Editada a partir de un original de McLaren.com.

Austin 2015: Manos de héroes

Alonso: clasificación soberbia, arrancó noveno. En la salida se puso séptimo y Massa se lo llevó por delante en la primera curva —si llega a darle Hülkenberg les penalizan a los dos—. Relegado al último puesto con pinchazo incluido. Y empezó el espectáculo: decisiones adecuadas en medio de condiciones cambiantes y entre coches de seguridad, temple en medio del caos mientras los rivales se iban cayendo y manos, muchas manos para pelear, atacar e imponer un ritmo a la par de Mercedes y Ferrari cuando tocaba. Impresionante. Así se pasa ir casi doblado al quinto puesto y metiendo presión al cuarto. Hasta que la electrónica le jugó una mala pasada y le dejó el motor a medio gas a diez vueltas del final… Al final: undécimo. Todo el trabajo a la basura; pero con el mejor sabor de boca de la temporada… No voy a preguntarme que hubiese ocurrido si Massa aprendiese a pilotar en mojado y la electrónica no hubiese fallado, que a lo mejor respondo una barbaridad.

Sainz: de último a sexto y sexto a séptimo por una penalización. Otra gran carrera del madrileño, que brilló cuando las condiciones resultaban más peligrosas. Nunca dejó de atacar, nunca se dejó amilanar, ni por Force Indias ni por Ferraris. Remontada espectacular

Verstappen: otra carrera brillante —que le pregunten a Kimi — y molesta del holandés. Defendió lo indefendible y atacó a todo. Sacó petróleo de una estrategia conservadora que le puso a las puertas del podio.

Vettel: carrera llena del altibajos donde vimos al alemán divertirse remontando , sacar clase y dueñarse de podio que no le correspondía.

Hamilton: tricampeón. Porque nunca se rindió ni perdió el temple. Porque volvió a intimidar a su único rival. Porque sacó otra vez lo mejor de un coche plagado de virtudes. Porque tuvo la pizca de suerte que todo campeón necesita. Verle coronarse haciendo carreras como ésta, aligera la molestia. ¡Felicidades!

Rosberg: el gran perdedor. Volvió a rendirse a la agresividad de su único rival. Volvió a cometer un error imperdonable, y la reiteración ya nos permite escusarle con casualidades ni malas suertes. Tiró a la basura las pobres opciones que le quedaban. Perdió de la peor manera posible: él solito.

Podría seguir y llenar páginas y páginas de momentos dramáticos y detalles mágicos. Carreras como la de este domingo crean afición e ensalzan a los héroes. Carreras como esta, igual que la anterior, dejan claro que, cuando se deja a veinte de los mejores pilotos del mundo batirse el cobre sin ataduras técnicas ni estratégicas, el espectáculo queda garantizado. Dejan claro que la Formula 1 no necesita más reglas ni tecnicismos, necesita desatarles las manos a sus héroes.