Hoy es mi día del mes. Ese del que dice Shakira “si es cuestión de confesar lloro una vez al mes, sobre todo cuando hay frío”. Y en Madrid empieza a hacer calor.

Mi crisis existencial en la que vivo desde que recuerdo vivir, me ha dicho que en unos meses dejo de ser la princesa de mi padre y el mundo me reclama para vivir la vida real. ¿Y qué hago ahora? Si ya lo tiré todo tantas veces justo cuando mejor iba ¿volantazo de nuevo? Tampoco es la mejor respuesta racional, pero cuando ya has dado tantos pierdes la capacidad de reconocerlos.

Así que he salido cabizbaja de clase, y me he puesto a Tom Waits en vena… Hasta que me ha escrito Nino. Mi amigo, el negro que está en España porque saltó la valla de Ceuta hace un año. Nino tiene esa fantástica capacidad de hacerme reír siempre. No esa risa tonta de chiste malo, sino esa que nace de muy adentro. Cuando nos venden esas fotos de África con los niños sonrientes os juro que es real y nunca he estado. Pero es que conozco a Nino. Y Nino es así.

Nino tiene problemas más grandes que mi crisis existencial como, por ejemplo, que no es legal en España y que en unos días le echan de donde está viviendo. “No, a veces yo soy triste”, me aseguró hace dos días cuando le acompañaba al tren. Y luego se ríe con esa risa tan contagiosa que se me olvidan mis males y mis crisis y todo.

“¿ahora me ves?” — Nino en un museo blanco

Porque realmente todo es tan relativo que roza el surrealismo. Así que he desarrollado una teoría económica al respecto. Es muy seria:

Yo creo que los milenials estamos en crisis constante porque realmente no tenemos demasiado por lo que luchar. Somos hijos de la clase media más extensa de la historia. Probablemente construida a base de la deuda estructural que han acumulado nuestras democracias. Deuda económica con China. Y deuda espiritual por ser tan egoístas. Porque todo tiene su contraparte.

Y gracias a esto ya he conseguido echarle la culpa de mi crisis a la sociedad.

No le he contado esta teoría a Nino. Probablemente me daría una colleja por tonta.

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