Cleopatra — Reginald Arthur</figcaption></figure><p>Adios y adios, pensé, apretando con fuerza el medallón que colgaba alrededor de mi cuello. Ahora jamás habrá ninguna novedad entre nosotros; nuestra vida juntos ha quedado petrificada en el pasado. Perdido, perdido y perdido, me repetía una y otra vez, tenida en la cama, y cada palabra era como un martillazo en el alma. Perdido para siempre.</p><h3>Helena y Paris de Troya</h3><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/594/1*8UYNrwHnWs-9NJiGCqsxmQ.jpeg" /><figcaption>Elena de Troya — Evelyn De Morgan</figcaption></figure><p>Troya, cuyos muros todavía no eran antiguos había sido destruida, esa ciudad noble, regia, y muchos hombres de gran valor y renombre perdieron su vida, algo que nadie puede negar, y todo por Helena, la esposa de Menelao.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*DdntHHnnmpJ6sT_90IZeuw.jpeg" /><figcaption>El amor de Helena y Paris — Jacques-Louis David</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*fDzDUF4aJZ9HOOdzO3iMhg.jpeg" /><figcaption>El secuestro de Elena — Tintoretto</figcaption></figure><h3>La leyenda de la Bella Durmiente</h3><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/910/1*1d2zvSHU_7XX8EE-N2JVug.jpeg" /><figcaption>The Briar Wood — Sir Edward Burne-Jones</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/643/1*ueS7trHjdwzyhOqZ84QY0w.jpeg" /><figcaption>La Sala del Consejo — Sir Edward Burne-Jones</figcaption></figure><p>La amenaza de la guerra, la esperanza de la paz,<br>Los reinos se arriesgan y aumentan<br>Sigue durmiendo y espera el último día.<br>Cuando el destino le quite la cadena.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/643/1*O0iwBI9NFBCVkaHcATsPZw.jpeg" /><figcaption>The Rose Bower — Sir Edward Burne-Jones</figcaption></figure><p>Aquí yace el amor guardado, la llave<br>Por todo el tesoro que será;<br>Llegó la mano predestinada <br>Y golpear a este mundo dormido para que se despierte.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*lOSNdZ-enkIZ5vWYFG9HpA.jpeg" /><figcaption>La bella durmiente — John Collier</figcaption></figure><h3>Selene y Endimion</h3><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/580/1*JTVcmBRA90l5fdJyhfO62w.jpeg" /><figcaption>La visión de Endimion — Sir Edward John Poynterrd</figcaption></figure><p>Endimión, pastor de la Caria, se enamoró de la luna, la única compañía que tenía en el campo. Todas las noches, dormía profundamente en una cueva, pero si hacía buen tiempo, solía tumbarse desnudo junto a la puerta de la cueva donde podría contemplar la belleza de la luna y dormir lleno de amor.</p><p>Un día, la diosa de la luna, Selena, se bajó a la tierra y vio dormido y desnudo a Endimión. La diosa lo amó y desde entonces siempre lo visitaba de noche y se recostaba junto al pastor sin despertarlo</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*1AgxM73EHa-WlyJKczGBlA.jpeg" /><figcaption>Endimión — George Frederic Watts</figcaption></figure><p>Ella desconocía el amor que le guardaba Endimión y él, ignoraba las noches que pasaba con su amada hasta que un día se despertó y se enteró que era amante de la diosa. Ambos confesaron su amor y la felicidad los envolvió.</p><p>Sin embargo, había pasado tiempo y el cuerpo de Endimión comenzaba a marchitarse. Selene pidió a Zeus que concediera juventud eterna a su amado, y éste decidió que Endimión no sufriría el paso del tiempo mientras que estuviese dormido; sólo envejecería durante la vigilia.</p><p>Maldita condena que los amantes no pudieran disfrutar nunca de su amor.</p><h3>Odiseo y Penélope</h3><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*LB0f3qhul3rsJstHzKzjZw.jpeg" /><figcaption>Penélope y los pretendientes — John William Waterhouse</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/944/1*vyC8OKSTUTdvqjKl5Rw1pQ.jpeg" /><figcaption>Penelope — Francis Sydney Muschamp</figcaption></figure><p>No te enojes conmigo, Odiseo, que en lo demás eres más sensato que el resto de los hombres. Los dioses nos han enviado el infortunio, ellos, que envidiaban que gozáramos de la juventud y llegáramos al umbral de la vejez uno al lado del otro. Por esto no te irrites ahora conmigo ni te enojes porque al principio, nada más verse, no te acogiera con amor. Pues continuamente mi corazón se estremecía dentro del pecho por temor a que alguno de los mortales se acercase a mí y me engañara con sus palabras, pues muchos conciben proyectos malvados para su provecho… Pero ahora que me has manifestado claramente las señales de nuestro lecho, que ningún otro mortal había visto sino solo tú y yo -y una sola sierva, Actorís, la que me dio mi padre al venir yo aquí, la que nos vigilaba las puertas del labrado dormitorio-, ya tienes convencido a mi corazón, por muy inflexible que sea.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=b94e1b0bd1cf" width="1" height="1" alt=""><hr><p><a href="https://medium.com/los-mismos-ojos/las-historias-de-amor-m%C3%A1s-rom%C3%A1nticas-en-la-pintura-b94e1b0bd1cf">Las historias de amor más románticas en la pintura</a> was originally published in <a href="https://medium.com/los-mismos-ojos">Los mismos ojos</a> on Medium, where people are continuing the conversation by highlighting and responding to this story.</p>]]></content:encoded>
