Ex jueza Djalma Blum: La Justicia es el arma de los políticos para anular al enemigo

DJALMA BLUM FUE MENOS DE UN AÑO JUEZA DE LO PENAL DEL GUAYAS. TIEMPO SUFICIENTE PARA DAR TESTIMONIO DE UN VIEJO TEMA, HOY DE MODA NUEVAMENTE: LA INJERENCIA POLÍTICA EN LA JUSTICIA. BLUM ASEGURA QUE EL ABOGADO DE RAFAEL CORREA LE LLEVÓ UNA SENTENCIA PARA QUE NOTIFIQUE, RECIBIÓ UNA LLAMADA DE ALEXIS MERA PARA FRENAR UN JUICIO Y PADECE, EN CARNE PROPIA, LAS REPRESALIAS POR NO HABERSE ALINEADO.

¿Cómo fue su designación como jueza penal?

Me posesionaron como jueza penal en octubre de 2014, en un acto
público. A esa fecha ya existían en la unidad judicial de Albán Borja,
9 procesos penales por calumnias seguidos por Jimmy Jairala contra
César Monge.

¿En ese acto público estuvieron Rafael Correa y Gustavo Jalkh?

Así es, fue el 9 de octubre de 2014, en la Corte Provincial del
Guayas, nos posesionaron como a 200 jueces.

Correa y las juezas, octubre 2014. Djalma Blum es la primera, a la izquierda.

Ahí fue que usted se tomó fotos con Correa y después se asumió que usted era
cercana al Presidente.

Sí, pero fueron fotos públicas, como las que una se toma en un acto público. Nada más.

¿Usted no lo conocía al presidente?

Para nada, ni a Gustavo Jalkh. Nosotros como jueces no teníamos acceso a ningún miembro del Consejo de la Judicatura. Nunca tuvimos contacto.

Lo de las fotos fue casual, entonces.

Fue un acto público. Fue una coincidencia que justo a mí el
nombramiento me lo tuvo que dar en el acto el presidente de la
República. Al terminar la ceremonia, los jueces nos tomamos las fotos
grupales.

¿Usted no tenía alguna afinidad con el presidente?

Nunca he tenido afinidad política con nadie.

Le pregunto porque cuando se hizo cargo del caso Monge-Jairala,
salieron a la luz esas fotos y en redes se asumió que usted era jueza
oficialista.

Así fue, todo el mundo pensó que por esas fotos en la ceremonia yo iba
a fallar a favor de Jairala. Y eso que yo no había emitido nunca
ningún pronunciamiento, porque la primera audiencia recién se celebró
el 23 de diciembre de 2014. Las querellas se habían presentado en mayo
de 2014. Fueron 16 o 17 querellas en total y después se decretó una
acumulación de procesos hacia el primer juez que conoció los casos,
que fui yo. Y estos casos, que eran privados, se volvieron sensibles
porque intervino el abogado del presidente de la República que influía
negativamente. Gutemberg Vera era el abogado de Rafael Correa, de
Camilo Samán, de Jimmy Jairala y de funcionarios del gobierno que
tenían algún problema. Se sobreentendía que todos los procesos iban a
tener iguales resultados. Y Vera presentaba escritos de una línea:
“provéase en Derecho lo que corresponda”. Y para controlar la conducta
de nosotros, los jueces, todos los días venían los asistentes del
estudio jurídico de Gutemberg Vera, ingresaban sin poder hacerlo
porque no pueden tener acceso a los jueces, y se sentaban en el
espacio del secretario, de los coordinadores o de los jueces, porque
tenían autorización y poder para hacerlo.

¿Autorización de quién?

Del Consejo de la Judicatura y de la presidencia de la República.
Porque nadie los sacaba. Y yo no podía permitir que estas personas
ingresen a mi despacho.

¿Y usted que hacía? ¿Reclamó?

Por supuesto, los saqué en repetidas ocasiones. Y se lo informé a la
Coordinadora, al personal de Gestión Procesal, pero no sirvió de nada
porque eran amigos. Estos chicos tenían poder, entraban y salían
cuando les daba la gana y nadie hacía nada. Cosa contraria con los
abogados de César Monge que ni se les permitía sacar copias y tuvieron
muchas restricciones.

¿Usted se sentía intimidada?

