

Sajad, 15 años — seguro en Austria
En 2015, más de 1 millón de personas cruzaron el Mediterráneo para llegar a Europa. Uno de cada cuatro era un niño. Los niños en tránsito sufren vulnerabilidades y tienen necesidades de protección específicas, y los viajes que realizan por mar o por tierra suponen un riesgo importante para ellos y sus familias, así como un desafío tanto para los países europeos donde estas personas se encuentran de paso, como para los que son su destino final.


Los niños y niñas especialmente vulnerables incluyen aquellos que tienen discapacidades y necesidades especiales, ya que durante el viaje encuentran muy pocos servicios especializados disponibles. Sajad Al-Faraji, de 15 años (en silla de ruedas) y su familia, procedentes de Iraq, abordan un tren de refugiados de Preševo a Croacia.


El estrés y la fatiga son uno de los riesgos adicionales que confrontan los niños. Ahora en Austria, Sajad (izquierda), enfermo y agotado, tiene que pasar todo el día en el Kurier Haus, un centro de procesamiento de refugiados ubicado en Viena, la capital, donde él y su familia están solicitando asilo.


La hermana de Sajad, Houda Al-Malek (centro), comienza el proceso de solicitud para la familia. “Mi madre asumió el riesgo y decidió abandonar Iraq”, dice. “Me dijo que estaba dispuesta a morir en el mar, pero lo más importante era llevar a mis hermanos al país que elegí”.


La familia, aunque segura en su destino final, debe ahora pasar por el complejo proceso de registro y documentación. Sajad y Houda (detrás de él) esperan durante el largo y lento proceso.


El hermano de Sajad, Zein Alabdien, de 13 años, es fotografiado como parte de los procedimientos de documentación a los que son sometidos los refugiados e inmigrantes en tránsito. Houda, detrás de él con Sajad y su madre, dice: “Aquí hay seguridad, pero en Iraq no hay ninguna seguridad. Iraq está lleno de cosas malas”.


Al hablar sobre su viaje, Houda dice: “Nos enfrentamos a enormes dificultades, pero cuando cruzamos a este país las cosas fueron un poco mejor”. Una vez que han terminado el registro y la documentación, Zein, Sajad y su madre, Fatima Al-Hammoudi, comienzan a explorar la capital.


A veces la familia tuvo que comprar cuatro billetes para subir a un tren sólo para descubrir que no había asientos. Sajad tuvo que dormir en el pasillo, y la familia tuvo que poner el equipaje encima suyo. “Aquí todo es bello”, dice Sajad mientras descubre Viena.


Él, su madre y su hermana también disfrutaron de una visita al Café Central de Viena. “Mi mamá sigue diciendo que aquí la gente nos recibió con empatía y que aquí los individuos disfrutan de la protección de sus derechos”, dice Houda. Sajad disfruta viendo programas deportivos en la televisión. Le gustaría convertirse en un atleta.


Sajad, que sufrió una parálisis con un mes de edad después de una cirugía deficiente que dañó su columna vertebral, sufrió problemas de movilidad durante todo el viaje. En la entrada a un edificio en la capital, Sajad y Zein reciben ayuda con la silla de ruedas de Sajad.


“Todo… todo es hermoso”, dijo Sajad mientras admiraba los cuadros en la galería de pintura durante la visita de la familia al Museo Kunsthistorisches de Viena (Museo de Historia del Arte). “Todas las pinturas que vi… Me gustaron todas”.


“Yo y mi hermano damos a Sajad el máximo apoyo”, dijo Houda. “Un día llegará a ser alguien, pero será por medio de la educación y el aprendizaje. Es muy importante aprender el idioma como un primer paso”. Zein admira el techo de espejos mientras monta a en un ascensor en el Museo.


Sajad, viendo la colección de Egipto y del cercano Oriente, dijo: “Lo que más me sorprendió fue el Museo. Fue muy bonito, lleno de cosas hermosas que representaban las civilizaciones egipcia y babilónica”.


La familia de Al-Faraji vive ahora en un refugio temporal ubicado en un hospital abandonado fuera de la capital. Debido a que las viviendas para los refugiados en la ciudad están abarrotadas, los voluntarios han tenido que buscar un lugar para los refugiados y los emigrantes que llegan y no tienen dónde quedarse.


Las personas que se alojan en este refugio reciben tres comidas al día. Sajad dice: “No tengo ningún sueño”, y Houda agrega: “Seguramente tendrá una vida mejor aquí… Todavía no tiene una mentalidad abierta, pero creo que aquí tiene mejores oportunidades”. La Sra. Al-Hammoudi y Houda, en el espacio para comer.


El refugio también cuenta con un espacio de recreación, donde los niños disponen de un lugar seguro para jugar. Sajad juega al futbolín con otros niños. “Estoy agradecido a Dios”, dice. “Ahora me siento cómodo siempre que mi familia esté bien y cómoda”.


La familia sonríe en el espacio común para dormir. “Se lo debemos a mi mamá el haber podido llegar a este lugar”, dice Houda. Es urgente llevar a cabo acciones concertadas para ofrecer a todos los niños en tránsito, con o sin discapacidad, una oportunidad justa en la vida.