        </item>
        <item>
            <title><![CDATA[¿Cómo eran los castillos medievales? Estas pinturas y cuadros nos desvelan sus encantos]]></title>
            <link>https://medium.com/los-mismos-ojos/c%C3%B3mo-eran-los-castillos-medievales-estas-pinturas-y-cuadros-nos-desvelan-sus-encantos-780fe8f6723e?source=rss----7b2af9ea521e---4</link>
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            <category><![CDATA[medium-en-español]]></category>
            <category><![CDATA[castillo]]></category>
            <category><![CDATA[medieval]]></category>
            <category><![CDATA[arte]]></category>
            <category><![CDATA[español]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Azella Kazan]]></dc:creator>
            <pubDate>Mon, 02 Jul 2018 18:58:49 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2018-07-03T18:24:41.830Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<h3>Una selección para gente que está dispuesta a volar en su imaginación.</h3><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*qNAW3v_7HydOH3wMBwAZFw.jpeg" /><figcaption>Landscape with a Castle — Roller, Andreas Leonhard. 1805–1880</figcaption></figure><p>Siendo soñadores y historiadores, los pintores nos han dejado innumerables obras de castillos medievales en los cuales se esconden tanto historias como emociones.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*J09psxk7IgNfWuvPoNcHqw.jpeg" /><figcaption>The Departure — Thomas Cole</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1000/1*mru5-gaOf9Ev9d3NNFCOPg.jpeg" /><figcaption>Winter Landscape with Castle — Frederick Marianus Kruseman 1817–60</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*pPmapWqhmlCWRZt8WcTg4Q.jpeg" /><figcaption>The Castle Ferry — Heinrich Franz Gaudenz von Rustige (1810–1900)</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*Dw46NJyURFbB-BTaWqIS5w.jpeg" /><figcaption>Horseman Returning — Heinrich Franz Gaudenz von Rustige (1810–1900)</figcaption></figure><p>Nacido en Westfalia, Alemania, Rustige estudió en Düsseldorf. Viajó y pintó en los centros culturales de Europa, incluidos Viena, París, Dresde y Londres. Está especializado en temas de la historia y escenas de género campesino. Sus cuadros casi siempre combinan una anécdota histórica con un paisaje romántico.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/600/1*OZsZRpGAKSrsye0fMEFpjg.jpeg" /><figcaption>View of the ruins of a castle of Janowiec — Antoni Lange</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*tHkVelQaeY7xtGL6DL0_6g.jpeg" /><figcaption>Ludlow Castle with Dinham Weir — Samuel Scott</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*P2MgcJcwj60huDc_Bvidkw.jpeg" /><figcaption>Windsor Castle from Datchet Lane on a rejoicing night — Paul Sandby</figcaption></figure><p>Se ardía una hoguera en la Sala Media del Castillo Windsor, la luz del fuego es visible a través de las ventanas de la Torre Winchester. Un borracho estaba siendo llevado a casa acompañado de un hombre con antorchas, una mujer y dos niños.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*XpIVZngoFveR7L5_7frcjA.jpeg" /><figcaption>Alnwick Castle — J.M.W. Turner</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/944/1*YYbOqHvH99M7Pq7lqWTqOg.jpeg" /><figcaption>Pontefract Castle — Alexander Keirincx</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*5Ch89Mx1_dgGJw_32syezg.jpeg" /><figcaption>Conway Castle — William Hodges (1744–1797)</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/925/1*x4-EEn7DQf7EOi7goMKdlw.jpeg" /><figcaption>Herstmonceux Castle — Samuel A. Rayner (1806–1879)</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*XlcFgHKX5W1pyJcwa0YJTA.jpeg" /><figcaption>Construcción de la Torre de Babel — Hendrick van Cleef, 1550</figcaption></figure><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=780fe8f6723e" width="1" height="1" alt=""><hr><p><a href="https://medium.com/los-mismos-ojos/c%C3%B3mo-eran-los-castillos-medievales-estas-pinturas-y-cuadros-nos-desvelan-sus-encantos-780fe8f6723e">¿Cómo eran los castillos medievales? Estas pinturas y cuadros nos desvelan sus encantos</a> was originally published in <a href="https://medium.com/los-mismos-ojos">Los mismos ojos</a> on Medium, where people are continuing the conversation by highlighting and responding to this story.</p>]]></content:encoded>
        </item>
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            <title><![CDATA[Cuadros y pinturas de Sirenas ¿Mitos o fantasías?]]></title>
            <link>https://medium.com/los-mismos-ojos/cuadros-y-pinturas-de-sirenas-mitos-o-fantas%C3%ADas-864c58194ba5?source=rss----7b2af9ea521e---4</link>
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            <category><![CDATA[arte]]></category>
