¿Estamos preparados como sociedad para las industrias del futuro?
 
En el panorama global, las industrias y la sociedad en general, enfrentan transformaciones medulares que parten de los modelos de negocio, enfocados ahora en la resolución de problemas derivados de contextos sociales y culturales. Algunos países han logrado abastecer a su población en su totalidad o en la mayor parte, y cumplir sus necesidades básicas de acuerdo a los principios de la pirámide de Maslow. Estas sociedades ahora ponen sus ojos en la resolución de las necesidades que se encuentran en la punta de la pirámide, creando nuevos negocios a partir de ello.
En las industrias creativas, el recurso creativo e intelectual constituye en muchos de los casos, la materia prima prima principal, el medio de transformación y comercialización, en aras de estar al servicio per se o de otras industrias.

De acuerdo a la UNESCO podemos considerar industria creativa a:

“Aquellos sectores de actividad organizada que tienen como objeto principal la producción o la reproducción, la promoción, la difusión y/o la comercialización de bienes, servicios y actividades de contenido cultural, artístico o patrimonial”

A nivel Latinoamérica, según estadísticas recogidas por el Banco Interamericano del Desarrollo en su informe “El impacto de económico de las industrias creativas en las Américas”, publicado en el 2014, el impacto en el PIB de las industrias creativas varía abruptamente de un 2 a más del 10 por ciento en Estados Unidos, registrando altas tasas de crecimiento en comparación con otros sectores económicos.Este sector, también es una importante fuente de empleo para algunos países como México, Canadá y Colombia, ofreciendo ocupación a un gran porcentaje de jóvenes.
 
Las industrias creativas, en las que englobamos a la publicidad, artesanías, medios audiovisuales, cine, patrimonio cultural, diseño, videojuegos, moda, música, edición, artes escénicas y visuales, entonces, constituyen un importante motor de crecimiento económico y social tanto por el valor monetario como de desarrollo humano que aportan.
 
México es un país que reúne condiciones ideales para el desarrollo de este tipo de industria: desde un patrimonio cultural vasto y variado, hasta apoyos del gobierno para promover la labor creativa.

¿Industria de la resolución de problemáticas sociales?
 
El surgimiento de las empresas sociales que brindan sus servicios como alternativa de solución a las problemáticas de una región es un modelo de negocios de cada vez más común adopción. Sin embargo, al menos en México no existe ninguna empresa social que cumpla en todos los sentidos con la definición propuesta por Muhammad Yunus, premio Nóbel de Economía en su libro “Las empresas sociales”, donde establece que, para que una empresa sea considerada como empresa cultural, debe reinvertir sus ganancias para la generación de nuevos proyectos.

No obstante, es una tendencia que comienza a hacerse presente. Contamos ya con varios ejemplos de iniciativas en el campo de prevención de violencia, sustentabilidad, educación y apoyo a sectores vulnerables, utilizando plataformas gubernamentales y de iniciativa privada para hacer llegar el valor que producen.
 
 
Existe una correlación entre las industrias sociales y creativas, ya que su desarrollo propicia el bienestar de las comunidades, al promover, entre otras cosas, la cohesión social.

¿Y qué pasa con México?

En economías emergentes como México, donde, pese a ser la segunda economía más desarrollada de Latinoamérica, existen aún diferencias socioeconómicas abismales, se comienza a explorar la implementación de estas nuevas industrias. Esto sobre todo para generar valor dentro de grandes empresas o empresas trasnacionales, que con programas de responsabilidad social, buscan crear una imagen amigable, empática y sólida ante sus consumidores y clientes potenciales. Hablamos de sociedades empresariales y programas que buscan disminuir esta brecha para incorporar al país dentro de las economías del llamado primer mundo.
 
El estudio “Importancia de la investigación y del desarrollo tecnológico” parte del libro Colombia: Estructura Industrial e Internacionalización 1967–1996,realizado por Luis Jorge Garay, uno de los investigadores más importantes en temas de desarrollo que, entre otras instituciones ha estado vinculado a Oxford, Cambridge, el Banco Interamericano del Desarrollo y el Instituto Tecnológico de Massachusetts, señala que:
 
Trabajos recientes que analizan las fuentes de crecimiento económico han tratado plenamente de endogenizar el papel de la innovación tecnológica en el proceso de crecimiento económico. Estos estudios teóricos han considerado cuatro tipos de innovación: el aprender haciendo ( learning by doing) propuesto por Romer (1986), capital humano (Lucas, 1988), investigación y desarrollo (Romer,1986) e infraestructura pública (Barro, 1990). Es difícil generalizar los efectos de las aproximaciones empíricas de estos trabajos, que puedan explicar de manera satisfactoria el comportamiento del crecimiento económico”.
 
Para cumplir estos ambiciosos proyectos, dentro de las metrópolis del país comienzan a surgir centros educativos que preparan a sus estudiantes desde una visión resolutiva, incorporando disciplinas que combinan el análisis de datos, la tecnología, las ciencias sociales e incluso las humanidades y las artes, para así generar una cultura de la previsión e impulsar el desarrollo de manera integral. Las propias empresas están incluyendo centros de formación que preparan a los colaboradores de acuerdo sus necesidades particulares.

Sin embargo, en un entorno tan dinámico, es difícil entender de qué manera esto beneficia a aquellos que apenas alcanzan a cubrir sus necesidades más básicas, o generar estimaciones precisas del impacto económico en la iniciativa pública y la privada. Lo cierto es que, las sociedades que invierten en tecnología y generación de conocimiento, son las que alcanzan un mayor índice de desarrollo social y productivo.