Nacimiento y expansión del más grande campamento de la minería ilegal en la cuenca Amazónica.

Gabriel Arriarán
Feb 25 · 8 min read
Un columna de policías se acerca a un cráter abierto por la mineria ilegal. La selva ha tornado en un desierto. Foto: Rodrigo Abd.

Una experiencia oceánica con el tiempo al ralentí, una suerte de serenidad frente al desastre, se instala en la conciencia de los que visitan la Pampa por primera vez. En la calma de esos segundos eternos, mientras a uno se le abre la boca por el asombro, continúa el traqueteo de las motocicletas, los motocares y los peatones, todos poseídos por la codicia y movidos por el ritmo frenético de las millares de actividades que toman lugar en el drama de la realidad: mineros, pasajeros, tenderos, ferreteros, contrabandistas, narcotraficantes, cafichos y esclavas sexuales se dan cita para reabastecerse en el Km 108, y descansar, y luego reventarse el oro que les queda en una borrachera que podría durar por toda la eternidad.

La zona comenzó a poblarse el año 2006, cuando Celso Quispe, alias “Cholo Celso”, seguido de Jesús Cuba Granda, Lucio Tejada Huamaní y Leoncio Huamán Huanca, y un grupo de agresivos mineros, emprendieron la exploración de la parte baja de la cuenca del Inambari, hasta su desembocadura en el Madre de Dios, y luego subieron por la quebrada de Huacamayo rastreando los placeres de la zona.

Los cráteres abiertos por la minería ilegal en la selva. Foto: Rodrigo Abd

Todos provenían del río Madre de Dios y del Colorado. Su plan era aprovechar el alza en los precios del oro que se venía por la inminente crisis financiera, y reservar los yacimientos más ricos para las épocas de las vacas flacas, para cuando rebotara el valor de las acciones en bolsa, y el precio del oro hubiera bajado. Para su sorpresa, en las inmediaciones de la carretera Interoceánica, aquel año cerca de ser terminada, encontraron leyes mayores a las que esperaban. Entonces cruzaron la carretera hacia la zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional del Tambopata, y sus modus operandi tornaron en el blitzkrieg de la minería en la región.

Por citar un ejemplo. El 20 de julio de 2011: unas 150 personas a cargo de Quispe, Huamán y Cuba Granda invadieron los terrenos de los esposos Fernández Rodríguez. El primer día de la invasión, 18 motores operaban en la extracción del oro. A la semana eran cien. Meses después, se habían logrado contar hasta 500 motores trabajando día y noche en la extracción del oro y la devastación de la selva.

Un padre acurruca a su bebé al fondo de una de las pozas de la minería ilegal en La Pampa. Foto: Rodrigo Abd

Simples, directos, efectivos, antes o después de la invasión de predios agrícolas, concesiones castañeras y forestales, ofrecían regalías a los derechohabientes del suelo, es decir, porcentajes de la producción diaria, que podían ir de los 10 a los 15 gramos de oro, con el oro casi siempre a más de 100 soles el gramo. Pronto, cualquier persona con un poco de capital invadía los terrenos a lo largo del curso de la quebrada de Huacamayo, y luego otras, y ponía a trabajar sus motores, con permiso de sus propietarios, o sin él. El cambio de uso de las tierras a la exclusiva explotación minera se daba o por las razones del oro, o por la fuerza. Como bárbaros Atilas, literalmente, por allí por donde se instalaron sus motores no volvió a crecer la hierba.

Atraídos por esta fuente inagotable de empleo, miles de campesinos de las zonas alto andinas más deprimidas de Cusco y Puno, llegaron a buscar trabajo y a exponerse a los peligros inherentes a la actividad. No se tienen registros certeros sobre la cantidad de mineros que invadieron la zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional del Tambopata, entre los kilómetros 80 y 140 de la Carretera Interoceánica. Tampoco se sabe cuántos han muerto. La Pampa es un enorme campo de concentración y de exterminio. La Pampa es una enorme fosa común, una mancha indeleble de oprobio y vergüenza.

Un número indeterminado de obreros, sobre todo de buzos, bomberos y maraqueros (que deben sumergirse para dirigir las mangueras de succión) han muerto sepultados por derrumbes de arena o de escombros, o ahogados en las pozas de la minería ilegal. Necesitamos saber qué ha pasado realmente en este lugar.
Imágenes: Fotógrafo desconocido. Imágenes obtenidas del archivo fotográfico de la Décima Macro Región Policial Madre De Dios como parte del proyecto de investigación artística Engaging for a Revolutionary Future, en The Royal Institute of Arts, Estocolmo. Suecia.

Los peruanos suelen ser inconscientes y desmemoriados. Pero cosas como La Pampa no desaparecen así nomás de la historia. En la misma línea que los crímenes ocurridos en el Putumayo durante la fiebre del caucho, tal vez no ahora, tal vez no mañana, pero llegará el día que tus hijos o tus nietos te pregunten ¿qué hacías tú mientras esto ocurría en tu país?


