DIOS ES POR NOSOTROS
(SALMO 5)

Escucha mis palabras, oh Señor;
Considera mi lamento.
2 Atiende a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío,
Porque es a Ti a quien oro.
3 Oh Señor, de mañana oirás mi voz;
De mañana presentaré mi oración a Ti,
Y con ansias esperaré.
4 Porque Tú no eres un Dios que se complace en la maldad;
El mal no mora en Ti.
5 Los que se ensalzan no estarán delante de Tus ojos;
Aborreces a todos los que hacen iniquidad.
6 Destruyes a los que hablan falsedad;
El Señor aborrece al hombre sanguinario y engañador.
7 Pero yo, por la abundancia de Tu misericordia entraré en Tu casa;
Me postraré en Tu santo templo con reverencia.
8 Señor, guíame en Tu justicia por causa de mis enemigos;
Allana delante de mí Tu camino.
9 Porque no hay sinceridad en lo que dicen;
Destrucción son sus entrañas,
Sepulcro abierto es su garganta;
Con su lengua hablan lisonjas.
10 Tenlos por culpables, oh Dios;
¡Que caigan por sus mismas intrigas!
Échalos fuera por la multitud de sus transgresiones,
Porque se rebelan contra Ti.
11 Pero alégrense todos los que en Ti se refugian;
Para siempre canten con júbilo,
Porque Tú los proteges;
Regocíjense en Ti los que aman Tu nombre.
12 Porque Tú, oh Señor, bendices al justo,
Como con un escudo lo rodeas de Tu favor. (NBLA)
Encontramos un contraste entre los justos y los malos. Encontramos a un Dios justo y protector con los suyos, pero justo y juez de los malos. Características que algún día, antes de conocerle, fuimos (Efesios 2:1–3). Solo Su grande misericordia nos presentó a Cristo para ser suyas (Efesios 2:4–10).
¿Qué enseña este salmo para mi fe?
Dios escucha, considera mi lamento y está atento a mi petición porque reconozco que es mi Rey y mi Dios. Bendice al justo y como un escudo lo rodea de Su favor, vv.1–2,12.
¿Qué me enseña hacer?
Orar cada mañana y esperar en Él. Adorarlo con temor. Proclamar Quién es Él. Pedir por guianza en medio de situaciones difíciles que seguro me llevan a tomar decisiones en cuánto a como responder. El salmista y yo pedimos: muéstrame tu camino, tu voluntad. Dame gozo para confiar en ti, se que tu me guardas, por eso me alegro en ti porque amo tu Nombre, amo Quién eres, vv.3, 7–8, 12.
¿Qué me enseña a experimentar?
David experimentó persecución pero mucha más salvación con intervenciones divinas de parte del Dios que amaba y conocía. El Dios de David es el Dios de nosotras por Cristo. Es el mismo de ayer, hoy y siempre. Dios no cambia, podemos acercarnos a Él orando así, reconociendo Quién es Él y quienes somos nosotras.
¿Por qué es difícil esperar y confiar en Su justicia y protección?
El problema es el corazón y sus deseos. Nuestra fe merma cuando el corazón deja de adorar a Dios para comportarse impíamente. Podemos rápidamente decir que los vv.4–5, 9–10 están hablando de otros, en el contexto si, pero también me hacer recordar que fuimos como éstos malvados, y al menos yo aun batallo con muchas de esas características. Seguramente David también, sin embargo nos enseña que a pesar de, como hijas podemos alegrarnos en la Fidelidad y Poder de Dios para guardarnos del destino y juicio final de aquellos que hacen mal delante de Él porque no creen en Su Hijo, no sólo por sus actos. He allí la diferencia entre ellos y nosotras, he allí la intervención divina que hubo en nosotras cuando Cristo vino a nuestro corazón. ¡Gloriosa Misericordia!
El evangelio en acción
Dios no se complace en la maldad ni tampoco habita con el malo, los que hacen iniquidad, hablan mentira o engañan. Pero nosotras, las que por la abundancia de Su Misericordia estamos en Cristo entraremos en Su casa eternamente, v.7, allí nuestra esperanza.
Cristo venció la impiedad en mí, me destruyó cuando Su Misericordia me encontró en mi inmundicia. Por Cristo puedo acercarme al Trono de la Gracia con la confianza que seré escuchada, guardada y respondida.
La santificación
Son verdades que quizás conocemos pero pareciera que sucumben cuando las circunstancias, el temor, y las tentaciones hacen su entrada en este necio corazón. Lo que nos enseña David, es la relación que tenía con Dios: “Me presentaré delante de ti y esperaré”, v.3. Delante de Dios no necesitamos las máscaras o pretensiones de “estar bien”, Él nos conoce y todo lo sabe. Es nuestra identidad enraizada en las verdades del evangelio las que nos sostienen por el poder del Espíritu Santo.
Nuestra pequeña responsabilidad es ejercitarlas. Él pone el querer como el hacer en nosotras por Su Buena Voluntad. Necesitamos personas que nos estén recordando el evangelio y nosotras mismas. Mira lo que dice Pablo en 2 Corintios 10:3–4 “Somos humanos, pero no luchamos como lo hacen los humanos. usamos las armas poderosas de Dios, no las del mundo, para derribar las fortalezas del razonamiento humano y para destruir argumentos falsos”, NTV.
La persona con quién más dialogamos es nosotras mismas. Nuestra fe es activa, las verdades del evangelio no son sólo buena información, son armas espirituales poderosas de Dios para derribar nuestros razonamientos y argumentos. Dios ha prometido perfeccionarnos, Él no deja de obrar, ¿por qué nosotras parar? Cuando llegas al final del camino de tus fuerzas, aprendes que es a Él a Quién has necesitado todo el tiempo. Alza tu voz en clamor con la confianza que Él responderá y protegerá eternamente.
“A los que predestinó, a esos también llamó. A los que llamó, a esos también justificó. A los que justificó, a esos también glorificó. Entonces, ¿qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no negó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”. Ro 8:29–34 NBLA.

