Qir, Irán. © Manolo Espaliú

El contexto de la embajada en Persia en el XVII.

El objetivo de la embajada y su protagonista.


Una de las primeras inquietudes que tuve al comenzar a leer sobre García de Silva y Figueroa y su viaje por Persia como embajador de Felipe III, fue sobre el porqué de dicha Embajada. ¿Que hace que un país tan lejano, sin vínculos históricos aparentes con España como la antigua Persia sea el destino de una misión diplomática ibérica en el S. XVII? Cuando digo ibérica, no deberíamos olvidar que entre 1560 y 1640 España y Portugal están unidas bajo la misma corona, la Monarquía Hispánica de los Habsburgo (Felipe II y sus descendientes Felipe III y IV, que serían Felipe I, II y III en Portugal).

Algo que tenían en común los estados europeos y Persia es que todos querían enfrentarse al gobierno expansionista de los otomanos, que cada vez se convertía en un frente más peligroso.

La historia española durante siglo XVII está estrechamente ligada a la europea, no solo por vínculos dinásticos y religiosos, sino por el peligro otomano, ya que a finales del S. XVI, el expansionismo turco marcaba las directrices políticas en Europa. Su presencia a las puertas de Viena y el miedo de los Austria a la posible cooperación de los moriscos en su posible llegada a las costas españolas ponían en peligro todo esquema político. Fue entonces cuando Felipe II se alió con los Estados Pontificios, las Repúblicas de Venecia y de Génova, la Orden de Malta y el Ducado de Saboya para enfrentarse con los otomanos en el Mediterráneo, dando lugar a la famosa batalla de Lepanto (1571) y la victoria de la Liga Santa. Algo que tenían en común los estados europeos y Persia es que todos querían enfrentarse al gobierno expansionista de los otomanos, que cada vez se convertía en un frente más peligroso.

Durante el reinado de Felipe II, España había alcanzado su máximo poderío y extensión geográfica, en gran medida por la incorporación de las colonias portuguesas y aún hasta la muerte de Felipe II en 1598, España se encontraba en el cenit de su poder. En el siglo XVII, sin embargo, España comienza a perder su hegemonía política, entrando en franca decadencia, mientras Persia comenzaba una época de florecimiento gracias a la dinastía safávida, pero muy especialmente al Sha Abbas el Grande. Hasta entonces , en Persia no existía un estado central sólido y después de alcanzar el trono, Abbas centraliza y reorganiza la administración estatal y estructura y moderniza su ejercito. Los safávidas y su poder se expandieron alrededor del Golfo Pérsico, que hasta el momento había permanecido con relativa autonomía. Desde la conquista de Bahrein en 1602, Abbas se opuso a la tradicional hegemonía marítima portuguesa en estas regiones.

La finalidad política de la misión diplomática de Felipe III ante el Sha Abbas era doble, ofrecer al Sha de Persia la cooperación naval de España por el Mediterráneo en la lucha común contra el Sultanato otomano y obtener a cambio la devolución de algunas posesiones que habían tenido los portugueses en el Golfo Pérsico.
Zafra, Badajoz. © Manolo Espaliú

Entre las importantes realizaciones del Shah Abbas durante su reinado, podemos aludir a la apertura de Persia hacia los países europeos mediante el intercambio diplomático y comercial, de allí el florecimiento económico y político de la época. Entre los Safávidas, el Shah Abbas fue el rey más moderado y tolerante con otras religiones permitiendo el establecimiento de misiones religiosas cristianas en Persia.

La finalidad política de la misión diplomática de Felipe III ante el Sha Abbas era doble, ofrecer al Sha de Persia la cooperación naval de España por el Mediterráneo en la lucha común contra el Sultanato otomano y obtener a cambio la devolución de algunas posesiones que habían tenido los portugueses en el Golfo Pérsico, ocupadas recientemente por el Sha, como Bahrein o como sucedería más tarde con Qeshm y Ormuz. La corona española y portuguesa bajo Felipe II intentaría por todos los medios negociar, mediante el intercambio de emisarios y embajadores, una sólida presencia portuguesa en el Golfo. Durante algunos años, diversas misiones diplomáticas fueron encabezadas por clérigos portugueses, como el agustino Antonio de Gouveia, sin demasiado éxito. Al parecer Abbas estaba “cansado de despachar con frailes” y pidió a la corona española alguien no religioso de alto nivel con quien despachar. Por esta razón, el Consejo de Estado se reune en octubre de 1612 ante la necesidad de enviar al Sha Abbás una gran embajada y después de ciertos debates entre españoles y portugueses, ya bajo la corona de Felipe III, Don García de Silva y Figueroa fue elegido para la embajada persa. En base a sus escritos podemos adivinar una personalidad que trasluce nobleza, madurez diplomática y política, amplios y variados conocimientos y un evidente reconocimiento en la corte, aunque su misión no obtendría los adecuados frutos que esperaba Felipe III.

Azulejo en la Calle de Silva, Madrid.

Don García nació en 1550 en Zafra bajo el reinado de Carlos V y falleció en 1624 en la inmensidad del océano Atlántico, a la vuelta de su misión persa y cuando ya reinaba Felipe IV. Se advierte cierta nobleza en su origen, habiendo estado emparentado con los condes de Zafra y relacionado indirectamente con la Casa de Feria. Estudió leyes en Salamanca, sirvió como capitán en los Tercios de Flandes y parece ser que posteriormente fue nombrado corregidor en Badajoz y Jaén. Es obvia su profunda cultura y dominio de lenguas y prestó servicios en la Secretaría de Estado. Era hombre de autoridad y de gran saber, acreditado por sus informes y observaciones en Historia natural y Arqueología y sus conocimientos geográficos eran estimados hasta el punto de tener valor de dictamen facultativo. Su formación clásica es obvia si leemos sus escritos: como muchos de los hombres cultos de nuestro Siglo de Oro, conoce, y bien a fondo, las obras de geógrafos, astrónomos, historiadores y literatos, latinos y griegos, aunque estos últimos a través de traducciones, sobre cuya exactitud filológica se permite a veces dudar. Esta cultura clásica se observa principalmente en el estudio minucioso que hace de toda la toponimia del Asia y singularmente de Persia, cuyas provincias, montes, ríos y demás accidentes geográficos identifica y localiza con gran exactitud, siendo su obra, bajo este respecto, una geografía histórica del Asia, en la cual además rectifica a menudo con acierto identificaciones tradicionales que estima erradas. Además de manejar personalmente todo tipo de instrumentos, su visión del mar, las estrellas y las tierras, es la de un geógrafo y cosmógrafo.

A su preparación geográfica se añade una magnífica formación histórica. La historia de Persia la conocía singularmente, no sólo por las fuentes clásicas y bíblicas, sino, lo que ya no era entonces común, por fuentes persas casi contemporáneas. Las dos famosas historias universales persas de Mirkhond y Khondamir, que sólo en el siglo XIX comenzaron a ser conocidas en Europa, las aprovecha Silva ya durante su estancia en Persia, sirviéndose para consultarlas de intérpretes que consigo llevaba.

No existe ningún grabado o pintura, el azulejo mostrado arriba no es sino una interpretación, pero el viajero Pietro Della Valle, con quien coincidió en Qazvin, lo describe como “bastante mayor, no sólo con barba blanca, sino desdentado […]. Pero muy bien vestido, a la moda española”.

En el siguiente artículo, hablaremos de la importancia de su viaje y la trascendencia de su texto injustamente olvidado.

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