Libra y Cáncer

En la casa siempre hemos sido cuatro: dos Libra y dos Cáncer. Mami y tío, nacidos en Julio, con dos días de diferencia y, la abuela y este servidor, nacidos en Octubre.

Me levanté y, como cada día, esperaba encontrarla en la cocina. En pie desde buena mañana haciendo ya fueran tortillas palmeadas o arepas. O pinto. Ese que, por no tener receta definida, es siempre una grata sorpresa al paladar. Cada vez es diferente y, al mismo tiempo, es idéntico al del día anterior.
Chile dulce, amor, cebolla, sacrificio, frijoles, heroísmo, arroz… usted me entiende…
Y chile, mucho chile.
Ella siempre ha dormido arriba, en el segundo piso. Su cuarto ve hacia el norte, ahí donde los nubarrones de Octubre se amontonan contra las montañas de Heredia y «Las Tres Marías» se elevan, vigilantes, sobre el volcán Barva.
¡Si viera lo que le compré!, y es que, aunque a ella no le importa que le regalen nada yo siempre le busco un regalo porque se lo merece todo. Fíjese, amigo, si yo le contara todo lo que ha hecho por mí… Llamarla segunda madre se queda corto; siempre me gusta decir que tengo dos mamás, así nomás.
Estoy divagando otra vez. Es que, viera como me cuesta arrancar en las mañanas, tanto así que los primeros 10 o 15 minutos ando como en «automático» y me pierdo un remolino de pensamientos que no van a ningún lado hasta que el toque del agua fría o el golpe del meñique contra la mesita del televisor me recuerdan que existo.
¡La abuela cumple hoy, carajo! — me digo a mi mismo, como para sacarme del letargo anticipadamente.

Me levanto de la cama, abro la puerta y bajo las gradas.

¿Bajo las gradas?
¡Qué raro!, yo siempre he dormido abajo. No, no, creo que estoy viendo cosas. De seguro aún tengo encendido el piloto automático.

Estoy en el primer piso pero hay algo diferente. No sé decir que es. La casa se ve como… más grande.

¿Dónde está el cuarto de tío?, ¿Por qué la sala se ve más grande? y, ¿Por qué hay dos fotos más de la abuela? — Debe ser por el cumpleaños. Sí, eso es.

Camino hacia la cocina, pero ella no está. No la veo por ningún lado y son las siete de la mañana. Seguramente se quedó dormida.

Corro hacia las escaleras y subo a su cuarto. Ese que tiene la ventana que ve al norte. Pero ella tampoco está ahí. No están las muñecas, ni la cama de madera, ni el crucifijo.

Y entonces, mientras observo como los nubarrones de Octubre empiezan su marcha rumbo a las «Las Tres Marías», lo recuerdo todo: hace mucho que dejamos de ser dos Libra.
¡Oh, maldita ironía!
El mismo útero que cargó, dos veces, con los Cáncer de la casa no pudo con un tercero. Este cáncer [así, en minúscula], vestido de muerte, se alojó allí donde se gesta la vida y se encargó de llevársela en nueve meses.
Bonito momento escogés para ponerte poética, Vida.
Nueve meses de lucha, pero ese tercer cáncer [así, en minúscula] fue más fuerte y, no contento con arrebatar una vida, se encargó de mutilar otras tres y llevarse las partes consigo.

¿Alguna vez ha sentido la lluvia en su corazón?, ¿Como que unos nubarrones se amontonan sobre el y adentro llueve tanto que los ojos se inundan?


Hoy es 15 de Octubre y afuera también esta lloviendo.

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