Chúc Mừng Năm Mới (o ¡¡feliz año nuevo!!) (I)

El año pasado tuve la gran suerte de celebrar el año nuevo dos veces. No, no aproveché el cambio de huso horario en dos países fronterizos. Tampoco lo celebré una primera vez y tomé a continuación un avión que me llevara en una carrera hacia el oeste para avanzar de nuevo a la noche. Con más calma, lo celebré primero el día 31 de diciembre en mi casa y, después, el 10 de febrero en Vietnam.

Claro, se trata de dos años nuevos diferentes. El primero, el 2013 del calendario gregoriano. El segundo, un nuevo año de la serpiente en el calendario vietnamita, muy parecido al chino. El Têt, como se conoce esta celebración, es una locura colectiva que periódicamente se espera entre finales de enero y principios de febrero y que dura cerca de una semana. Es la gran fiesta del año. Para que nos entendamos, es como una Navidad, año nuevo y los cumpleaños de toda la población a la vez. Muchos vietnamitas cuentan su edad como têts vividos. Durante estos días, las penurias del año anterior se olvidan. Desde ahí donde estés, vuelves a tu pueblo de origen para celebrarlo con tu familia, agarrándote a la esperanza de que el año próximo será mejor.

El año nuevo en Vietnam lleva con él un sinfín de costumbres y tradiciones. Ilustración por Anna Llopis.

Por fin, 10 de febrero. De todos ellos, el día más señalado. Anna, mi compañera, y yo estamos en Kon Tum, una ciudad poco turística del interior montañoso del país. Es la hora de comer y estamos paseando por las calles desoladas propias de un día en el que todo el mundo se reúne con la familia. De pronto, de una de las casas anónimas una mujer nos llama y nos hace con la mano para que nos acerquemos. Intrigados, vamos para allá. Nos invita a pasar y desaparecemos del gris impersonal de las calles solitarias para adentrarnos en la proximidad de la celebración de las fiestas con los que, de repente, se convierten en los nuestros de Vietnam.

Mucho se ha hablado de los dos Vietnam, de la diferencia que aún se nota entre el norte comunista y el sur capitalista. Seguro que aún están pero, como visitantes ocasionales, la diferencia más exagerada que se puede percibir no es entre el Vietnam del Norte y el Vietnam del Sur sino entre el turístico y el no turístico.

En muchos lugares del mundo se ha pervertido totalmente la interacción que pueden llevar a cabo un forastero y un autóctono, sobre todo si ésta es breve. Entre unos cuantos turistas prepotentes que se saben seguros de poder lograr lo que quieran con su dinero, y unos cuantos locales deseosos de recoger de allí donde puedan, cualquiera de los dos que quiera salirse de estos papeles preconcebidos no lo tendrá nada fácil. Sin embargo, en la mayoría de lugares, tan sólo con saltarse la primera línea de contención estos vicios desaparecen. Pero en unos pocos sitios no basta con eso y hay que tener cuidado con el precio incluso cuando se compra una botella de agua en una pequeña parada no céntrica. Vietnam tiene lugares de estos, como Hoi An, allí de dónde veníamos antes de llegar a Kon Tum. En cambio, el Vietnam no turístico es totalmente diferente. Tranquilidad. Miradas risueñas y nerviosas, mucha humildad. La humildad, que siempre va ligada con la dignidad.

Las casas de Hoi An son preciosas, pero es un lugar saturado de turismo. Ilustración de Anna Llopis.

En la próxima entrada explicaremos qué puede pasar para que dos catalanes más bien tímidos terminen bailando la macarena con una familia vietnamita a la que acaban de conocer.

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