Entereza ligada al Hielo

Por Kevin Arévalo — Nagakami

Olor a muerte y putrefacción es todo lo que desprenden las frías y oscuras paredes del bastión del Acherus, el gélido aire de los pasillos transporta los ecos de miles de almas que han caído bajo el frio acero de las hojarunas de los caballeros de la muerte y cientos de huesos adornan el suelo, recordando el destino de quienes no fueron dignos de servir en las filas del rey exánime.
 
Oculto, lejos de la vista de todos en un húmedo rincón y lleno de polvo, yace un cofre adornado con cientos de calaveras sin ninguna marca o nombre sobre él. — Oh!, por fin has vuelto- exclamo Karloff mientras se dirigía tambaleante hacia mi. — “La llave hace mucho que se perdió, pero no creo que un tonto candado sea rival para ti, mi señora”.
 — ¿Que hay en el cofre?
 — Nada que importe, solo es basura sin valor.
 — ¿Y a que debo tanta exaltación al verme?
 — Desvaríos mi señora, desvaríos de la mente de un viejo que ha tenido mejores épocas
 — Esos viejos huesos traman algo, Karloff
 — *Sonríe mientras se encoge de hombros* -El contenido del cofre perteneció a alguien que murió hace mucho, no sé cómo llego hasta…

La conversación se interrumpe por el sonido de un candado quebrándose. -Este frio me carcome los huesos- balbuceó Karloff mientras se alejaba. Una vez abierto el cofre descubres que el viejo alquimista tenía razón; solo polvo, armaduras oxidadas y un viejo libro se encontraban en el. Sin embargo el libro llamaba tu atención, tras examinarlo un poco se podía notar que estaba escrito en Thalassiano, faltan muchas páginas y las pocas hojas que conserva se rompen al intentar pasarlas, notas que se trata de un diario y a pesar de su pésimo estado alcanzas a leer un poco

“Día *no puedes ver los números*

Dentro de pocos días por fin concluiré mi entrenamiento en la academia y ya me han dado mi primera misión, nos pondrán a cargo de patrullar algunas zonas al sur de la frontera, no espero encontrarme nada peligroso más allá de la fauna local, de todas formas, nos acompañaran un puñado de forestales, será interesante verlas en acción para variar, pero más importante aún podré estar lo suficientemente cerca de él como para hablar un tiempo a solas, espero poder confesarle mis sentimientos.”

Las siguientes paginas son ilegibles, salvo por ciertos nombres y mapas de rutas de patrullaje al sur de la frontera de la ciudad de Lunargenta y tierras fantasmas, hasta que consigues seguir leyendo las entradas del diario

“Han pasado meses desde que lo vi y un par de semanas después que recibí sus últimas cartas. La oscuridad se cierne sobre el horizonte, durante años hemos sido ajenos a los conflictos de la región y cada vez tardan más en llegar las noticias del sur; las forestales y las tropas de avanzada hablan de una plaga que azota las tierras humanas y amenaza en expandirse rápidamente, yo solo espero por tu regreso.”

Fugaces recuerdos atravesaron mi mente como estacas de hielo al leer el diario del guarda sin’dorei, las piernas me flaqueaban y la armadura se tornó pesada hasta caer de rodillas. — ¿Qué clase de sensación es esta? — susurré vagamente mientras observaba el diario frente a mí.

“Mi escudo siempre firme, mi espada con gracia y delicadeza, atraviesa a mis enemigos y el recuerdo de tu ser me ampara, me protege. Hordas interminables del ejercito de la plaga sitian nuestras fronteras y no hay noticias de la general Sylvanas, todos están muy asustados, pero yo ya no siento nada, porto tu armadura con orgullo para no olvidar todo lo que ha arrebatado esta maldita peste…”

Recobrando el aliento, me levante poco a poco mientras el gélido aire del lugar se concentraba a mi alrededor, las venas me helaban, mis ojos irradiaban un azul tan intenso como las lúgubres llamas que iluminan el lugar, congelando todo a mi alrededor, quebrando en mil pedazos el contenido del cofre que es arrastrado con suavidad por una leve ventisca que dejaba al pasar, para perderse por siempre en el olvido; Salvo por una página que llega a los pies de Kraloff. — “No hay paz para los malditos, ni descanso alguno para aquellos que han sido arrancados del reino de las sombras, Señora de la Muerte”. –

“…Es imposible, ¿cómo derrotas algo que crece cada vez que un aliado cae en batalla?, esta magia vil e inmunda juega con nuestras mentes. A veces, mientras vigilo, me parece ver tu rostro moribundo a lo lejos, me llama y pide a gritos mi ayuda, la desesperación se apodera de mí, me está volviendo loca, así que esta noche me escabulliré entre las patrullas, si no puedo defender esta ciudad, por lo menos, te liberare de esta terrible maldición amado mío y si no regreso, caeré a tu lado, para estar juntos por toda la eternidad y este diario, será testigo de nuestro amor. Al diel shala. -Nagakami”

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