El Universo es Mental… La Mente es Universal

Caminos neuronales, saltos cuánticos, manifestaciones y la responsabilidad como la última frontera

La estructura de una neurona en comparación con el Universo

Antes de empezar a exponer mi punto de vista en cuanto a la relación de nuestros procesos de pensamiento y las manifestaciones del universo, quiero aclarar que en ningún momento considero esto como un hecho científico o una realidad absoluta. Simplemente utilizo analogías, ideas, conceptos y relatos que me ayudaron a entender mis propios procesos mentales y los resultados e impactos que estos han tenido en mi vida.

Hay mucha información rondando en los nuevos medios digitales donde se compara a una neurona con una galaxia y el conjunto de ellas con el universo. Puede que esta aparente similitud se limite a la forma. Para mí, hay una correlación directa y tangible entre ambos.

Pienso que nuestros procesos mentales, o “caminos neuronales” tienen una gran influencia en nuestras vidas, desde las cosas más triviales, como la calle que elegimos para llegar al trabajo, pasando por factores más “importantes” como el tipo de pareja que elegimos, la carrera que estudiamos o el trabajo que realizamos. Pero no se detiene ahí, estos mismos procesos determinan con qué gente nos relacionamos, y la combinación de nuestras mentes, va dando forma al lugar donde vivimos, nuestra cuidad, país, y creo fervientemente que hasta el estado mismo del planeta y la creación del universo. Espero que al final de este artículo les pueda quedar claro esto, y darle al grano al título del mismo.

Visualizo los procesos del cerebro como “caminos” que seguimos todos los días para llegar a un punto. Los podemos comparar con las calles de la ciudad. Las avenidas más grandes es por donde más vamos y venimos, al igual que todos los demás. Con este flujo la avenida se va haciendo más transitada y se tiene que ampliar. Todos los días pasamos por el mismo lugar en diversas ocasiones. Entre más grande la avenida, más y más personas la van a utilizar. Creo que lo mismo sucede con las formas de pensar. Si bien las avenidas son la manera más “rápida y directa” de llegar a un punto, van convirtiendo nuestras vidas en algo lineal, repetitivo, monótono y hasta cierto punto aburrido. Cada vez más gente se “adhiere” a este tipo de pensamiento como utilizar el periférico y tenemos que esta forma de vivir se extiende a toda una ciudad, país, o incluso el mundo entero.

Esperamos resultados diferentes y tener experiencias enriquecedoras pero no estamos dispuestos a salirnos de la autopista principal. Creo que es aquí donde empezamos a sufrir de uno de nuestros más grandes males, ser víctimas de nuestro destino. Pongo como ejemplo tratar de encontrar un nuevo restaurant por la misma calle donde pasamos todos los días. Nuestro destino depende de que a “alguien más” o “los demás” se les ocurra poner este restaurant. En cambio, con un simple desvío por una nueva calle, podemos descubrir cientos de restaurantes, que siempre han estado ahí, pero que nunca nos aventuramos en irlos a descubrir. Otros los pusieron claro, pero fué nuestra decisión de ir en la búsqueda de lo nuevo que nos permitió encontrarlos, y al final es nuestra vida la que se enriquece. No sólo creando y construyendo se puede ser dueño del destino, creo que hay que empezar por ir descubriendo cosas nuevas.

He detectado y experimentado varias maneras de cambiar mis propios procesos mentales. Unos tan obvios y sencillos como hacer cosas diferentes y nuevas, y otros más complejos que acontinuación quiero presentarles.

Cambio de hábitos

Parafraseando a Albert Einstein, para obtener resultados diferentes tenemos que actuar de manera diferente. Suena más fácil decirlo que hacerlo. Pienso que 2 maneras fundamentales para cambiar nuestros hábitos, y por ende nuestros resultados. El primero es lanzarnos directamente a la acción. Tomar una nueva calle, probar una nueva comida, hacer un viaje inesperado, empezar a hacer ejercicio, hacer una dieta o simplemente hacer algo que nunca nos atrevimos a hacer. La segunda es mediante un proceso de introspección, análisis interno profundo o auto evaluación. Puede ser a través de la meditación, de una práctica espiritual, talleres de programación o motivación, o muchas otras formas que tengan lugar en nuestro interior.

Lo interesante es que en vez de tener que escoger entre una u otra, más bien las podemos complementar y así potenciar el impacto que estas tengan en nuestras vidas. Si sólo actuamos, esto nos podría llevar a un nuevo ciclo de “estancamiento.” Si sólo lo meditamos o lo dejamos en nuestras mentes, la manifestación de los resultados puede tardar o nunca llegar. Si actuamos y meditamos sobre lo que hacemos, podemos entrar en una dinámica de crecimiento y desarrollo de nuestro potencial.