Por supuesto. Pero yo no me dejé, porque a mí nadie me regaló el
puesto, nadie me ayudó, gané por mis méritos y se demoraron muchísimo
en posesionarme, como al año y medio. Antes de mí posesionaron a
personas que tenían menos puntaje. E hice lo que tuve que hacer en su
momento. Después de realizada la audiencia, como ellos entraban cuando
querían, un día entró un asistente de la oficina de Gutemberg Vera,
por la tarde, y me dio una sentencia de tres páginas. Era lógico que
no me la iban a dar en pen drive, por el antecedente de Chucky Seven.
Me la dio impresa.

¿Cómo fue ese momento?

Imagínese usted, sentado en la computadora trabajando en la
computadora y de repente le abren la puerta. Me dice: tome la sentencia para que notifique. Yo le rompí los papeles y le dije que tiene dos minutos para irse o llamo a la policía.

¿Usted no pensó tomar acciones legales por esto? Un hecho así podría ser un delito.

No había nada. ¿Quién iba a calificar una denuncia de esto? Si el
fiscal provincial era su pana, Paúl Ponce. Sino mire lo que ha pasado
en la Fiscalía con las investigaciones por peculado. Gutemberg Vera no
figura en muchas cosas porque tiene sus asistentes que firman por él.
Pero él es el quien maneja los títeres. Y todavía mantiene su poder en
procesos penales, un hombre con mucho poder.

¿Denunció ante alguien esto? ¿Alguien de la Judicatura se enteró de esto?

Claro, yo les informé pero no hicieron nada, porque era su amigo, lo
iban a proteger.

En Judicatura piden la denuncia por escrito, una cosa es que se diga
verbalmente y otra que esté formalizada, presentada ante ellos.

Quien tenía que denunciarle a ellos eran los coordinadores, y no lo
iban a hacer, porque cuando entraban los enviados estaban los
directores de Gestión Procesal. Los enviados no entraban
arbitrariamente, lo hacían con el consentimiento de la Judicatura.
Entonces uno era el malo, el desobediente, uno era el malcriado por no
atender al señor y no darle la prioridad que el señor necesita. Y
entraban todos los días.

¿Qué pasó cuando notificó la sentencia?

Cuando yo notifiqué la sentencia, yo ya sabía que teníamos el sistema
informático intervenido, pinchado, porque resulta que en ciertos
juicios se notificaba a una persona X que no tenía nada que ver:
Adalberto Ulpiano, con una casilla judicial que no tenía nada que
hacer en el proceso. En el sistema podíamos entrar secretario y juez
y lo eliminábamos, pero volvía a aparecer Adalberto Ulpiano.
Automáticamente se notificaba. Y de esto informamos a Gestión
Procesal, a los ingenieros informáticos y dijeron que no pasa nada.
Esto pasaba en los juicios importantes, no en todos los juicios. Y
siempre el mismo nombre, Adalberto Ulpiano. Yo informaba oportunamente
todas las injerencias. La sentencia la notifiqué el 16 de enero de
2015, ratificando el estado de inocencia de César Monge y mi
motivación fue basada en la jurisprudencia de la Corte Interamericana
de Derechos Humanos, que dice que, estando en elecciones el candidato,
se somete al escrutinio público y no hay tal calumnia, porque además
en los juicios el abogado del prefecto no probó que se afectó su honor
objetivo, lo que la gente piensa de él. Si se hubiera afectado su
honor, no hubiera ganado la elección de prefecto. Esa fue mi
valoración.

¿Qué pasó después?

Gutemberg Vera me puso una queja y me abrieron un expediente. Como era
un proceso privado, hubiera sido muy evidente que el Consejo de la
Judicatura me destituya, por dictar la inocencia de César Monge.
Además fue precavida y guardé unas conversaciones de WhatsApp con el
Director Nacional de Transparencia de la Judicatura de esa época. Una
de las primeras represalias que tuvieron fue el 28 de enero de 2015,
cuando concedí la apelación, me quitaron el encargo del juzgado el
mismo día que notifiqué. Me dejaron con el otro juzgado que yo estaba
a cargo, en el que realmente se veían delitos de bagatela,
contravenciones penales, peleas entre vecinos.

“En plena audiencia, interrumpió un funcionario de Gestión
Procesal del Consejo de la Judicatura, me llevó un teléfono y me dice que conteste. Como las audiencias tienen audio, todo se grabó. Era Alexis Mera Giler. Me dijo que no despache y no toque nada del caso Banco Territorial”

¿Y después?

