Apuntes de un Geógrafo en bicicleta por la ciudad.

Experiencias, hallazgos y sugerencias sobre el ciclismo urbano en San José, Costa Rica.

La movilidad urbana es un tema de amplio interés para todos los sectores sociales que forman parte del mosaico urbano en nuestras ciudades. Costa Rica en su región central, contiene una área urbanizada cuya tasa de crecimiento ha sido bastante veloz en los últimos 30 años. Esta cuestión ha hecho que las principales ciudades hayan ido absorbiendo progresivamente algunas comunidades satélites, propiciando una conurbación entre las cuatro ciudades más importantes del país bajo una sola mancha urbana: la Gran Área Metropolitana (GAM).

La movilidad de las personas a través de la ciudad es siempre variada en cuanto a tipos de modalidades, pero desproporcionada hacia un lado de la balanza en cuanto a número de personas utilizando un medio de transporte. El modelo carrocentrista (tal como lo mencionaba una viceministra de transporte hace poco) ha sido un tema de discusión más allá de simple movilidad, representando además el «gran pez» en cuanto a tipos de transporte usados en el mundo. El transporte privado se justifica en algunos casos como una motivación para exacerbar un falso estatus económico en círculos sociales cercanos. La mayor proporción de ciudadanos que optan por el uso de automóvil para moverse hacia sus puntos frecuentes como el trabajo, mercado o centros educativos, causan un movimiento masivo en las calles y avenidas de la ciudad, contaminando las vías y retardando los tiempos de traslados. Aunado a esa tendencia de adquirir autos, ha existido un estado complaciente con este sector, propiciando incentivos económicos y hasta de infraestructura para que esta modalidad de transporte siga en auge.

Al propiciar ciudades cada vez más congestionadas en tránsito vehicular, se llega a puntos de caos donde la salud, las relaciones sociales, la economía y la naturaleza entran en un estado crítico de armonización. Ahí es donde resurge el tema de por qué es importante reinventar el tema de transporte y movilidad en las urbes, así como ir incentivando una cultura asociada al uso de transporte inclusivo y sostenible.

Para hablar de transporte inclusivo, se debe poner sobre la mesa aquellas modalidades eficientes y accesibles en pro de mejorar la vida de todos y todas en la ciudades. Existe un tipo de transporte en especial que por muchos años ha sido marginada en las calles de la GAM, pero que sin duda ha brindado enormes resultados en las escasos programas en el que ha sido implementado: la bicicleta. Un ejemplo de ello es la ciudad de Cartago, que ha sido la primera ciudad de la GAM en construir una ciclovía, registrando en 5 años de funcionamiento un crecimiento en su uso del 24%. Montes de Oca hace casi dos años empezó a construir la ciclovía en su cantón, con el fin de crear una conexión con el cantón San José; esta última inaugurando su propia ciclovía en este 2018. Además, no hay que olvidar que en otros asentamientos del país, fuera de la burbujara «valle-centralina», la bicicleta forma parte de la movilidad de muchos pobladores que la utilizan para efectuar sus actividades diarias; para mencionar un ejemplo, la ciudad de Liberia en Guanacaste, donde cada vez que la visito me sorprende el número creciente de personas que usan la bicicletas en sus calles, y hasta cicloparqueos presentes en muchos establecimientos de servicios.

Poco a poco la infraestructura que garantiza mayor seguridad para los ciclistas va tomando mayor rol en la configuración de las ciudades de este país, pero aclarando que va a pasos lentos en comparación con ciudades más preparadas en el tema de ordenamiento territorial en el planeta. Esta urgencia de potenciar la creación de mejores condiciones de circulación para los ciclistas no va con el afán de simplemente crear «roncha» en estos temas, sino más bien con el fin de realizar labores para mejorar como sociedad en relación con el espacio físico donde habitamos.

¿Qué vinculo hay entre bicicleta y la Geografía?

Existen muuuuchos artículos en la red que hablan de la inclusión y beneficios que conlleva andar en bicicleta. Pero quisiera poner en mesa de discusión los intereses de la ciencia geográfica y el ciclismo urbano. Antes de continuar, les comparto este video sobre un primer y pequeño esfuerzo que realizamos un grupo de compañeros con el fin de vincular esta disciplina bajo la óptica actor-autor acerca el uso de la ciclovía para la discusión y propuesta de la ciudad como espacio de una constante construcción colectiva.

Revista Geofacies, 2018.

Adquiriendo más criterios con el video anterior, es posible establecer una asociación evidente entre la manera de vivir, sentir y construir un espacio, ya sea la manera en como nos desplazamos por una ciudad.

Un trabajador de construcción, que se moviliza en autobús, lleva consigo una visión de ciudad a lo mejor monótona o quizás con un fin exclusivamente laboral. La señora que se moviliza caminando por las aceras, porque seguramente disfruta hacer ejercicio bajo este modo, y también va con el fin de buscar sus productos favoritos al mercado; vive la ciudad como centro de abastecimiento y para la recreación. O también la estudiante universitaria que asiste a su centro de estudio en bicicleta, llevando una conciencia de cambio y soñando la ciudad como un espacio social compartido.

La manera en que nos desplazamos y construimos la ciudad es la forma en la que colectivamente fusionamos las distintas percepciones de cada persona y se materializan entre sí en el espacio. Así lo entendí mejor yo al abordar una bicicleta por primera vez en la ciudad. Ampliando nuestra percepción desde distintos ángulos que construyen la imagen urbana, es posible entender las fortalezas y debilidades de la ciudades, y así proponer una visión futura más sólida. Desde la bici, y pensando como Geógrafo, me anima conocer las relaciones y el poder que ejercemos en el espacio geográfico. Poder en el sentido de apropiación, exclusión e inclusión en el sistema urbano.

La bicicleta, como instrumente de producción de ciencia, no es básicamente solo contar con este medio para promover su uso. Es quizás una alternativa novedosa que nos puede dotar alcances más allá de un espacio observado, y a la vez introducirnos en temáticas que requieren de una vigilancia más ágil. La «cleta» juega un rol espacial interesante, porque entiende el entramado urbano y reorganiza el modelo citadino hacia una visión de libertad e igualdad.

¿Y ahora qué vendrá?

Hay seguir vinculando nuestro conocimiento en el descubrimiento de la verdadera dinámica de movilidad por la ciudad. Junto a esto, seguir intensamente en la promoción de alternativas armoniosas de movilidad, como la bicicleta para descongestionar las calles y así dotarle un aire más humano al espacio urbano desprestigiado en los últimos tiempo. Sin embargo, el geógrafo sobre la marcha del pedaleo y las dos ruedas, tiene una responsabilidad adicional en fomentar novedosas funciones de la mano con la bicicleta y la producción de un espacio urbano en armonía. Crear una ciudad no consiste en proponer abarrotes, muros, edificios vacíos o áreas verdes para unos cuantos. La humanización de los espacios públicos es el llamamiento primordial para la solución de nuestros comportamientos, casi siempre desmedidos y obsoletos, en nuestras ciudades de piel descuidada pero corazón caluroso.