Unas palabras sobre “Solo en el alto cielo”

«El siguiente relato recoge el encuentro entre el periodista Tidama
Tospay y el aeronauta Earow Sampi, quien fuera el primer hombre
en llegar a la estratósfera de nuestro planeta en un globo aerostático.
Está basado casi en su totalidad en los fragmentos del diario perso-
nal y otras notas privadas de Tidama, hasta ahora inéditas. Hemos
decidido limitar al mínimo las notas editoriales para no perturbar el
flujo de la lectura. Donde fue necesario completar lagunas menores
hemos recurrido a la autobiografía de Tidama.»

Escribí Solo en el alto cielo dos veces. La primera era una mezcla algo confusa entre recortes del diario personal de un periodista y un narrador omnisciente que llenaba los espacios. No estaba mal, creo, o así lo recuerdo, pero ya no puedo realmente hacer una comparación porque la versión se perdió en el Gran Fallo del Disco Rígido sin Backups de 2014.

La segunda versión, escrita luego de llorar sobre la leche derramada un par de días, resultó mucho mejor, por homogénea: todo el relato es una serie de recortes en primera persona, con unas pocas “notas del editor”, más prefacio y prólogo del mismo, en una retrospectiva biográfica ficticia escrita tres décadas después de la muerte del autor original, un periodista con ínfulas de literato.

Esta versión reescrita quedó, finalmente, colocada al comienzo de Historias de Costaymar, mi primer libro de cuentos. Así lo demandaba el orden cronológico inverso que le impuse al índice y le sugerí al lector, dado que Solo… transcurre en la época más reciente de la cronología de Costaymar, el momento en que comienza lo que en la Vieja Tierra llamamos la “carrera espacial”, que en Costaymar podría llamarse más una caminata, si acaso.

A diferencia de otros cuentos más “inspirados”, éste surgió de la mera aplicación. Historias de Costaymar trata, oblicuamente, de avances, descubrimientos o hallazgos. El camino de los herejes tiene que ver con la evolución de las especies; La fuga es un viaje a una zona tórrida inexplorada y el descubrimiento de vida donde nadie pensaba que la habría. El vuelo espacial en Solo en el alto cielo ponía a Costaymar un paso más cerca de nuestros propios logros terrestres.

Se me planteó el problema de cómo podría ocurrir la conquista del espacio en una civilización que no tiene incentivos para ella. Entre Katare, Bhustan y Bhustan-Gali, los tres grandes bloques de población, no hay nada comparable con la Guerra Fría. No ha habido grandes guerras, no hay un análogo de Wernher Braun y equipo, no hay enfrentamientos ideológicos fundamentales, no hay un nacionalismo militarizado ansioso de probar su valía. O quizá sí: hasta allí me animé a sugerir, para no complicarme la cuestión, ya que tales asuntos, incluso cuando al final quedan bien escritos, tienden a salir volando por tangentes inadmisibles.

Así que no hay en el cuento una verdadera explicación de por qué, en tal momento, un país decide salir al espacio. Me cuesta creer en el mero orgullo o el instinto de aventura, que existen pero no son fácilmente extrapolables a naciones u organizaciones complejas, en especial cuando hay presupuestos enormes y retornos de inversión inicialmente nulos.

La historia del periodista que busca una historia y encuentra otra no es, espero, muy traída de los pelos, ni tampoco demasiado sentimental la trama de abandono y desconocimiento. No hay nada de ciencia ficción allí, sólo un par de personas separadas por circunstancias deplorables y un tercero que demuestra ser más discreto y compasivo de lo que cabría esperar.


Historias de Costaymar está disponible como libro electrónico en LeanPub (en varios formatos y con precio a elección del lector), tiene una entrada en Goodreads (donde se pueden leer y escribir críticas) y una página en Facebook.