Los mejores discos internacionales del 2018

Por Mario Reggiardo: Fanático. Cofundador de A Tutiplén Records. Me gusta reseñar discos y hacer listas. También soy abogado y profesor universitario. Como edito discos de bandas nacionales, lo correcto es no ponerlas en esta lista. En mi playlist de Spotify sí me mando con 140 canciones donde vienen, entro otras de diversos países, tracks de las bandas peruanas que me encantan y edito en mi sello y también de las que no edito.

En el 2018 se mantuvo la tendencia de discos exquisitos hechos por mujeres. Ellas están más emotivas y arriesgadas que muchas bandas de hombres. Desde otra perspectiva, los latinos por primera vez marcan el paradigma universal e influyen más que nunca en USA y Europa. Hoy el mundo avanza hacia una mezcla de hip-hop, reggaetón, trap y electrónica latina. Los hispanoamericanos, usualmente ignorados por la crítica de anglosajones y europeos, ahora tenemos a Rosalía en sus rankings con lo mejor del año. Hasta la snob revista Rock de Lux sacó en portada a J Balvin para irritación de algunos ortodoxos.

Los millenials confirman que son los verdaderos posmodernos. Para ellos los límites entre los géneros prácticamente se disuelven, pero lo que me gusta es que se diluyen aún más sus prejuicios. Pueden ir del black metal a la cumbia sin conflictos y con gozadera pura. Yo, en cambio, desacelero mi metabolismo y en esta lista de discos favoritos me inclino más por el sosiego que me produce la música post-clásica, el ambient, el country y el folk.

Recomiendo que escuchen también el playlist que armé con 140 canciones lanzadas este año, donde hay además indie, shoegazing, psicodelia, electrónica, hip-hop, pop, punk, post-rock, folklore latinoamericano, mambo, jazz y algunos tracks inclasificables.

#1 Nils Frahm — All Melody

El alemán levantó su estudio en una sala del Funkhouse de Berlin, la mítica construcción para conciertos y grabaciones de los años 50s con reputación de tener la acústica perfecta. Ahí Frahm creó el universo. Al principio todo es silencio. Segundos después empieza un coro de valquirias que anuncia con discreción lo que se viene: minimalismo japonés, patrones repetitivos y triperos a lo Phillip Glass, ambient circa Eno y texturas microscópicas en plan Boards of Canada. Así hubiesen sonado las canciones medievales si los monjes en vez de órganos en los templos hubiesen tenido laptops. Escúchalo sin gente alrededor en un buen equipo o con audífonos. Los sonidos mundanos opacan su delicada composición.

#2 Amen Dunes — Freedom

Para el quinto álbum de Damon McMahons pareciera que Velvet Underground y The War on Drugs se juntaron un día a componer y grabar en Miami. Psyco-pop de grooves calmados, donde se abre la cortina para que pase un poco de luz natural luego de cuatro discos intensos y oscuros. McMahons ahora se levanta temprano y hasta muestra su rostro en la portada. Luego de la furia y el desenfreno juvenil, desde Nueva York llega un manifiesto al disfrute de la madurez. Con pequeñas reflexiones sobre la pérdida de los padres, estamos ante una celebración de la libertad y la soledad.

#3 Federico Albanese — By the deep sea

El italiano hace música post-clásica de pianos y cuerdas, pero añade con naturalidad pinceladas electrónicas y una sensibilidad de pop orquestado. Con reminiscencias a Fréderic Chopin, Dennis Johnson, Keith Jarrett y Steve Reich, estos son arpegios y melodías que avanzan con la fluidez de quien pinta un grandísimo lienzo blanco en un largo estado de inspiración. El día que la vida se extinga y los extraterrestres encuentren este disco como parte de un descubrimiento arqueológico, pensarán que los humanos vivieron en medio de la belleza absoluta.

#4 Young Fathers — Cocoa Sugar

Esto es el reflejo de Escocia en el Siglo XXI. Menos británica y más cosmopolita. Africana y caribeña sin perder el espíritu pendenciero de los legendarios habitantes del norte de la isla. En este tercer disco los Young Fathers mantienen el ritmo y ganan mística. Hay hip-hop, punk y electrónica articulados por luminosas melodías pop y mantras de magia negra. Se siente mucho a TV on The Radio, pero también a Tricky y The Fall funcionando perfecto para tíos y postadolescentes.

#5 Chancha Vía Circuito — Bienaventuranza

Pedro Canale empezó con house andino y amazónico. Pero el argentino hizo su nuevo álbum con dos músicos adicionales y por eso ya no suena a un productor diseñando en su habitación. Esto parece grabado en medio del campo como un agradecimiento a la naturaleza, así como una celebración de quienes viven en armonía con ella. “Bienaventuranza” es música latinoamericana contemporánea que empuja los rígidos límites del folclore repetitivo. Escuchamos también detalles kitsch y sonidos dulces que prescinden de la rítmica dance a lo Fourt Tet circa “Rounds”. Imagínense a Manu Chau si hubiese nacido en Sudamérica y compuesto “Clandestino” con menos marihuana y más San Pedro.

