La cultura también vende

Mercadotecnia y cultura, una dupla que hay que estudiar a detalle.

La FIL y el FICG son dos de los eventos que mayor proyección le han dado a Guadalajara en el mundo. Son cultura, pero también negocio y, como tal, mercadotecnia.

Por estos días –para ser precisos del 4 al 13 de marzo- se celebró el 31 Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), el encuentro audiovisual más importante de Latinoamérica. La calidad y relevancia de las películas que son exhibidas a lo largo de una semana, las celebridades que se dan cita, los profesionales de la industria que materializan proyectos y las decenas de miles de personas que disfrutan de sus actividades culturales, hacen de ésta una fiesta del cine.

Pero el FICG no es el único proyecto de renombre de la Universidad de Guadalajara (UdG). También lo es la Feria Internacional del Libro (FIL), ambos impulsados por Raúl Padilla López. “El líder vitalicio y de facto de la Universidad –dice el Doctor en Antropología Fabián Acosta, adscrito al Departamento de Filosofía de la UdG- tuvo la sensibilidad de ir más allá de los objetivos educativos y formativos inherentes a toda institución de educación superior; quiso ir más allá, aventurándose en un par de empresas que hasta la fecha se han consolidado y le dan renombre a la UdG, a Guadalajara y a Jalisco”.

Creada en 1987, la fiesta de los libros de Guadalajara registró, en su pasada edición, la visita de 792,000 personas, quienes recorrieron los 34,000 metros cuadrados de la Expo Guadalajara para visitar los stands de 1,983 editoriales procedentes de 44 países. Dicho éxito, aunque le pese a los “puristas” en el tema, es en no poca medida reflejo de la importancia de la mercadotecnia para mantener en movimiento a la feria y al mercado del libro.

Letras y números

Como un espacio para los negocios del mercado editorial, en su 29 edición, en la feria se dieron cita 20,517 profesionales del libro. El Salón de Derechos recibió a 125 empresas procedentes de 27 países que tuvieron alrededor de 3,600 citas de negocios.

También sirvió como plataforma para la presentación de los mercados editoriales de Chile, Nueva Zelanda y China, que aprovecharon el marco de la feria para hablar con sus pares de otros países. Según el balance preliminar de las editoriales, durante los nueve días de la FIL se realizaron ventas estimadas por 42 millones de dólares.

En vista de tan espectaculares resultados, apenas se clausura oficialmente la FIL, semanas después empieza la planeación de la siguiente edición. Ahora la cuenta regresiva es para celebrar los 30 años de la creación de la feria, que va a tener como invitado de honor a América Latina. Todo un reto creativo para la imaginación de mercadólogos y publicistas.

La FIL y las redes

Con la “adultez” de la FIL también han evolucionado los contenidos mediáticos para promoverla. Un ejemplo, señala Acosta, son la irrupción de los booktubers, adolescentes lectores que hacen reseñas para Internet de libros de su gusto.

Llegaron los ‘booktubers’

“Tan grande es su impacto entre la comunidad lectora adolescente o juvenil, que la FIL lanzó un concurso de booktubers, cuya premiación fue uno de los eventos más concurridos. De hecho, muchos de estos jóvenes reseñadores de YouTube son contactados por casas editoriales para que promocionen sus lanzamientos”, expone el investigador. “Sin duda –concluye Acosta-, las redes sociales son el instrumento de promoción más eficaz y con mayor futuro tanto para la FIL como para el FICG”.

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