Esperando

20:12h
No llegaba.

Era extraño. Normalmente era J. bastante puntual.

Ella había llegado un poco antes de las ocho. S. era del tipo de personas a las que no les gustaba hacer esperar a nadie, aunque esa actitud solía llevar consigo un mayor tiempo de espera e impaciencia. Pero con él no solía tener ese problema. Desde que había empezado hacía unos meses con J. una relación — no sabía bien cómo definirla; esa estúpida costumbre de ponerle etiquetas a todo — siempre le había sorprendido agradablemente su puntualidad. Esto hacía más extraña su tardanza.

20:17h
Empezaba a impacientarse. Miró el móvil inquieta. Solían hablar por Whatsapp, pero por si acaso revisó el resto de aplicaciones de mensajería instantánea de su móvil. Nada.

Siendo sincera consigo misma, S. había de admitir que su comportamiento últimamente era distinto. Llevaba un par de semanas pensándolo, pero no le había querido dar importancia. J. estaba más pendiente del móvil de lo normal, incluso cuando estaba con ella. Por ejemplo el sábado anterior, mientras estaban en el cine, lo consultó un instante durante la proyección de la película y pudo verle una ligera sonrisa bajo la luz de la pequeña pantalla. Al salir de la sala, no le comentó a S. el porqué de aquella sonrisa.

20:23h
Esa tardanza no era normal. En ese momento se le pasó por la cabeza que quizás había tenido algún problema en el trabajo, alguna reunión de última hora que le había impedido llamar y avisarla. Pero no, eso no explicaba su comportamiento últimamente. Cuando más lo pensaba, más hechos venían a su cabeza que tendían a confirmar su extraña actitud. Sí, extraña. No se le ocurría otra palabra.

Se puso a pensar en cuando se conocieron. Se pasaban el día intercambiando mensajes, espaciados por las obligaciones de trabajo de J. y los estudios universitarios que S. acababa de iniciar. Y las noches… Se hacían interminables las conversaciones, los temas se renovaban continuamente, se mezclaban con anécdotas, carcajadas y confesiones íntimas.

Pero, no sabía cómo ni por qué, esas conversaciones habían empezado a disminuir. Por el día, debido al trabajo. Por la noche, debido al cansancio del trabajo del día. Las escapadas improvisadas para verse y acariciarse se habían reducido, y ahora apenas se veían los fines de semana y la cita de los miércoles, cita a la que ahora J. estaba faltando.

20:29h
Sin darse cuenta había empezado a morderse una uña. Los nervios empezaban a consumirla. ¿Estaría él empezando a dejar de quererla? ¿Acaso había hecho ella algo mal? ¿Habría malinterpretado él algunas de sus rabietas? Si empezaba a distanciarse así con tan solo unos meses de relación, ¿cómo serían los siguientes meses?

¿Y por qué estaría J. tan pendiente del móvil? No podía quitarse eso de la cabeza. ¿Habría conocido a alguien más?

Siempre había pensado que la clave para cualquier relación era una buena comunicación y que no hubiera mentiras entre ambos. Bien. Cuando lo viera le hablaría con franqueza de lo que sentía y de las dudas que tenía sobre sus sentimientos y el alejamiento que notaba en él.

20:33h
Desde la ventana vio cómo llegaba. Estaba a punto de pasar la carretera, esperaba en el semáforo del otro lado de la calle. Le vio sonreír. Vale, igual su imaginación le había jugado una mala pasada y los nervios habían hecho el resto. Sí. Vio cómo se puso a correr en cuanto el semáforo se puso en verde. Seguro que tenía una buena razón para esa tardanza. Se vio a sí misma como una persona desequilibrada aferrándose a teorías conspiranoicas sin sentido. Se avergonzaba de sí misma.

Quizás era mejor olvidarse de todo y no comentarle sus pensamientos obtusos. Porque eran fantasías sin sentido que lo único que podían hacer eran empeorar la relación. Sí. Era mejor callarse.

20:34h
Justo cuando estaba a punto de entrar en el café, vio cómo sacaba su móvil y consultaba su pantalla. Sonrió.

Ella sintió una especie de golpe en el estómago. Todos los pensamientos negativos que acaba de desechar volvieron a su cabeza en tropel. Pero pensó que si hablaba con él sobre sus dudas, se crearía una tensión que estropearía lo que quedaba de la cita de los miércoles. Aunque eso suponía faltar a su principio de sinceridad, de no ocultarse cosas. Pero…

No, mejor no diría nada.

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