Como yo tenía una alta producción, no tenían como molestarme. Pero en
noviembre de 2014 había conocido una indagación del Banco Territorial,
otro proceso sensible que estaba en indagación previa, y así se
mantenía por orden del gobierno, ese caso no se tocaba desde la
quiebra del Banco Territorial. El fiscal había hecho un pedido, yo lo
atendí, pero después como el juez actúa a petición del fiscal no tenía
nada que despachar, el juez no tiene iniciativa procesal. El encargo
de ese juzgado se lo dieron a otra jueza, Shirley Lindao, al mes de
quitarme el encargo, el 21 de febrero de 2015 ella despacha de oficio
esa indagación previa y enciende las alarmas del Consejo de la
Judicatura que había dispuesto no tocar ese expediente.

¿Ellos pueden ordenar no tocar un expediente?

Les comento que yo estaba en una audiencia pública, por otro caso,
estaban presentes más de 50 personas, intervenían los sujetos
procesales, los celulares deben estar en silencio, nadie puede atender
llamadas, entonces me había estado llamando a mi celular un número
privado. En plena audiencia, interrumpió un funcionario de Gestión
Procesal del Consejo de la Judicatura, me llevó un teléfono y me dice
que conteste. Como las audiencias tienen audio, todo se grabó. Era
Alexis Mera Giler, la llamada se grabó porque estábamos en audiencia y
todo el mundo se quedó espantado. Era para decirme que no despache y
no toque nada del Banco Territorial. Está el audio de la audiencia
grabado.

¿Usted puso en altavoz la llamada?

Mi conversación está grabada, lo que yo le respondía a él.

¿Usted lo nombró en algún momento?

Por supuesto. Es que esa persona interrumpió la audiencia, todo el
mundo se quedó espantado. Más de 50 personas son testigos que me llamó
Alexis Mera. Y la audiencia se suspendió por esa llamada. Yo ponía
seguro a la sala de Audiencias, pero fueron con personal y abrieron la
puerta.

¿Así de directa era la injerencia?

Por supuesto. Yo no había tocado ese proceso. Había pasado un mes que
me cesaron el encargo de ese juzgado, la jueza despachó algo que ella
habrá creído conveniente, pero no era mi problema, yo no tenía nada
que ver. Al Consejo de la Judicatura no le gustó ese despacho, justo
era viernes, yo me iba del país de vacaciones, estaba fuera y me llama
un agente de policía para decirme que yo tenía orden de captura. ¿Por
qué?, pregunté y me responde que yo había despachado algo del Banco
Territorial. Yo no era la jueza de ese juzgado, no había despachado
nada y ellos sabían que yo no era la jueza, porque la Judicatura fue
la que me quitó el encargo.

¿Qué se pretendía entonces?

Querían hacerme el show, hacerme quedar mal e hicieron un operativo
para capturarme. Estaba todo listo para cogerme como cogen a todos los
funcionarios en delito flagrante y después armarle el asunto. A la
otra jueza tampoco la pudieron capturar ni nada, la sancionaron con 90
días de suspensión y luego la destituyeron. Dentro de ese proceso
contra ella, que son personalísimos, decidió la Judicatura iniciar
otro proceso contra mí, por el caso Territorial que había despachado
ella. Me sentí ofendida.

¿Qué pasó con el expediente que le abrieron por el caso Jairala?

Me declararon inocente, no me sancionaron por el error inexcusable,
porque hubiera sido muy evidente, la opinión pública les iba a caer.
Ya estaba el antecedente de El Universo. Pero me abren otro expediente
por el caso Territorial, porque querían de alguna manera sacarme.
Comenzaron a hostigarme. Y le mandé un correo a Gustavo Jalkh en el
que le pedí que rectifiquen en mi caso, rectifican o renuncio.
Entonces mandé mi renuncia por correo electrónico el 29 de mayo de
2015, por haberme iniciado un expediente por un caso en el que no
intervine.

¿Por qué no se defendió y prefirió renunciar?

Porque me ofendieron, no me respetaron. Porque era evidente que
querían destituirme a toda costa, tenían que deshacerse de mí. Y me
aceptaron la renuncia de inmediato, pese a que nunca la presenté
formalmente, por escrito. Luego se entrometieron en los procesos
judiciales que yo patrocinaba en libre ejercicio.

¿Cómo se dio eso?

