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Algunas ideas sobre liderazgo

Algo me perturba sobre la idea de liderazgo. Y claro, escribo para expiar, para entender mejor lo que pienso, para encontrar interlocutores. Así que empiezo desordenado y con suerte, tal vez en otros textos, las ideas tomen cauce.

¿Qué me perturba? Como dije, no lo tengo claro. Es más bien una intuición, una especie de náusea orientadora. Empiezo con una anécdota. La semana pasada me anoté en una materia sobre liderazgo en Coursera. Aprecio al docente por sus ideas y quería escuchar qué tenía que decir sobre liderazgo. Hace tiempo que busco entender, al menos a mi mismo. El comienzo fue como una trompada al estómago. Parafraseando de memoria, fue algo así como “vivimos una crisis de liderazgo. Eventos como la debacle financiera de 2008 y el desmoronamiento ambiental lo demuestran a todas luces”. Todo acompañado con imágenes de pingüinos empetrolados, Angela Merkel y el edificio de la ONU. Claro, lo primero que me impactó fue la liviandad con la que el profe hizo un análisis de causa raíz de la problemática socio-político-económica (y más) a nivel global. La lógica es intachable: hay problemas, culpa de los líderes. Aumentan las náuseas. Pensemos.

Paternalismo

Ver el mundo a través del prisma del liderazgo consolida, creo humildemente, una cultura, un modo paternalista de relación entre las personas. Papá nos guía con sabiduría. Si fallamos, obviamente, es culpa de papá. Facilísimo. No fallamos nosotros. Y mucho más grave, no falla el sistema que supimos construir (o mucho más apropiadamente, que decidió emerger). La solución, consistente en patear la pelota con rabia y ojos cerrados, es cambiar el líder. Los intelectuales, como mi apreciado profe, pensarán sesudamente qué clase de líderes necesitamos. Me asusta que no estemos repensando con más perspectiva, más autocrítica, más valentía.

Jerarquía, jerarquías y el rabo de la chancha

Laloux dice algo brillante en su Reinventing Organizations, seguramente sobre los hombros de algún que otro gigante. La idea de la organización horizontal es falaz, tal vez en un lapsus que vislumbra el auto-boycott. La mal llamada horizontalidad es en verdad complejidad. En la organización mecánica hay una única jerarquía (i.e. el organigrama), mientras que en la orgánica hay múltiples jerarquías, dinámicas, danzantes.

Una vez di una charla/actividad sobre agilidad y autogestión en un congreso de recursos humanos. Estaba volviendo al aeropuerto con un colega que había dado una charla sobre liderazgo. Le pregunté si no consideraba que hablar de liderazgo cimentaba, o más bien maquillaba, la estructura jerárquica clásica. Me respondió que él sobre todo hablaba de liderarse a uno mismo. No me acuerdo qué dije, pero sí recuerdo la náusea que sentí. A partir de ese día volví a escuchar esa idea unas cuantas veces. Mi panza, con su eventual sabiduría, me sigue diciendo que algo no va bien.

En Costa Rica hay una frase genial. Se dice que alguien está tratando de torcerle el rabo a la chancha (si la memoria no me falla) cuando estira, dobla y pliega forzadamente un argumento o idea con tal de seguir teniendo la razón. Liderar, dice el diccionario, es guiar, conducir. Todos verbos transitivos. Es cierto que uno puede convencerse a sí mismo, pero vamos. Un líder tiene seguidores. Si no es un mero optimista. Es decir que uno pasaría a ser guía y guiado. La imagen me parece esquizofrénica.

Otra metáfora

Hace ya algunos años, en su keynote en el Ágiles 2014 en Medellín, Tobias Mayer me hizo volver a pensar en un concepto que tenía olvidado: la ciudadanía. Lakoff y Johnson explican, con gran brillantez, que la metáfora nos resulta central a la hora de conceptualizar, de pensar y reflexionar sobre aquello que no es inmediatamente comprensible por nuestros sentidos. La organización de las personas en su trabajo, el management si quieren, es una idea eminentemente intangible, que debe valerse de metáforas para su comprensión y eventual transmisión. Tal vez lo que quiero cuestionar es el uso (¿exagerado?) de la metáfora del líder.

Las metáforas guían nuestra conceptualización y por ende son fundamentales a la hora de percibir la realidad. A veces siento que referirnos a los jefes según el organigrama como líderes no hace más que intentar darle una pátina épica a una manera vetusta de organizar personas. El líder tiene seguidores, pero ni la literatura ni la academia se ocupan demasiado de estos últimos. El foco en la metáfora de líder está en el individuo, no en la comunidad. Una metáfora como la de ciudadano, por ejemplo, se define solamente en términos de la pertenencia del mismo a un colectivo. Nos remite a un concepto de pares que se organizan en comunidad de maneras cambiantes. Tal vez una metáfora más natural para los complejos tiempos que corren.