Un acto de humanidad

Para cada niño, una oportunidad justa. Para cada niño, un acto de humanidad.

Los niños tienen derecho al respeto, la atención y la ayuda. Un sencillo acto de humanidad, ya sea grande o pequeño (una sonrisa de bienvenida o una mano amiga; un trago de agua o apoyo emocional después de una travesía peligrosa; o simplemente ayudar a un niño a bajarse de un tren) pueden ser de gran ayuda para un niño refugiado o migrante que acaba de llegar a un lugar desconocido con hambre, frío, miedo o en soledad.


©UNICEF/UNI197517/Ashley Gilbertson VII

“Son mis hermanos y hermanas en la humanidad. Yo también soy refugiado, así que soy uno de ellos”, decía el voluntario Kinan Kadouni, un refugiado sirio que vive en Bélgica, muy sonriente junto al niño sirio al que llevaba en brazos por la orilla de la isla griega de Lesbos, en la región norte del Egeo.

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Unos voluntarios dan agua a un hombre que está tumbado en el suelo, agotado. Detrás de él, una niña refugiada con gesto de preocupación. Están cerca de la ciudad de Skala Eressos, Lesbos, después de una dura travesía por el mar. Muchos refugiados se sentían mareados y presentaban síntomas que podían amenazar sus vidas, debido a la deshidratación y el frío.

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Los voluntarios del terreno también proporcionan apoyo emocional a los refugiados y migrantes que llegan, además de atender sus necesidades físicas. (En primer plano) Una voluntaria reconforta a una niña refugiada que se encontraba aturdida, cerca de la ciudad de Mithymna, en Lesbos.

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Un voluntario afgano de la ONG ActionAid lleva en brazos a la refugiada Zarah Nabizadeh, de cinco años, su pequeña compatriota recién llegada, subiendo una cuesta desde la orilla para llevarla a los brazos extendidos que la esperan, cerca de Mithymna.

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La apertura de una comunidad a otra cultura ha reunido a los habitantes locales y los refugiados y migrantes que viven en el refugio de emergencia establecido en el Estadio Olímpico de Berlín, en Alemania, para celebrar Eid al-Adha, uno de los días más sagrados del calendario musulmán.

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En Serbia, Carolyn Ferguson (primer plano), que ha venido a Belgrado desde los Estados Unidos para asistir a la boda de unos amigos, ha dedicado parte de su estancia a ayudar en un centro de Belgrado dirigido por voluntarios en el que se proporcionan las necesidades básicas a refugiados y migrantes.

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Los actos de humanidad también sirven de ayuda durante los rituales de iniciación de los niños en la madurez. Sin un familiar o un cuidador que pueda enseñarle a afeitarse, Munir Yousufi, un menor afgano de 16 años que viaja solo, cuenta con la ayuda de un nuevo amigo que ha conocido en el campamento provisional en el que se alojan, al sur de Belgrado.

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Proporcionar los servicios esenciales es fundamental para garantizar el bienestar de los niños durante los viajes más duros. Un niño ayuda a su hermana a cruzar una zanja cavada para proporcionar electricidad al centro de tránsito de refugiados y migrantes de Vinojug, cerca de Gevgelija, en la antigua República Yugoslava de Macedonia.

©UNICEF/UN05558/Tomislav Georgiev

Esta niña pequeña del espacio amigo de la infancia establecido por UNICEF en el centro de tránsito de migrantes y refugiados de Vinojug recibe ropa de abrigo para resguardarse del frío del invierno, gracias a los fondos del departamento de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Comisión Europea (ECHO).

©UNICEF/UN07703/Vanda Kljajo

Los niños no deberían renunciar a su derecho a una infancia cuando cruzan fronteras. Todos los niños merecen un acto de humanidad y bondad. Unos voluntarios de la Cruz Roja ayudan a una niña refugiada a bajarse de un tren procedente de Serbia, en el punto de registro del Centro de Recepción de Tránsito de invierno situado en Slavonski Brod, Croacia.