Ambas formas necesitan de una metodología y disciplina para ir expandiendo nuestras fronteras mentales, derribando obstáculos, cerrando ciclos y enfrentando nuestros miedos. El resultado se puede visualizar, continuando con la analogía de las calles, con un entramado de avenidas, callejones, caminos de terracería y súper autopistas, convirtiendo nuestra vida en una experiencia completamente rica, divertida, novedosa y emocionante. Y lo más importante, es que estas avenidas o “terminaciones neuronales” se quedan abiertas para de ahí seguir construyendo y ampliando nuestros caminos, abriendo nuestro abanico de posibilidades al infinito.

Saltos cuánticos

Al igual que los cambios de hábitos, un salto cuántico se puede abordar primero en nuestra mente o directo a la acción. La gran diferencia entre un salto es que aquí no hay un proceso o disciplina para hacerlo, es, como su nombre lo dice, un salto. Me imagino un salto cuántico como una tele transportación a donde queremos estar. En vez de tener que ir construyendo avenidas para llegar a un lugar, simlemente lo imaginamos y lo creamos.

Cuando digo que se puede lograr de las 2 formas, es porque ya he intentado las dos, y creo que depende de las circunstancias de la persona para elegir entre una y otra.

Si no hay responsabilidades o muchas obligaciones de por medio, se puede aventurar directamente a la acción. Escoger un lugar y sin pensarlo mucho, dar el brinco. Ya estando en este nuevo lugar, la construcción de las nuevas avenidas o procesos mentales nos tienen que “alcanzar” a nosotros. Imagino una ciudad de noche vista desde arriba, donde se ven claramente los límites de la ciudad, y el salto como un punto iluminado alejado de la ciudad sin nada que conecte uno con otro, sólo el vacío. Ahora es el trabajo del cerebro (y el universo) en conectar este punto nuevo con el sistema. Aquí es donde “obligamos” al cerebro a construir nuevos procesos mentales, pero ahora la construcción se hace hacia nuestra dirección. El conjunto de nuevas experiencias, personas, costumbres o rutinas, van a construir una nueva enramada de procesos hasta juntarlos con todo lo demás. Esto ofrece un enriquecimiento “instantáneo” de nuestras vidas, y si regresamos a nuestras avenidas más “habituales,” ya lo hacemos contando con una frontera mucho más amplia de pensamiento.

Para las personas que ya tenemos responsabilidades, familia y otras obligaciones, no es imposible realizar un salto cuántico, sólo hay que hacerlo de otra. Aquí es donde entra el poder de la visualización. En este caso, tenemos que activar este nuevo punto en nuestro cerebro, siguiendo la misma analogía de la ciudad iluminada, pero ahora sólo utilizando nuestras mentes. Antes de proceder a la acción, tenemos que usar todos nuestros recursos mentales para encender en nuestro cerebro un punto de referencia mental hacia dónde queremos ir. Aquí es donde entra la filosofía “crees es crear” o en téminos más coloquiales, cuando decimos hay que rezar para que llueva pero salir con el paraguas en la mano. A lo que me refiero es que no se trata de “pedir” que esto suceda, si no creer con todas las células de nuestro cuerpo y nuestro cerebro que ya es un hecho. Para disponer de toda nuestra energía para realizar esta maniobra mental, hay que dejar a un lado nuestros miedos, límites y creencias que nos detienen y que drenan nuestra energía. Al hacerlo, de damos a nuestro “intento mental” todo lo que tenemos.

Una vez estableciendo este nuevo punto, nos queda todavía trabajo por hacer. Ahora tenemos que construir mentalmente todas las posibilidades y caminos que nos van a llevar a ese lugar. Mentalmente derribar los obstáculos que se nos van a presentar, arreglar lo que haya que arreglar, y una vez que la red esté construida, llega el momento de actuar. Tenemos que regresar mentalmente a nuestro punto de orígen y ahora sí llevar físicamente nuestro cuerpo por ese proceso que ya habíamos creado. La ventaja es que si se nos presentan problemas, barreras u obstáculos, ya tenemos una referencia de cómo resolverlos, incluso si se presentaran algunos que no teníamos previstos, el nuevo “punto energético” que establecimos como destino final nos va a ayudar a “jalarnos” hacia él, haciendo que la resolución de los problemas sea más eficiente.

Para poder incursionar en estos “saltos cuánticos” es necesario reunir la suficiente energía y confianza. Los cambios de hábitos nos pueden ayudar a obtener la disciplina y perseverancia necesaria para derribar los límites y poder lograrlo.

