El diseño, arma de disrupción

O por qué el diseño va mucho más allá de hacer cosas bonitas

El diseño, una disciplina que hace de las ideas una realidad (via Pablo Stanley, The Design Team)

Cuando la gente me pregunta a qué me dedico, empiezo por decirles que “es complicado de explicar”. Porque si les digo directamente “Business Designer”, suelo enfrentarme a esto:

El 99% de mis interlocutores, cuando escuchan “Business Designer” por primera vez (via Giphy)

O a lo mejor piensan que es un “fancy job title. De hecho, en Igeneris nos pasa tanto que hace unos meses escribimos un post sobre el tema.

¿Qué es ser Business Designer? Pues consiste en aplicar los métodos y procesos del diseño para crear y desarrollar nuevos modelos de negocio. ¿Y qué tienen que ver el diseño y los negocios? De eso, precisamente, es de lo que vengo a hablar hoy.

Para empezar, creo que es necesario entender que el diseño va mucho más allá de hacer cosas “bonitas”. Como explican en el documental Design Disruptors (100% recomendable para entender el papel del diseño en el mundo actual), el diseño es el acto de resolver problemas de manera intencionada.

Según esto, el diseño va mucho más allá de los píxeles. De hecho, el diseño como disciplina es totalmente independiente de herramientas visuales como Illustrator, InVision o Sketch. Los diseñadores, además de poner las cosas “bonitas”, resuelven problemas.

Cualquiera que tenga una idea que resuelva un problema, y sea capaz de comunicarla a todos los demás, puede ser un diseñador — Jenny Arden (Airbnb)

¿Y qué tiene que ver esto con los negocios? mucho, muchísimo. Clayton Christensen, padre del concepto “innovación disruptiva”, hace especial hincapié en que las empresas triunfan porque resuelven un problema real para el consumidor. Es la famosa teoría de los job-to-be-done: los clientes “contratan” productos o servicios para realizar un trabajo que necesitan. Y es importante porque, en general, cuando los clientes “contratan” una nueva solución en modo de producto o servicio, suelen “despedir” la solución anterior.

Por eso mismo el diseño es una disciplina tan importante y necesaria en el mundo laboral. Al fin y al cabo, todos intentamos que nuestro producto/servicio sea más rápido, más eficiente, más relevante, mejor. Y vivimos en la era de la información, la tecnología está al servicio de todos. Así que cualquiera puede revolucionar tu sector con una nueva (y mejorada) experiencia y darle la vuelta al status quo. Así que si no nos esforzamos nosotros en ofrecer la mejor solución, vendrán otros y lo harán ellos.

Entenderéis ahora el título de este post.

El diseño, arma de disrupción

Según CB Insights, el 96% de las empresas consideran que la disrupción es una amenaza real, pero solo el 20% de los recursos se invierte en innovación disruptiva. Parece que algo no cuadra…

La única manera de blindarnos contra la disrupción es siendo nosotros mismos los que creemos productos o servicios disruptivos. El diseño nos da las herramientas para conseguir exactamente eso.

Un buen diseñador sale a la calle, se relaciona con sus clientes y pregunta mil veces POR QUÉ. Y eso mismo deberían hacer las empresas. Solo así descubriremos necesidades mal resueltas y podremos trabajar en soluciones mejores. Es la forma de crear oportunidades de hacer algo nuevo.

Enamórate del problema, no de tu solución — Ash Maurya

Y no vale con hacerlo una vez cada 5 años. Hay que hacerlo continuamente. El mundo está cambiando más rápido que nunca. Las personas cambian. Sus necesidades también. ¿Qué nos hace pensar que nuestro producto/servicio no debe cambiar al mismo ritmo? De hecho, se me ocurren varias empresas que se confiaron de más, y todos sabemos qué pasa cuando ocurre eso…

Y cuidado, que no estoy diciendo que sea fácil. De hecho, crear algo realmente bueno es muy, muy difícil. Lo que está claro es que si no lo intentamos, no lo conseguiremos nunca.

Seamos ambiciosos (via Giphy)

Ideas are a dime a dozen

Vamos, que una idea vale entre 0 y nada. Lo importante es materializar esa idea. Ponerla delante del cliente y ver como reacciona. ¿Qué funciona? ¿Qué no?

“El diseño no está acabado hasta que alguien lo está utilizando” — Brenda Laurel

Como decía antes, vivimos en la era de la información. La tecnología ha dejado de ser un límite para convertirse en una oportunidad. Así que las preguntas que debemos hacernos han cambiado. Ya no nos tenemos que preguntar ¿puedo hacer esto? Sí, claro que puedes. Lo que deberíamos preguntarnos es ¿estoy construyendo la solución correcta?

Y os voy a contar un secreto. Casi nunca es la correcta. Seguramente vaya bien encaminada, pero es difícil acertar a la primera. Por eso hay que aprender de los clientes cada día, iterar y pivotar hasta que descubramos cuál es la solución perfecta. Esa que hace que el cliente esté contento, que realmente haga que “se enamore”. Lo explican muy bien los chicos de Sprint.

Todos debemos ser diseñadores

Fijaros en los grandes unicornios de nuestro tiempo, esas empresas que sirven de ejemplo en casi todos los artículos de innovación, esas que lo están haciendo muy bien, que han revolucionado sectores enteros. Pensad en Spotify, Airbnb, Uber, Facebook, Google, Amazon, Netflix y las que están por venir.

Todas ellas dan al diseño la importancia que se merece. Han entendido que al final, ofrecer una muy buena experiencia les beneficia. Parece obvio, pero hasta hace unos años no lo era tanto. Si queremos competir contra ellas, si no queremos quedarnos atrás, es importante que también nosotros tratemos el diseño como lo que es: una ventaja competitiva.