Alrededor de los mineros se aglutinaron “comerciantes, abastecedores de insumos y transportistas”, que provocaron un “caos social y ambiental” que nadie logró entender. A un lado y otro de la carretera se instalaron bodegas, centros de telefonía, farmacias, pequeños restaurantes, empresas de transporte y envío informal de dinero; y hoteles de mala muerte. Así fue como nació el Km. 108, a un lado y otro de la Carretera, este enorme campamento que sirve de base logística para los mineros ilegales que se adentran a La Pampa.

Así es como unos 30 lupanares funcionan en este asentamiento, por completo ilegal. Son locales como el ya fenecido California, de Sonia Ayala Cabello, concesionaria minera y residente en Huepetuhe, más conocida como “Madame Lucero”; como Miss Sagitario y Caracas de La Noche, éste último propiedad de María Lara Girón, “La Monchi”, una conocida baronesa de la trata de personas que murió asesinada por un sicario en febrero de 2014, en Puerto Maldonado.

Así sería como, en los últimos años, proliferaron míticos puticlubs, como El Faraón, El Tibiri Tábara, el Golden, la Dulce Karicia, o el Gasparín, que suelen variar de nombre, o de testaferros, mientras los dueños continúan siendo los mismos. Así fue como Backus y Johnston, nuestra empresa cervecera de bandera, ahora propiedad de la trasnacional belga Ab In Bev, colocó a un distribuidor de cerveza a dos pasos de todos estos trocas de mala muerte, a vender millón y cuarto de soles mensuales en cajas de cerveza.

En marzo de 2014, la periodista Rosario Yori se acercaría mientras escribía una tesis en periodismo para la Universidad de Nueva York. Nada más entrar a la plaza de tierra en torno a la cual se golpan los prostíbulos, Yori se dio con tres leones. Tipo, como, tres leones africanos. Estaban en una jaula, en medio de este conglomerado de paupérrimos burdeles. Supo que estaban vivos porque vio a uno de ellos, exangüe, espantar a un tábano con la cola.

Motocares transportando cajas de cerveza por una de las trochas que conducen a los campamentos de la minería ilegal. El principal distribuidor de cerveza en la zona se llama Fidel Caviedes. Mediante su distribuidora, C&C Distribuciones Candia, ubicada en el mismo Km. 108 de la Interoceánica, compra a la fábrica de Backus, en Cusco, entre 1 y 1.25 millones de soles al mes en cerveza. Foto: Rodrigo Abd

Los capitales mafiosos de países como Rusia, China, Corea, Brasil, no tardarían en unirse al festín como hienas atraidas por el olor del oro, a habilitar a patrones de motores, o trabajar ellos mismos en la minería. El oro en bruto fluía por la carretera Interoceánica como por una lanzadera a refinarse en los quimbaletes de Nazca. Italpreziosi, PAMP, NTR–Metals refinerías de todo el mundo esperaban ansiosas las noticias de los agentes que enviaban al campo a acopiar el metal, y los embarques que se exportaban desde El Callao hacia Estados Unidos y Europa.

El oro de Madre de Dios ha terminado, principalmente, en las reservas internacionales de dos de las principales potencias financieras en el mundo: Inglaterra y Suiza. NTR–Metals, por ejemplo, es una subsidiaria de Elemmetal, a su vez una compañía de Scotia Moccata, la institución que domina el London Bullion Market, y que, dicho sea de paso, es parte del grupo al que pertenece el Scotia Bank en el Perú.

No hay reparación posible para el daño hecho por la crisis financiera mundial a la selva más prístina del planeta, y con ella, el daño ocasionado a la humanidad entera, que no pase por una demanda internacional del Perú de tres pares de cojones al London Bullion Market y al sistema bancario suizo.


Especial de Frontera Pirata sobre La Pampa

Accede a todas las historias de Frontera Pirata sobre La Pampa en los enlaces a continuación.


Fuentes consultadas

Hidalgo, M. E. (2013). “Viaje al fondo de La Pampa, el reino de la minería ilegal”. Lima. Disponible en: https://larepublica.pe/politica/738811-viaje-al-fondo-de-la-pampa-el-reino-de-la-mineria-ilegal [Última consulta: 24/02/2019]

Pachas, V. H. (2012). El sueño del corredor minero: cómo aprender a vivir contigo y sin ti. Cusco: Centro Bartolomé de las Casas.Pg. 50

Jiménez, B. (2013) “Quiénes son las baronesas de la trata de personas” Lima. Disponible en: https://larepublica.pe/sociedad/714081-quienes-son-las-baronesas-de-la-trata-de-personas [Última consulta: 24/02/2019].

Yori, R. (2014) “El oro pone las reglas. Minería y sus víctimas en Madre De Dios.” Tesis para optar por la maestría en Estudios Latinoamericanos y Periodismo en la Universidad de Nueva York. También disponible en: https://rosarioyori.wordpress.com/2016/05/04/el-oro-pone-las-reglas-mineria-y-sus-victimas-en-madre-de-dios/#more-309 [Última consulta: 24/02/2019]

Miami Herald: varios autores (2018). “Dirty gold, clean cash”. En: https://www.miamiherald.com/news/local/community/miami-dade/article194187699.html [Última consulta: 24/02/2019]

Frontera Pirata

Escritores, etnógrafos y periodistas en los márgenes del Estado

Gabriel Arriarán

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Literatura al mango: gabrielarriaran.com

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