#6 Daniel Avery — Songs for Alpha

El espacio no es un lugar desolado. Ahí suena este álbum hipnótico hecho con sintetizadores y harto reverb. Este disco puede ser también el soundtrack de alguien que está solo, se prepara para ir a un club, sale de casa, va por las calles, entra al tumulto, goza en la pista de baile y retorna al amanecer en medio de la neblina. Pero la ciudad no es real. Esa historia solo ocurrió en la cabeza de este DJ inglés que ha producido un viaje desde el ambient hasta el deep house. Pastoral galáctica que genera una optimista melancolía.

#7 Nacho Vegas — Violética

Este álbum doble en CD y digital (triple en vinilo) parece un repaso por toda la obra del español: psicodelia, folklore latinoamericano, noise, flamenco, indie-rock y canción mediterránea. Vegas tiene a la música siempre como protagonista, pero mantiene el mismo nivel cuando escribe en su faceta de activista político, cronista y fantasma. Escuchen “Crímenes Cantados”, donde sentirán al mejor The Jesus & Mary Chain con una emocionante melodía a punta de puro feedback. Además verán que su letra es la mejor canción de denuncia hecha en el siglo XXI.

#8 Luluc — Sculptor

El dúo australiano hace un segundo álbum de dream-folk que quiero escuchar mientras agonizo en paz y preparo mi elevación a las estrellas. Hay tristeza, pero también el sosiego que causan las canciones de cuna. Emotivo, equilibrado y tierno. Las canciones se basan sobre todo en sus armonías de voces, muy por delante de una guitarra llena de reverberación, percusión discreta y un teclado pastel. Esto es más efectivo que cualquier terapia o pepa.

#9 Lucy Dacus — Historian

Su primer álbum fue un proyecto hecho durante el college. Eso le aseguró un contrato con Matador Records. Dos años después esta señorita dulce y tímida se manda 10 historias que en el fondo son pura catarsis personal mediante la vieja fórmula de melodías tranquilas que acaban en guitarrazos que arañan. Sus lamentos no serán revolucionarios, pero emocionan demasiado. Indie rock sincero y sin disfuerzos que sale del forro, donde interesa el impacto en el corazón y no la foto para Instagram.

#10 Alva Noto — Unieqav

El álbum más accesible de este alemán se inspiró en su residencia en la discoteca Unit de Tokio. Ya en casa eso degeneró en loops marcianos con beats que salen de un circuito eléctrico rayado. Así debe sonar el interior de una laptop funcionando, captado en absoluto silencio con un micrófono altamente sensible y amplificado para el oído humano. Electrónica hecha por inteligencia artificial, luego de procesar el techno, el minimal y el funk a 150 grados bajo cero. Estos sonidos se dejan ver y tienen forma.

#11 John Prine — The tree of forgiveness

Un grande. Luego de tener cáncer y un tumor extirpado de la garganta, a los 72 años hace un disco enorme. Country y folk de un tío curtido con profundidad por la vida.

#12 Mary Gauthier — Rifles and Rosary Beads

Alt-country sublime solo a partir de las melodías. Pero el álbum se pone desgarrador cuando uno escucha las historias de los veteranos de guerra una vez que regresan a casa.

#13 Hookworms — Microshift

Triperío que avanza presuroso lleno de entusiasmo juvenil. Puros loops electrónicos con guitarras que suenan a una acelerada mezcla de The Strokes, MGMT y el primer Stereolab.

#14 Marianne Faithfull — Negative Capability

A los 72 años se hace un disco de rock que suena a lo mejor de PJ Harvey -usó el mismo productor- y que tiene más agallas que las de muchas chicas varias décadas más joven.

#15 Israel Nash -Lifted

Cosmic-folk para despegar desde una base en California. El álbum solo trae temones en plan setentero, con barbas y pelos largos mientras se canta en coros y se busca las constelaciones con un trago en la mano.

#16 Cristina Rosenvinge — Un hombre rubio

El hombre rubio es su padre, un danés amante del flamenco con quien Cristina no se llevaba bien. Años después de su muerte, ella lo recuerda con un disco cálido que tiene guiños al pop bailable, música tribal y cadencias hipnóticas.

#17 Nap Eyes — I´m bad now

El tercer album de Nigel Chapman suena a Lou Reed recién llegado a NYC y grabando sin haber conocido a sus compañeros de VU. Indie más pop que rock.

#18 Spiritualized — And nothing hurt

Lo que empieza a ser una fórmula, no deja de emocionar cada vez más. Jason Pierce refina sus canciones con fluidez y las muestra mejor que nunca. Rock espacial hecho por alguien profundamente enamorado.

#19 Yo la Tengo — There’s a riot going on

Empezaron con jammings que discurrían por terrenos oscuros y el feedback desactivado. Acabaron con un disco en plan low-pop-ambiental, pero siempre con el ritmo motorik como sello indeleble de la banda.

#20 Damien Jurado — The horizon just laughed

Indie folk y pop de cámara desde Seattle. Jurado es de Seattle aunque nos manda un disco desde Laurel Canyon con el calendario marcando el año de 1971.


Aquí les dejo un Playlist con 140 tracks del 2018 en Spotify: