Centro de detención de Manus Island. Foto: DIAC vía Wikipedia https://en.wikipedia.org/wiki/Australian_immigration_detention_facilities

“No way. Australia no va a ser tu hogar.”

Hace un par de meses cambié Berlín por Melbourne. Nunca me había parado a pensar demasiado en Australia. En mi imaginario, probablemente compartido por muchos, había animales peligrosos, naturaleza salvaje y una ciudad famosa por su ópera. Podríamos entrar en detalles francamente importantes sobre el país, como por ejemplo la situación de su población aborigen, marginada en todos los aspectos políticos y sociales. Pero de momento tengo suficiente material como para centrarme en el asunto del que quería hablar en primer lugar: La situación de los refugiados.

Y es que en tiempos de acuerdos inhumanos entre Uniones Europeas y Turquías parece casi imposible dejar este punto de vista eurocéntrico para tomar otro desde la otra punta del mundo. Pero el mundo es grande y puede ser cruel en todas partes. En Australia también. Y yo estoy en Australia.

¿Qué ocurría en Australia? ¿Había refugiados? ¿Cuántos? ¿En qué condiciones? ¿Llegaban de Siria o de dónde?

Al poco de ponerme a leer sobre el tema di con una campaña abierta de Amnistía Internacional. Mala señal, pensé. Correcto. Se trataba de una campaña para evitar el retorno de 267 refugiados a la isla de Nauru.

¿Qué es Nauru?

Suerte de Google. Nauru es un país soberano situada en la Micronesia, a 4.500km de distancia de Australia, ligeramente más grande que el municipio de Badalona y el país insular más pequeño del mundo.

Pues bien, Australia y Nauru llegaron a un acuerdo en 2001, para que este último acogiera un centro de detención destinado a buena parte de los solicitantes de asilo — existen otras islas remotas que acogen, también, a refugiados — que hubieran intentado entrar de forma ilegal por mar a Australia. Actualmente se encuentran 470 personas en él, incluidas mujeres y niños.

Los offshore processing centres tienen una mala traducción al español. Serían centros de procesamiento ubicados en ultramar, en todo caso (muy) alejados de las costas australianas. Y son una de las bases con las que Australia erige sus estrictas políticas de protección de frontera.

Para muestra, un botón. La última campaña de publicidad de la Agencia Gubernamental de Control de Fronteras. El mensaje es claro y contundente. “De ninguna manera, Australia no va a ser tu hogar” es su eslogan. Y entre otras afirmaciones, el General Campbell con cara de pocos amigos suelta las siguientes: “Las reglas se aplican a todo el mundo, familias, niños, niños no acompañados, educados y cualificados, no hay excepciones”. “Si vienes en bote a Australia nunca jamás vas a hacer de Australia tu hogar”.

Sobre todo este complejo tema iré escribiendo por aquí.

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