Todo a mi alrededor hoy me grita tu nombre, pero no me corresponde ser el que escucha ahorita, cada letra que escrita por mi mano pudo cruzar tu mirada, hoy están destrozadas entre llanto y ceniza, pues el tiempo es cruel compañero para los impacientes, y yo soy mal compañero del tiempo que no cura.
Niña, de tu mundo perdí el norte, y ya no me corresponde ser quien grita ahorita. Ni grito ni escucho, sordo y mudo, perdido, como siempre, soy despojo de una mejor versión de mí mismo, esa que viste y abandonaste, esa que hoy roída por el tiempo y los recuerdos solo le queda conformarse con eso, recuerdos, o mejor dicho puñales, o mejor dicho ventanas a un mundo mejor que el que piso ahora, un mundo donde aún hoy estoy contigo.
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