¿Está muriendo Twitter?

¿Twitter está muriendo?

Esa fue una de las preguntas que me hicieron en la sesión de Mentoría en Vivo de esta semana, y es una de las que me hacen más frecuentemente.

Percibo el sentimiento general de que Twitter, una red que cambió el mundo, vive sus últimos días. Su pérdida de usuarios activos, y los convulsos acontecimientos relacionados con su frustrada venta, han colocado a Twitter en el ojo del huracán.

La opinión general es que es una red en caída libre, pero mi visión es más optimista. Yo creo que Twitter se está transformando.

Pero para entender lo que está pasando, debemos remontarnos a los inicios. Twitter nació como una red de microblogging, donde la gente compartía su día a día en forma de contenidos cortos. No había imágenes ni enlaces, solo pensamientos fugaces publicados en un timeline frenético.

Con el tiempo, se incorporaron nuevas funcionalidades que provocaron una evolución en su uso. Las imágenes, vídeos y enlaces convirtieron Twitter en algo más. Se volvió un canal donde el contenido era más rico y desarrollado. Sobre todo las marcas empezaron a publicar de forma más pensada y estratégica, y con un fin.

Y su público cambió. Fue la pubertad de Twitter, durante la que fue formando su identidad. La masa empezó a abandonar una red que se empezaba a volver demasiado compleja para sus necesidades. Migraron a otras redes — como Snapchat -, donde podían compartir cualquier estupidez que les apeteciera en el momento sin necesidad de darle un sentido.

Y así llegamos al Twitter de hoy.

Finalmente, la red del pajarito azul está alcanzando una madurez en la que, a pesar de haber perdido público, ha ganado calidad en sus conversaciones. Los que nos hemos quedado disfrutamos de un timeline más interesante. El nivel ha crecido. Las opiniones están más fundadas, y los contenidos, de forma general, aportan un mayor valor.

En general, para las marcas este escenario resulta menos atractivo. Hay menos gente, y por tanto menos alcance.

Además, el CPM en Twitter se ha mantenido lo suficientemente elevado como para resultar un lujo en la mayoría de estrategias de marketing. No siento que esto sea malo: de esta forma, se protege el timeline de Twitter de sufrir una saturación de publicidad — como sucede en Facebook -, lo que beneficia tanto al usuario como a esas marcas que sí apuesten por una presencia pagada activa.

Lo que sí es cierto es que la respuesta en Twitter se ha reducido, debido en parte a que el consumo se ha polarizado: los usuarios se dividen en generadores de contenido y consumidores de contenido. Por un lado, personas que se dedican a curar, generar y compartir contenido de alto impacto. Y, por el otro, personas que disfrutan con solo leerlo. El consumo se ha vuelto más rápido y pasivo. Nos cuesta más interactuar. Probablemente porque, al tratarse de un ecosistema de un mayor nivel intelectual, consideramos que solo debemos intervenir si podemos aportar un valor real. Y esto no es necesariamente un defecto.

Twitter vive, por tanto, una bonita madurez. El riesgo es que se convierta en una red demasiado de nicho. Que deje de ser lo suficientemente atractiva en términos de monetización como para seguir cuidándola.

Los usuarios se dividen en generadores de contenido y consumidores de contenido. Por un lado, personas que se dedican a curar, generar y compartir contenido de alto impacto. Y, por el otro, personas que disfrutan con solo leerlo.

Ya hemos visto, a finales del pasado año, los problemas que tuvo para encontrar un comprador. Su rentabilidad económica está en entredicho, y hasta que sus responsables no encuentren un modelo defendible, es probable que pase tiempos un tanto convulsos.

A pesar de todo, es una red con poder e influencia, y un canal muy querido por sus usuarios más fieles. Sí, es menos visual que Instagram o Snapchat. Su consumo se basa en la palabra, y esta nunca ha sido una moda mainstream.

Pero, como Twitter, la palabra está muy viva. Y aún puede tener un inmenso poder.

Like what you read? Give Jose Carlos Soto a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.