Put-a-ttention!: Spans de atención en la era digital

No es cosa de “los jóvenes de ahora”, nadie es multitask y no, los niños no tienen la capacidad de concentración de un pececito.

Si te dedicas al mundo de la comunicación, la mercadotecnia o la publicidad, es más que probable que hayas escuchado que los medios digitales han reducido el span de atención de las personas, y es verdad. Sin embargo, comúnmente cometemos el error de confundir el span de atención con la capacidad de concentración de un individuo y no, no son la misma cosa.

De acuerdo con la investigación “Attention spans” del departamento de Consumer Insights de Microsoft Canadá, el promedio del span de atención de los seres humanos en el año 2000 era de doce segundos, y para 2013 se había reducido ya a ocho; ¡cuando el de un pez dorado es de nueve segundos!

Sacada de contexto, esta información nos llevaría a pensar que las personas ya no son capaces de concentrarse más de ocho segundos en nada. Pero si esto fuera cierto, hace tiempo que nos hubiéramos extinto. Lo sé, lo sé, todos conocemos al menos a una persona que hace ver al pez dorado como un filósofo griego. Pero por favor, sabemos que no es justo condenar a la raza humana por la falta de luces de un individuo… o varios… aunque sean mayoría.

A lo que de hecho se refieren estas investigaciones cuando hablan del span de atención hace referencia al tiempo del que dispones para captar la atención de alguien. Lo que significa que, si tienes éxito, el siguiente reto es retener esa atención el tiempo suficiente para transmitirle un mensaje de manera efectiva.

Lo que ocurre es que el aumento de consumo mediático y de experiencias digitales ha obligado a la gente a responder a muchos estímulos de manera simultánea, reduciendo nuestra habilidad de ‘clavarnos’ en una sola cosa por mucho tiempo; pero también entrenándonos para procesar mejor toda esa información.

En otras palabras, el exceso de estímulos hace más difícil seleccionar en qué concentrarnos, pero no reduce nuestra capacidad de destinar nuestra atención a una sola cosa.

No somos tontos, somos selectivos

Digamos, por ejemplo, que estamos en el metro o en la sala de espera de un doctor y sacamos nuestro teléfono para distraernos un rato en Facebook. La cantidad de posts distintos es tal que, si nos detuviéramos a ver cada uno, nunca soltaríamos el celular. De ahí que les dediquemos menos tiempo. Pero también sucede que, con el paso de los años, nos hemos vuelto más duchos para detectar solo las publicaciones que nos interesan y dedicarles más atención.

Lo anterior se debe a la capacidad de adaptación de nuestra mente. De acuerdo con la teoría de la plasticidad cerebral, nuestras neuronas tienen la habilidad de cambiar, reconfigurarse y desarrollar nuevas habilidades a lo largo de toda nuestra vida (y no solo en la niñez). Esto, sumado al hecho de que nuestra atención opera de distintas maneras en función de la tarea que estamos realizando y el medio que estamos utilizando, nos lleva a concluir que una misma persona puede comportarse de distintas maneras dependiendo de las circunstancias.

Así que no, no es cosa de los nativos digitales y los “niños de ahora”. Y que un niño no sea capaz de poner atención en absolutamente nada no es culpa tanto de la tecnología como de sus padres y maestros… a menos que estemos hablando de un niño flojo o tonto… pasa.

¡Multitask tu madre!

La forma en que ponemos atención depende de múltiples factores como la tarea que estamos realizando y el medio que estamos utilizando. No es lo mismo estar ‘tonteando’ en el teléfono que investigando un tema en nuestra compu. La investigación de Microsoft clasifica la atención en tres modalidades distintas: sustained (sostenida), selective (selectiva) y alternating (alternante).

· Atención sostenida: Se refiere a cuando un individuo se concentra en una misma tarea por un periodo prolongado de tiempo (tal y como hice yo al escribir este post). También aplica para actividades repetitivas.

· Atención selectiva: Se trata de cuando decidimos concentrarnos en una cosa y anular otros estímulos distractores.

· Alternante: Ocurre cuando alternamos nuestra atención o ‘cambiamos de canal’ entre tareas que demandan distintas actividades cognitivas, como una madre que está al pendiente de un hijo mayor, atendiendo a un infante, viendo la tele y hablando por teléfono todo ‘al mismo tiempo’.

Adivinaste, la atención alternante es a la que comúnmente nos referimos como multitask. El problema reside en que confundimos nuestra capacidad de alternar nuestra atención con hacer muchas cosas de manera simultánea. No hay que confundir el poder saltar rápidamente del Facebook, al correo, a una presentación, con poder hacer todo a la vez. De lo contrario acabamos con un montón de gente que efectivamente tiene la dudosa ‘habilidad’ de hacer muchas cosas al mismo tiempo… ¡todas con las patas!

De pececitos nada

En términos generales, los estudios concuerdan en que, si bien el mundo digital está efectivamente cambiando la forma en que procesamos información, los efectos son complejos y no necesariamente negativos. A nivel educativo, esto exige reevaluar muchos de nuestros métodos de enseñanza (que no decir ¡tabula rasa!); mientras que en el campo de la comunicación demanda replantearse cómo y cuándo apelar a la atención de un individuo de distintas maneras.

Así que no te vayas con la finta, ni tienes que decirlo todo en ocho segundos ni de la misma manera. ¡Tu cerebro no es un pez!

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