El dolor de María Priscila

María Priscila sale de su casa (en Texcoco) a las 11 de la mañana para llegar unos minutos antes de su cita a las 4 de la tarde (muy al sur del DF). Si no llegara a tiempo, no la dejarían pasar y esas poco más de 4 horas de viaje serían inútiles. Sabe que podrían ser menos, pero no puede caminar más rápido: tiene una hernia cervical en la base del cuello y una fractura de tobillo que le requirió una placa de titanio con 8 tornillos.

Hace todo ese viaje para recibir fisioterapia y evitarse una cirugía más, porque le da mucho miedo. Sabe que las cirugías de columna son peligrosas y delicadas y no quisiera que le pasara lo mismo que a otra señora en fisioterapia que un año después no ha podido erguirse. Recuerda que hace 13 años la recuperación del tobillo fue terrible, dolorosa y no quedó bien del todo. Ella se empeoró la herida, pues al ver que dedos estaban “viendo hacia el talón” giró el tobillo y terminó por romperlo más.

— ¡Ay, señora! ¡¿Cómo pudo aguantarse ese dolor?!
Le dijo la misma señora que se está recuperando de la cirugía de columna. — Mijita, eso no duela nada. ¿Te digo qué duele?
Se hizo un silencio incómodo en el vestidor. ¿Querían saberlo? María Priscila siguió hablando: — Perder un hijo. A mí me quitaron dos.
En 2001, ‘levantaron’ a su hija de 15 años a la salida de la escuela. — Muy bonita, muy guapa, como su papá. Blanca, ella. Larga, como tú. Te veo y me acuerdo de ella.
Me miró y su cara redonda se contrajo, sus de por sí pequeñísimos ojos rasgados se apretaron aún más, su nariz chata se puso roja.
A la hija de María Priscila la levantaron, la violaron y la dejaron tirada en un terreno baldío. Menos de un año después mataron a su otro hijo, de casi 17 años.

— No sabía como explicarle al más chiquito qué le había pasado a sus hermanos. Y luego me rompí el tobillo, ¡¿qué me iba a doler eso?! Por eso, si me operan de la columna, yo creo que ahí me quedo… porque allá, me esperan dos. Me dice el pequeño que no, que me quede, pero allá están los otros dos. A veces le pregunto a Dios, ¿qué hice? ¿qué cosa tan mala he hecho en la vida? ¿por qué me castiga así?

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