            <category><![CDATA[español]]></category>
            <category><![CDATA[sirena]]></category>
            <category><![CDATA[amor]]></category>
            <category><![CDATA[medium-en-español]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Azella Kazan]]></dc:creator>
            <pubDate>Thu, 28 Jun 2018 20:05:39 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2018-07-03T18:25:28.972Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<h4>Las llamaban “reinas de la costa” por su melodiosa voz e irresistible belleza.</h4><h3>La Sirena — John William Waterhouse</h3><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/900/1*5ZEkTj-LVf7qj6GqK5oS7w.jpeg" /></figure><p>Pobre esclavo naufrago flotando en el agua sin saber a donde le llevaba el corriente. Se perdió en el canto de una sirena, siguiéndola como si fuera una mariposa siguiendo la luz. La sirena le extendió los brazos para mantenerlo a salvo en el agua, acariciándole el frente con sus suaves labios. Los dos se hundieron en el agua donde solo la muerte podría unir sus almas.</p><h3>Ulises y las sirenas</h3><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/900/1*xZrH2JA3PQhFBF9sJSRi3Q.jpeg" /><figcaption>John William Waterhouse</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/900/1*x5YXvUbikRSun-V-PVljmw.jpeg" /><figcaption>Herbert James Draper</figcaption></figure><p>Las sirenas, con sus melodiosas voces intentaron conducir a todos los navegantes a la destrucción. Ulises, advertido por el oráculo, ordenó que los marineros se taparan los oídos con cera y que ataran a él en el mástil para así nos fueran engañados por las bellas criaturas.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/900/1*LJhOArraYXKQ5HCF6GH4mA.jpeg" /><figcaption>William Etty</figcaption></figure><p>¿Sirenas o humanas? ¿Belleza o muerte? Quizá, cada uno forma una parte del otro.</p><h3>El pecador y la sirena</h3><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/900/1*sUzQOAFvBG0fpKeV_MlfNg.jpeg" /><figcaption>La Sirena — Giulio Aristide Sartorio</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1000/1*KmUfM6PHCfjrF_E1ZfAFJg.jpeg" /><figcaption>Leighton</figcaption></figure><p>El pescador, sin ningún ánimo, lanzó la red de pesca como cualquier otro día. Para su sorpresa, cayó en la trampa un gigante pez, el cual se transformó en una bella mujer. Su rostro era tan clara como el agua, su cabello podría compararse con el sol. El muchacho se quedó tan maravillado que olvidó su propia desgracia, simplemente tendió un brazo para sacar a la chica del agua. La chica, atraída por el extraño, se acercó al borde del barco. Fue cuando el pescador vio por primera vez su larga cola de serpiente.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/900/1*4w0cxxmpaqdcA1hcsfmhxA.jpeg" /><figcaption>Herbert James Draper</figcaption></figure><p>El pescador tiraba fuerte de la red, algo pesaba más de la cuenta. Una mujer con cabello extraño apareció, cantando con una triste voz. Enamorado estaba al acercarse al rostro de la mujer. Advertido de una repentina muerte si haber yacido con ella. Muerte no temía el chico sino no poder contar su amor al día siguiente. Si podría besar los labios de la criatura más hermosa del mar, dormir, dormido estaría.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/900/1*Z0anpBTSAkA1dV2eps9Yzg.jpeg" /><figcaption>El beso de una sirena — Gustav Wertheimer</figcaption></figure><p>El corriente del agua le roza los pies como si estuviera nadando en la nube. Volando estará entre la pasión del marinero y sus cálidos besos. Y la única forma de sellar esta unión será en las profundidades insondables.</p><h3>La sirenita</h3><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/900/1*QingrxAnvSZdjfxXVzTwcQ.jpeg" /><figcaption>Las sirenas del mar — Evelyn de Morgan</figcaption></figure><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/900/1*UiUEeB6SlExtR316S0qNiw.jpeg" /><figcaption>Una carrera con sirenas — Collier Twentyman Smithers</figcaption></figure><p>Cinco hermanas y la más pequeña la más atraviesa, quien se enamoró de un príncipe por el cual quería transformarse en humano. Pobre sirenita, cambió la cola por las piernas, perdió la voz, consecuencia del hechizo. Su amor no estaba hecho de palabras. Palabras solo necesitaba el príncipe, quién le rompió el corazón. Traicionada y repugnada, la pequeña sirena eligió amor antes que la fría venganza.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=864c58194ba5" width="1" height="1" alt=""><hr><p><a href="https://medium.com/los-mismos-ojos/cuadros-y-pinturas-de-sirenas-mitos-o-fantas%C3%ADas-864c58194ba5">Cuadros y pinturas de Sirenas ¿Mitos o fantasías?</a> was originally published in <a href="https://medium.com/los-mismos-ojos">Los mismos ojos</a> on Medium, where people are continuing the conversation by highlighting and responding to this story.</p>]]></content:encoded>
        </item>
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