Yo tenía un proceso que había concluido en junio de 2014, antes de
entrar a la Función Judicial, sin embargo, hicieron que pierda la
segunda instancia. Allí intervino Juan Paredes. Luego de eso me
iniciaron dos expedientes administrativos como abogada en libre
ejercicio, de oficio, sin queja. Todos los expedientes que a mí me
siguieron, dos como jueza, dos como abogada, los iniciaron de oficio.

¿Fue sancionada en alguno?

He sido muy precavida y tengo todas las pruebas para defenderme. No
han podido sancionarme en ninguno. Se metieron en otro juicio mío, con
sentencia confirmada en la Corte Constitucional, han sancionado en
abril de este año a una jueza que me dio la razón en una sentencia que
dictó hace tres años. Por represalias a mí, la sancionaron a esa
jueza.

“O me hacía yo el harakiri o mandaba a la cárcel a un inocente. Y yo no iba a cargar en mi conciencia eso, no podía hacerlo. Tuve que asumir las consecuencias de mi decisión jurídica”

¿Cuánto tiempo duró usted en el cargo de jueza?

Menos de un año, exactamente once meses y medio. Solamente tuve dos
caminos. Y yo supe que el día que tomé la decisión jurídica y
ratifiqué a César Monge su estado de inocencia, que no podía ser lo
contrario, supe que me hice un harakiri. O me hacía yo el harakiri o
mandaba a la cárcel a un inocente. Y yo no iba a cargar en mi
conciencia eso, no podía hacerlo. Tuve que asumir las consecuencias de
mi decisión jurídica. No iba a cargar una injusticia solamente por
quedarme sentada en un puesto.

¿Las presiones no se dan cuando se llega al cargo, sino que se dan en
el camino de jueces?

Así es. ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Tener a un juez presionado o
tener a un juez ignorante? Lo peor que a usted le puede pasar es tener
un juez ignorante, porque usted no sabe qué va a hacer, desconoce la
ley. Muchos de los jueces que ellos posesionaron son novatos, personas
vulnerables, fáciles de presionar, personas que no se pueden
desarrollar activamente y sobrevivir lucrativamente en su ejercicio
privado. Yo tenía 15 años de experiencia profesional. Y yo concursé
cuando tuve una Maestría en Derecho Penal y tuve la edad adecuada que
el cargo necesita, con una formación adecuada para resolver de una
manera ecuánime. Una persona joven no tiene esa ecuanimidad, esa
sapiencia que la da el conocimiento y la experiencia.

Ahora hay muchos jueces jóvenes en la Función Judicial.

Por supuesto. Son personas sin experiencia que se amoldan y
lamentablemente aceptan las presiones, si les llega el caso, porque
necesitan el sueldo. Yo notifiqué todas las injerencias que tuve, en
su debido momento, por correo electrónico y nunca me fueron
respondidas. Absolutamente nunca. No se tomaban las molestias de
siquiera responder. Es como si usted estuviera en una pesadilla, se
quiere levantar y no puede. Y todos sus gritos son gritos ahogados,
porque nadie la escucha.

¿Conversaban entre ustedes los jueces? ¿Se desahogaban de tanta presión?

El ámbito de la Función Judicial es de mucho egoísmo, muy sucio. Cada uno tiene que salir adelante con su producción y ahí se aplica el proverbio “el hombre es lobo del hombre”. Cada cual salva su cabeza y lo que tú hagas es tu problema. No hay una verdadera amistad entre jueces.

Ahora que ve la situación desde afuera, ¿qué cree que se debe hacer para eliminar de una vez la injerencia política en la justicia? Esta no es una situación nueva.

El Consejo de la Judicatura nunca va a reconocer esta injerencia. Pero el poder Judicial es el medio coercitivo para anular a un ser humano. Mire el caso de Galo Lara, preso injustamente, un caso emblemático. Y esto no se va a acabar porque es una política de Estado.

¿Tanto así? ¿Venga quien venga al poder?

Es una política de Estado que no se va a acabar y estamos con un riesgo político tremendo, porque tenemos una mayoría de Alianza País, que si consiguen convocar una Asamblea Constituyente vamos a tener un gobierno de facto, como en Venezuela.

¿Quién maneja los hilos de la justicia? Antes se decía que era Correa. ¿Y ahora?

Sigue siendo Correa, porque toda esta gente es de Correa, son de Alianza País, todos están alineados. Todo sigue siendo lo mismo. La justicia tiene que ser independiente, pero eso nunca terminará de ser así porque el poder Judicial es el arma de los políticos para anular al enemigo.

Marlon Puertas