Un círculo virtuoso: Bitcoin y energía

Mucho se ha hablado y escrito estos últimos años acerca de la relación entre Bitcoin y la energía empleada para su funcionamiento.
Gran cantidad de artículos fueron publicados en diversos medios acusando a Bitcoin de consumir mucha energía, como si esto fuera algo perjudicial o de alguna manera dañino, sin prestar demasiada atención a las razones por las cuales Bitcoin requiere del uso energía, así como cualquier otra industria también lo requiere. A nadie se le ha ocurrido, por ejemplo, criticar a la industria del aluminio por utilizar ingentes cantidades de energía eléctrica en su producción. De hecho, esa sola industria consume varios órdenes de magnitud más energía que Bitcoin.

La realidad es que esta nueva red monetaria global afecta los intereses de muchos actores económicos y políticos muy establecidos en el mundo desde hace al menos un par de siglos . Y lo hace desde un lugar muy difícil de contra restar, ya que es una red abierta y totalmente descentralizada, dado lo cual no existe un único punto de control que pueda ser atacado. La red opera con nodos distribuidos a lo largo y ancho del mundo en diferentes ubicaciones físicas y virtuales, haciendo muy complicado un ataque real. Entonces los enemigos de Bitcoin optan por ataques de ingeniería social, tratando de convencer al público en general de que Bitcoin es malo para el ambiente y no debería ser usado, y aprovechan el discurso ecologista, muy en auge en estos tiempos, para tratar de que la gente vea a la red como algo perjudicial para el medio ambiente, y con esa excusa, tratar de socavar su uso.

Estos intentos se vienen repitiendo año tras año, pero lo único que logran es que se le preste más atención a Bitcoin, y se tome más dimensión de todos los beneficios que la nueva red monetaria global aporta a las sociedades de todo el mundo.
Economistas, ingenieros, matemáticos y hasta filósofos tienen hoy una tesis sobre Bitcoin en su área de trabajo, porque el tema ya no les puede resultar ajeno. Está, para bien o para mal, en boca de todos, haciendo que cada persona deba tomar posición al respecto cuando es consultada. Esto requiere estudiar el tema con más profundidad para poder emitir una opinión informada.

Es allí donde la verdad finalmente aflora.

Cuando alguien se compromete a estudiar Bitcoin profundamente para poder entender sus implicancias, lo que descubre lo deja tan maravillado que necesita seguir investigando, porque los beneficios y la diversidad de posibilidades que abre Bitcoin en tan diversos campos son tan importantes que fascinan a cualquier mente curiosa ávida de conocimiento.

Es entonces que el tema del consumo de energía es abordado seriamente y se descubre que la utilización del recurso por parte de la red no solo NO es diferente al de cualquier otra industria, sino que es comparativamente despreciable respecto al servicio que Bitcoin ofrece a la humanidad toda. No solo esto, sino que además la minería de Bitcoin aporta una forma muy interesante de equilibrar las redes de distribución de energía eléctrica haciéndolas más seguras, eficientes y estables. Más aún, la clase de incentivos que propone la red se alinean con el ahorro de energía y la utilización de recursos renovables.

A continuación explicaremos el porqué de todo esto:

Aquellos que se dedican a la minería de Bitcoin, osea al proceso de confirmar transacciones en nuevos bloques, son los que consumen energía, ya que el protocolo de consenso los obliga a realizar una prueba de trabajo (PoW) para poder hacerse con el derecho a escribir un nuevo bloque de transacciones en la base de datos de Bitcoin.

¿Porqué alguien incurriría en el costo económico de pagar la energía necesaria para hacer esto?
Básicamente, porque aquello que recibe en compensación por el trabajo realizado (nuevas unidades de Bitcoin) tienen más valor que el dinero invertido en energía e infraestructura. Si el resultado de esta ecuación económica no resultara positivo, el minero iría a pérdida y terminaría quebrando. Por lo tanto queda claro que mucha gente en el mundo le da un valor a Bitcoin que es tan importante que hace que otras personas estén dispuestas a invertir mucho dinero en equipamiento y energía para poder obtenerlos.

Nadie dicta el precio de Bitcoin, este emerge del más puro mercado de oferta y demanda.

Ahora bien, cuanto menos pague el minero por la energía, mayor será su margen de ganancia. Esto hace que los mineros busquen incansablemente fuentes de energía lo más baratas posible.
¿Y cuáles son las fuentes de energía más económicas?
Aquellas que NO requieran el consumo permanente de combustibles fósiles difíciles de extraer de la naturaleza, osea las fuentes renovables: hidráulica, solar, eólica, geotérmica, mareomotríz, etc.

Por eso decimos que Bitcoin promueve el uso de energías renovables.

