Catalunya

España se en encuentra en un momento inédito, trascendental e histórico. El pulso entre el nacionalismo catalán y el gobierno central es más que evidente, y de las pocas certezas que puede palpar la ciudadanía está la de que ambos lados pretenden estirar la cuerda todavía un poco más.

Aún quedamos muchos que rechazamos los románticos postulados de la Revolución Callejera, muchos que creemos que la política debe hacerse desde las instituciones, y que vemos con asombro cómo, desde ambas partes, se está utilizando a la población civil como medio de legitimación democrática a través de manifestaciones. No destensar la situación ya no implica sólo un enfrentamiento meramente político, sino que el discurso ha polarizado tanto a la sociedad catalana en particular y a la española en general que la ruptura social entre ciudadanos ya se ha consumado. Como ciudadano, permanecer equidistante ante esta situación se ha vuelto casi imposible y vemos atónitos como las calles de toda España y Cataluña se llenan de banderas , sin que nadie sepa explicar el por qué.

En estos días convulsos, agitar un poco más el ambiente se vuelve un recurso muy tentador para los medios de comunicación(nacionales e internacionales) que muchas veces de forma “involuntaria” solo dan una opinión sesgada buscando culpables en plural o al más culpable en singular.

Ante esta vergonzante situación, donde parece que hemos dilapidado todos los principios de tolerancia y convivencia democrática, somos la población civil los que tenemos que llevar a cabo un ejercicio de sensatez y dejar de utilizar el odio y las banderas (que por lo general son una mala combinación) para alimentar el fuego de nuestros corazones, no vaya a ser que nos mate la emoción.

Written by Vicente Gutierrez Ortega

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