Un apasionado del oficio

Un mozo especial

Carlos Fondevila tiene 70 años y trabaja desde hace 35 como mozo en el histórico bar José, ubicado en el barrio porteño de Devoto. Según cuenta, en ningún momento pensó en abandonar su puesto por algún otro ya que el trato diario con la gente lo “hace sentir más útil”.

Sus compañeros cuentan que Carlos es el primero en llegar al bar y el último en irse al finalizar la jornada. “Si fuera por él, cerraría todos los días a las cuatro de la madrugada”, sostiene Ariel, otro mozo / que destaca que Carlos siempre les trasmite a él y a sus compañeros su pasión por el trabajo y, también, les aconseja a los más jóvenes que cuiden “el mango”. Carlos también tiene algunos malos recuerdos, como cuando le robaron todo su sueldo. “Tenía mucho miedo que entraran a mi casa, así que no me resistí y les entregué todo lo que me pedían”. Ante este hecho, sus compañeros se solidarizaron con él y juntaron la plata.

El primer trabajo de Carlos como mozo fue en una confitería en la calle Balcarce, en San Telmo (¿cuál?). Ahí, aprendió el oficio y, a pesar de ser tímido, logró desenvolverse de la mejor manera con los clientes. Pero actualmente, se queja mucho de ellos, porque sostiene que cambió el trato y la forma de comunicarse. Antes, Carlos creaba un vínculo con las personas de cada mesa y, a veces, hasta se quedaba charlando mucho tiempo. Ahora, ni siquiera lo miran a la cara cuando le hacen el pedido por mirar el celular.“El invento del teléfono y del delivery fue lo peor que pudo pasar”, cuenta.

Una de las anécdotas preferidas de Carlos involucra a Alfredo Casero, cuando el actor y cantante fue al bar José a grabar el videoclip de “Pizza conmigo”, en 2001. Aunque el comercio estaba cerrado todo ese día, Carlos decidió trabajar igual y servir pizzas y bebidas al equipo que estaba filmando.

Carlos cuenta que su padre fue su inspiración y que le inculcó desde chico eltrabajo y el esfuerzo. Cuando habla de su desempeño como mozo, deja a entre ver lo feliz que es y lo decidido que está si tuviera que elegirlo nuevamente. Pero no solo está orgulloso de su trabajo, también lo está de su familia. Carlos está casado con Carmen, quien es su gran compañía. Juntos tienen un hijo, Sebastián, a quien día a día le trasmite los mismos valores que aprendió de chico.