Predica con el ejemplo y mejora tus procesos de capacitación

¿Quieres que tus colaboradores participen con entusiasmo en sus capacitaciones? Empieza por involucrarte activamente…

Aprender y recibir cursos de capacitación a la edad adulta debería ser visto como lo que es: un privilegio y no un castigo de los dioses. Queda claro que algo estamos haciendo mal a nivel gerencial cuando vemos que lo primero que sienten los empleados al enterarse de que tienen que tomar un curso es preocupación y molestia. Les preocupa la “verdadera” razón que hay detrás de la decisión de mandarlos a un curso (que si su puesto está en peligro, que si su jefe piensa que son unos inútiles, que si la empresa no tiene en qué gastarse el presupuesto…) y les molesta la carga adicional de tiempo y trabajo que supondrá el dichoso curso.

Al haber tenido la oportunidad de impartir cursos en diferentes organizaciones, tanto públicas como privadas, he notado un alarmante común denominador: los jefes, directores, gerentes o cualquiera que sea el título del directivo en turno, los mismos que deberían predicar con el ejemplo y asumir con entusiasmo su rol de “aprendices” en el curso en cuestión, son los primeros que se bajan del barco sin haberle dado la oportunidad de zarpar. ¿El resultado? El de por sí bajo nivel de compromiso por parte de “los demás” empleados puede caer a mínimos históricos en cuestión de segundos.

Y es que el problema radica precisamente en esa división –inconsciente o no- que hacen los directivos en cuanto a quiénes son los que necesitan capacitarse. Me imagino que sienten, en cuanto llegan a un puesto directivo, que se les activa un chip que les proporciona todos los conocimientos y habilidades que requieren para siempre.

Incluso si el directivo fuera la persona más hábil del mundo y una enciclopedia andante, su sola presencia y participación en los cursos puede valer más que 57 horas de discursos motivacionales para los empleados. ¿Por qué? Porque los colaboradores verán que, sin importar el cargo que se tenga, siempre se puede tener la disposición para aprender algo más; porque comprobarán que, pese a los múltiples pendientes laborales que existen día a día, es importante darse el tiempo necesario para asistir puntualmente a los cursos que la empresa organiza; y porque, finalmente, el mensaje no verbal que transmite un directivo al asistir a los cursos de capacitación es: tanto tú como yo podemos esforzarnos más para que la organización esté mejor.

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