Todos para uno y uno para todos

Trabajo colaborativo, inteligencia colectiva y un laboratorio de contenidos.

Pues sí, resulta que va a ser verdad que dos cabezas piensan más que una, aunque esta creencia — tan arraigada en los tiempos que corren — tenga sus asegunes.

Vamos, que todos hemos vivido experiencias de trabajo en equipo muy desiguales. Seguro que a veces han sido placenteras, donde la creatividad y el conocimiento fluyen como la electricidad, lográndose estupendos resultados; seguro también que en muchas otras ocasiones se han transformado en un proceso emocionalmente tortuoso, con resultados mediocres.

Esto no tendría gran importancia sino fuera porque la mayor parte de las decisiones que se toman en las organizaciones son producto del trabajo en equipo, más que de la inteligencia, el conocimiento y la creatividad individuales.

Si te dedicas a la mercadotecnia o a la comunicación, o a cualquier otro trabajo creativo, entiendes de qué estoy hablando. ¿Te acuerdas en lo que acabó esa última idea que tuviste? Pues aparta tu autoestima y dale buena parte del crédito o del descrédito (según corresponda) al trabajo en equipo, dependiendo de si el resultado final fue un hermoso caballo de carreras o un burro de rancho.

Inteligencia colectiva

Hace años los investigadores Malone, Chabris y Williams se preguntaron si, como sucede con las personas, los grupos tienen inteligencia propia (Anita Williams Woolley, “Sabiduría en Grupo”, El País, suplemento Ideas, 31 de enero de 2016).

Encontraron que sí, que hay evidencias científicas sólidas de que existe una inteligencia general en los equipos a la que llamaron inteligencia colectiva. Tema del que mucho se va a hablar en los próximos años porque — al combinarse con las nuevas tecnologías — , guarda un valor exponencial para el desarrollo del conocimiento, el trabajo colaborativo, la inteligencia artificial, el ensamblaje digital y la economía participativa; tendencias que están determinando ya el mundo en el que viviremos en los próximos 50 años.

Proyectos como Wikipedia, empresas como TripAdvisor y las muy millennials Uber y Airbnb, así como los presupuestos participativos que se están experimentando en Reikiavik y Nueva York, son algunos ejemplos de lo que estamos hablando.

Y es que, como dice Williams, “la inteligencia colectiva aspira a llevar el trabajo en equipo a un nivel más eficiente en el que, gracias a la tecnología, individuos de todo el mundo puedan pensar en torno a temas comunes y encontrar soluciones”.

Grupos inteligentes y otros… que no lo son tanto

¿Pero, qué hace más inteligente a un equipo que a otro? Contra lo que cabría esperar, los grupos que suman los mayores cocientes intelectuales individuales, no son necesariamente los más listos.

Los investigadores han encontrado otros factores que parecen influir más en el cociente de inteligencia colectiva, como la participación de un mayor número de mujeres (sí, leíste bien); el hecho de que sus miembros contribuyan de manera más pareja en la discusión grupal; y que haya cohesión y buena vibra en el equipo.

Más aún: al igual que sucede con las personas en lo individual, los equipos necesitan la conjugación de varias funciones cognitivas de forma colectiva para funcionar óptimamente. De acuerdo con Williams, “los grupos tienen que desarrollar sistemas de atención para fijarse colectivamente en el entorno, sistemas de memoria para almacenar y recuperar información, y sistemas de resolución de problemas para coordinar las acciones de los distintos individuos con el fin de alcanzar el objetivo”.

Trabajo colaborativo

El desarrollo tecnológico nos ha dado acceso a una enorme cantidad de información a la que difícilmente podemos acceder de manera individual, por lo que necesitamos echar mano de la inteligencia colectiva, es decir, de la integración de equipos más listos que, auxiliándose de la tecnología, sean capaces de crear y gestionar conocimiento que nos hagan — a todos — más inteligentes.

Por ejemplo, la farmacéutica Eli Lilly — cuenta Mark Klein, investigador del Centro para la Inteligencia Colectiva del MIT — inició hace unos años un proyecto donde compartía en Internet problemas que no había podido solucionar, invitando a resolverlos a los miembros de la comunidad científica que quisieran participar, a cambio de una recompensa económica.

El experimento tuvo tanto éxito que dio lugar a InnoCentive, organización a la que se han sumado ya otras empresas, y que, según afirma la organización, está logrando resolver alrededor del 30% de los problemas publicados mediante el trabajo colaborativo vía Internet (Ana Carbajosa, “Cuanta más gente, menos errores”, El País, suplemento Ideas, 31 de enero de 2016).

De lo que se trata es de crear grupos más listos — formales e informales — que sean capaces de trabajar en forma colaborativa, echando mano de la tecnología para desarrollar sistemas que nos permitan enfocarnos colectivamente en el entorno, compartir información y conocimiento, y acometer la solución de problemas como un equipo.

Y aquí es donde conectan la inteligencia colectiva, el Laboratorio de Contenidos y el blog de ICO.

Un laboratorio de ideas para enfrentar el cambio

Adaptarse al cambio constante en el que nos hallamos inmersos cansa, y mucho, sobre todo si tratamos de hacerlo individualmente. Por lo que en ICO apostamos por la creación de un laboratorio de ideas, al que llamamos Laboratorio de Contenidos, que nos permita ser más listos e ir más allá de la actualización profesional.

El Laboratorio es un grupo de trabajo colaborativo integrado por el equipo creativo de ICO, en el que sus miembros tienen la obligación — como parte de sus funciones laborales — de investigar temas y sistematizar experiencias que se traduzcan en artículos de blog relacionados con nuestro quehacer profesional.

A esto se suma la obligación de leer y comentar los artículos escritos por los compañeros del laboratorio, lo que nos permite adquirir y aprehender una gran cantidad de conocimiento al que difícilmente podríamos acceder de manera individual.

El blog es la herramienta tecnológica que nos facilita hacer esto de forma eficiente y divertida; así como difundir y compartir nuestros hallazgos con el medio profesional, los clientes y nuestros colegas en distintas partes del mundo.

Nuestro blog es un medio abierto porque estamos convencidos de que entre más ampliemos el círculo de inteligencia, mejores resultados obtendremos. Es por eso que pronto publicaremos colaboraciones de colegas invitados, así como entrevistas y reportajes que den voz a expertos en otras áreas, y que enriquecerán nuestros contenidos aportándonos puntos de vista diferentes.

Como lector, formas parte de este blog. Para nosotros eres un colega que tiene mucho que decir y del que tenemos mucho que aprender, por lo que esperamos tus comentarios, críticas y sugerencias para hacer de este espacio, un espacio de diálogo abierto a las ideas.

Porque tres cabezas piensan más que dos, contamos contigo.

Si te interesa conocer más sobre el tema, checa estas lecturas:

  • “La multitud conectada”, cómo la inteligencia colectiva organizada a través de Internet aspira a cambiar el mundo”. El País, suplemento Ideas, 31 de enero de 2016.
  • Anita Williams Woolley, Carnegie Mellon University. Research & Publications: http://anitawoolley.com/new-research/