Nótese que en este proceso de visualización, no dejamos fuera los problemas u obstáculos. Muchas veces pensamos que el hecho de visualizar o “pensar positivo” quiere decir que todo lo que se manifieste será pura miel. Creo que lo que se nos manifiesta en el camino, tanto aciertos como problemas, son parte del proceso. Los problemas, miedos, deudas, ciclos abiertos, límites y creencias limitantes, son como “sanguijuelas” energéticas que no nos permiten reunir la energía suficiente para realizar estos saltos. Que se nos manifiesten es un regalo, es una oportunidad de enfrentarlos y resolverlos para “liberar” la energía que teníamos invertida en ellas para poder utilizarla a nuestro favor. Entre más energía liberamos, más largos nuestros saltos, más amplias nuestras fronteras y más impacto generan nuestros resultados, hasta llegar un punto en que podemos manifestar o materializar nuestros más grandes sueños.

También es importante aclarar que los “saltos” no siempre implican cambiar de lugar, esto sólo lo utilizo como una analogía. Si bien es enriquecedor un cambio de ciudad o país, los saltos pueden ser otro tipo de metas personales, de trabajo, de nuestras finanzas, pero siempre con el objetivo de obtener los resultados que verdaderamente queremos para nosotros, para los que nos rodean, para nuestra ciudad o el mismo planeta.

La responsabilidad

Si pudimos entender que absolutamente todo lo que vivimos tiene su origen en nuestras mentes, y cómo cambiar nuestros procesos mentales puede llevar a un cambio radical de resultados… ¿Cómo podemos seguir creyendo que somos víctimas del destino, del universo, del gobierno, de la sociedad o de nuestras creencias?

Una regla fundamental es hacernos responsables por todo. No podemos confundir la respnsabilidad con la culpa. La culpa sigue siendo victiméz. La responsabilidad implica en verdad estar conscientes de que en todo momento estamos creando nuestra realidad y nuestras circunstancias. Lo que escribí arriba no puede ser “utilizado” si no somos responsables por todo. No podemos sólo esperar los “beneficios” sin aceptar también lo “negativo.”

Para explicar esto de una manera gráfica, voy a utilizar el ejemplo de nuestros ojos. Imaginemos que la postura de ser una víctima es considerar nuestros ojos como se nos ha enseñado, como simples receptores de información. Donde no tenemos control sobre lo que entra y lo único que nos queda es etiquetar, juzgar, catalogar y ordenar la información. Imaginemos que los ojos sólamente son un puerto USB por donde nos entran diferentes programas y nuestro cerebro sólo está ahí para ejecutarlos sin poderlos modificar. Todo “nos sucede” y las personas “son como son.” Las cosas pasan y le toca a otros hacer algo para cambiarlas. Donde los demás son los que tienen que cambiar para poder “percibir” un cambio positivo en nuestro ambiente.

Ahora vamos a voltear un poco la cosa. Vamos a imaginar que nuestros ojos son proyectores, y que el planeta y el universo son la “pantalla.” Todo lo que se ve en esa pantalla viene de nuestro cerebro. Nosotros generamos la película en nuestra cabeza, y nuestros ojos lanzan un rayo de luz y colores que se manifiesta en la “realidad.” Nosotros creamos a cada personaje, les asignamos sus atributos y defectos y así es como interactúan con nosotros en nuestras proyecciones. Las más grandes obras de arte salen de nuestra imaginación y las exponemos en museos y galerías que nosotros mismos creamos en nuestra mente. Todos lo paisajes más bellos del planeta son un reflejo de nuestros pensamientos. Proyectamos las estrellas, galaxias y todo el universo a través de nuestros ojos. Pero también la pobreza, la enfermedad, la violencia y la escasez viene de nuestras mentes. Nos juntamos con otras personas en las mismas avenidas y entre todos nuestros ojos fabricamos una pantalla IMAX del tamaño del mundo.

A esto me refiero cuando hay que hacernos responsables por todo. La “realidad” es una manifestación de nuestras mentes, o mejor dicho, nuestra Mente Colectiva o Universal. Si soy 100% responsable de todo mi principal tarea es cambiar mis procesos mentales para manifestar a través de mis ojos el mundo que yo quiero ver, el mundo en el que quiero que vivan mis hijos. Imaginemos que los ojos sólo pueden ir en una dirección, o somos responsables por todo o somos víctimas de todo.

En el momento en que pueda reunir toda mi energía, derribando miedos, límites y creencias, pueda dar saltos cuánticos gigantescos y pueda proyectar a través de mis ojos mis más grandes sueños, habré llegado a la última frontera, que la imagino como una esfera luminosa de energía de donde surgen todas las posibilidades y todo es posible, como una GRAN NEURONA de donde pueden salir conexiones hacia donde sea. Donde podemos “conectar” nuestros caminos mentales o “físicos” en 360 grados y hacia todas las dimensiones donde ya no existem los límites.

Creo que todo es posible… ¿tú qué crees?

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