Sin embargo, la incorporación de cada vez más plantas de generación de energías renovables a los circuitos de distribución plantea serios problemas de estabilidad en las redes eléctricas, ya que estas fuentes son inestables por definición (el sol no brilla todo el tiempo; el viento no sopla permanentemente). Esto, sumado a que la demanda tampoco es estable (no siempre hay que refrigerar o calefaccionar ambientes; los consumos domiciliarios e industriales aumentan o disminuyen según la hora del día) convierte a la estabilización de las redes en un gran desafío para las distribuidoras.

Aquí aparece la minería de Bitcoin a gran escala colaborando en la solución.

Una característica única de las grandes operaciones de minería de Bitcoin es el de poder activarse o desactivarse completamente o por secciones casi instantáneamente, esto convierte a las grandes empresas mineras de Bitcoin en los ecualizadores ideales de las redes de distribución eléctrica que se nutren de fuentes de generación diversas.
Cuando la generación está en su máximo y excede en gran medida a la demanda, los mineros ponen más equipos en línea absorbiendo sin dificultades e instantáneamente la generación en exceso; y por el contrario, cuando la demanda se ubica por encima de la generación, los mineros pueden apagar secciones completas de sus operaciones equilibrando inmediatamente el sistema.
Este servicio es extremadamente importante para las empresas distribuidoras y están dispuestas a pagar por él.
En realidad, las distribuidoras no le pagan a los mineros, sino que les ofrecen paquetes de energía por largos períodos a precios muy competitivos a cambio del servicio de estabilización de la red.
Esta dinámica de cooperación es muy nueva y está en pleno desarrollo actualmente, principalmente en el estado de Texas en Estados Unidos.
Es de esperar que las empresas distribuidoras de energía eléctrica acaben instalando sus propias operaciones mineras, o que las compañías de minería de Bitcoin acaben instalando sus propias plantas de generación de energía como ya se está observando en algunos casos.

Otra fuente de energía muy económica es aquella que no se utiliza.

Existen casos en los que la fuente de energía se desperdicia porque, en realidad, es un subproducto de la obtención de otro recurso energético.
Este es el caso del gas natural desperdiciado en pozos petroleros remotos.
Toda operación de extracción de petroleo tiene asociada la obtención del gas natural acumulado en el mismo yacimiento. En la mayoría de los casos, este gas terminaba siendo desperdiciado en un proceso llamado “venteo”, ya que no es económicamente viable envasar y/o transportar este gas (metano) porque la locación del pozo es extremadamente remota o inaccesible. Entonces simplemente se lo liberaba a la atmósfera con un terrible impacto ambiental. Con el tiempo se entendió que la combustión del metano (CH4) al combinarse con el oxígeno, lo convirte en dióxido de carbono (CO2) que es mucho menos perjudicial que el metano liberado directamente al ambiente. A este proceso se lo denomina “flaring” y es lo que se hace hoy en día.

¡Literalmente se quema la fuente de energía!

Los mineros de Bitcoin, siempre a la búsqueda de fuentes de energía de bajo coste, inmediatamente concluyeron que debían aprovechar ese recurso desperdiciado, ya que ese gas es una fuente de energía prácticamente gratis! Y así es como hoy existen cada vez más mineros de Bitcoin al pié de muchos pozos petroleros aprovechando el gas natural desperdiciado convirtiéndolo en energía eléctrica y, al mismo tiempo, contribuyendo a mejorar la calidad del aire que respiramos.

Estos procesos también son de muy reciente implementación y es esperable que las empresas de exploración y extracción de petróleo terminen instalando sus propios equipos de minería de Bitcoin.

Existen otras fuentes de energía que resultan contaminantes para el ambiente, como los gases producidos en las plantas de disposición final de residuos de las grandes ciudades, o el producido por el guano resultante de la cría de animales a gran escala, entre otras, que hoy no se aprovechan, ya están siendo utilizadas en la minería de Bitcoin, mitigando los efectos adversos de esos gases extremadamente contaminantes al no ser liberados al medio ambiente sino convertidos vía combustión en energía eléctrica.
Este tipo de instalaciones industriales de procesamiento de gases contaminantes no se construía hasta el momento porque no existían los incentivos económicos para hacerlo. Bitcoin cambia esa ecuación y genera esos incentivos permitiendo que dichas inversiones sean rentables.

Como podemos ver en el desarrollo de los hechos, Bitcoin, lejos de ser perjudicial para el medio ambiente, lo favorece en varios sentidos, y la evolución de las nuevas investigaciones que se están realizando actualmente para ampliar aún más las fronteras de esta tecnología abrigan nuevas esperanzas para el futuro de Bitcoin y el cuidado ambiental.

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