El anticliente

Como el anticristo o la antimateria, todos tenemos esos “clientes” que en realidad nunca llegan a serlo. Por eso te damos algunas recomendaciones para lidiar con ellos.

No nos malentiendan, adoramos a nuestros clientes (aunque a veces nos la pongan difícil). De hecho, en ICO normalmente nuestras relaciones con clientes tienen una duración de entre ocho y 15 años, y es muy común que volvamos a trabajar con las mismas personas cuando se cambian de empresa.

Sin embargo, nos pasa también que, de vez en cuando, nos topamos con lo que denominamos el anticliente: aquel que nunca llega a ser cliente pero que tiene un talento espectacular para hacerle perder el tiempo a la agencia. El principal enemigo de la ejecución y la eficiencia.

A continuación, para que puedas identificarlos más fácilmente (o simplemente que veas que no eres el único al que le ha pasado), te compartimos algunos de los arquetipos de anticlientes con los que nos hemos topado a lo largo de ya casi 28 años de la fundación de nuestra agencia.

El que prende el boiler pero no se mete a bañar

Toda agencia con un cierto tiempo de vida tiene por lo menos un eterno cliente platónico lleno de promesas de grandes proyectos, pero que a la hora de la hora es incapaz de pasar del plano de las ideas al de la realidad.

Nuestra recomendación: en la medida en que no te afecte, disfruta el coqueteo (nunca está de más estar en buenos términos), pero no te hagas ilusiones.

El que te utiliza

En el mundo de la comunicación, el marketing y la publicidad, es prácticamente imposible evitar a este tipo de clientes. Se trata normalmente de gente que tiene por costumbre pedirle trabajo a varias agencias para después desarrollarlo con alguien más, o que convoca a concurso cuando en realidad ya tiene a su proveedor por dedazo. Lamentablemente, ambas son prácticas muy comunes en este mundo.

Nuestra recomendación: a veces el que no arriesga no gana, pero asegúrate de escoger bien tus batallas.

El que no sabe lo que quiere

Esto a veces es verdad hasta de los clientes que sí se logran, pero cuando se trata de una cuenta en ciernes, puede resultar catastrófico. La cosa es medir hasta qué punto puede uno ayudarlos a tomar decisiones… y si vale la pena.

Nuestra recomendación: si crees que lo vale, piensa en aclarar las ideas y prioridades del cliente como parte de tu valor agregado como agencia. Pero si no ves manera de que aterrice, pídele que medite las cosas y se ponga en contacto contigo cuando sepa bien qué onda.

El que no tiene dinero

Este es el tipo cliente que llega y te pide un Porsche, dos Ferraris y 70 Jettas, pero no tiene ni para la gasolina. Aguas con estos casos, porque comúnmente confunden la creatividad y el ingenio con hacer magia sin dinero, y cuando les intentas cobrar, aparte de todo, se dan la ofendida de su vida.

Nuestra recomendación: no te arriesgues demasiado por tratar de ser paciente y flexible. A la larga, quedarás en mejores términos (y con mejores finanzas) si hablas derecho y le pides al cliente que reconsidere y regrese cuando disponga de más recursos. Créenos cuando te decimos que es lo mejor para ambas partes.

El que sale muy ‘alternativo’ a la hora de pagar

Este tipo de cliente es hasta cierto punto un derivado del anterior. La diferencia radica en que es su costumbre proponerte compensarte con sociedades, relaciones y promesas de bonos que nunca llegan.

Nuestra recomendación: ojo, en una de esas se trata de alguien de tu absoluta confianza y la oportunidad vale la pena, pero las más de las veces se trata de gente que, o está muy desesperada, o quiere pasarse de lista. Lo mejor es llegar a un acuerdo claro y manejar expectativas o, en su defecto, declinar la oferta.

El que simplemente desaparece o se va

Puede que este sea un caso más raro, pero sucede. Se trata del cliente del cual, de un momento a otro, no volvemos a escuchar jamás. Lo terrible de estos casos es lo desconcertante que puede resultar la situación para el negocio.

Nuestra recomendación: si te llega a pasar, simplemente acéptalo y, por favor, nunca seas tú ese cliente. Basta con tomar el teléfono o mandar un correo (o de perdida enviar un whats) y avisar que el proyecto está suspendido.

Ahora bien, es muy probable que te topes con alguna combinación de alguno de estos anticlientes, y en algunos casos puede que su comportamiento no sea necesariamente el habitual sino que esté dictado por circunstancias fuera de su control. Lo mejor en estos casos es ir evaluando la situación y decidir qué tanto tiempo dedicarles, procurando no descuidar a los que sí son ya tus clientes y mantienen ‘encendidas las luces’ de tu negocio. De cualquier forma nosotros somos de la filosofía de que, si bien a veces hay que arriesgar, también hay que saber asumir cuando la cosa nomás no va para ningún lado.

Alejandro Mier es cinéfilo y copywriter en ICO. Para saber más sobre nuestro equipo te invitamos a checar nuestro sitio, y para seguirte enterando de otros temas de comunicación digital y content marketing, no te olvides de seguirnos en redes sociales (Ln/Tw/Fb).

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