Un repaso al sonido de Metallica a través de sus productores

Metallica es una de esas bandas que siempre es recurrente en cualquier conversación sobre sonido en el metal. Y es que, al revés que otras de las grandes bandas del thrash (por ejemplo, sus compañeros del Big Four, Slayer, Megadeth y Anthrax ), Metallica ha experimentado importantes cambios en su sonido a lo largo de sus más de 30 años de carrera.
Este afán por reinventarse y explorar nuevas áreas musicales es una excepción en la dinámica del género. En el metal, pero sobre todo en el thrash, el sonido, o sea, la tralla, se suele mantener. En el caso de Metallica, ha habido transiciones, idas y vueltas, hasta el retorno al equilibrio.
Quiero creer que el papel del productor en esta odisea de cambios durante esos años no ha sido casual. Metallica ha tenido unos cuantos. Por ello, vamos a analizar toda la carrera del grupo parándonos a evaluar el efecto y valor de cada uno.
Paul Curcio: Mátalos a todos (1983)

El encargado de grabar el primer disco de Metallica, Kill ’Em All, era esencialmente el dueño y el propietario de Music America Studios, donde se realizó la icónica grabación. No hizo mucho papel de productor, sino que más bien se dedicó a registrar las canciones.
Aunque probablemente habrá muchas voces discordantes con lo que voy a decir, considero que este no es en absoluto un disco de thrash metal. Al menos no en cuanto a sonido. Es un primigenio speed metal, que suena a un ensayo grabado, con guitarras punk aceleradas y mezcladas con solos incendiarios. Todavía tendrían que llegar las distorsiones más graves, los bajos más presentes y los interminables desarrollos instrumentales.
Fleming Rasmussen: Los reyes del thrash (1984–1988)

Ese sonido llegaría un año más tarde, en 1984, con la influencia europea de Fleming Rasmussen. Puede que muchos no le conozcan, pero este productor danés se encuentra detrás de algunos discos clásicos del metal, como Imaginations From The Other Side de Bling Guardian o Covenant de Morbid Angel.

Sin embargo, si algo ha centrado la carrera de Rasmussen ha sido estar tras los mandos en Ride The Lightning(1984), Master of Puppets (1986) y …And Justice for All (1988). La trilogía que encumbró a Metallica al Valhalla del thrash metal se convirtió en un referente de sonido para fans y otras bandas. Las baterías y los bajos adquirían protagonismo, y las guitarras pasaban a tener una distorsión mucho más grave y potente. Se combinaban también canciones muy veloces y salvajes con otras con partes lentas de desarrollo más melódico.
La producción se mantendría prácticamente inalterada en los dos primeros discos, pero con …And Justice For All llegarían dos cambios importantes. El primero es la célebre desaparición del bajo del debutante Jason Newsted. Esa bajada tan grande de volumen confiere un halo general más maquetero que los dos anteriores discos.
Ese vacío, que no se ha vuelto a repetir en otros álbumes y que obedecía a desconfianzas de Hetfield y Ulrich hacia Newsted más que a ninguna decisión de Rasmussen, tuvo una contrapartida positiva. Destacó un segundo elemento, que sí tuvo repercusión en el sonido de Metallica, y en el de todo el metal: se trata del bombo en la batería.
En ...And Justice For All, el característico bom-bom del bombo ochentero deja paso al tk-tk, un sonido con menos graves, más ataque, mucho más definido y presente en la mezcla. Este nuevo estilo marcaría un cambio en las producciones de batería de todo el metal a partir del final de década, y especialmente en los 90 con la llegada de Pantera y el groove metal.
…And Justice For All fue el mayor éxito de Metallica hasta entonces, ganando un Grammy por la producción del tema ‘One’ en 1989. Sin embargo, el salto al mainstream todavía no había llegado.
Bob Rock: Giro comercial y declive (1990–2003)

Bob Rock debe ser un tío bastante odiado entre la base de fans ortodoxa de Metallica. Su colaboración con la banda durante 15 años ha coincidido con el principal giro de sonido y estilo, alejándose del tradicional thrash metal y dirigiéndose hacia un hard-rock más maduro y melódico. Teniendo en cuenta que Bob Rock se había hecho famoso hasta entonces por su trabajo con Bon Jovi, Motlëy Crue o The Cult, ¿sorprende a alguien?
El ‘álbum negro’ fue su carta de presentación como productor de la banda. En este disco el bajo vuelve a oírse, mientras que la batería adquiere aún mayor presencia, gracias en parte a una selección de temas que apuesta por ritmos lentos y pesados. La voz de Hetfield sufre un cambio importante: se hace más limpia, dando importancia a la melodía y acercándose al canon del rock duro. Este disco, y no los siguientes, representa, en mi opinión, el gran giro estilístico de Metallica.
Su publicación fue un éxito rotundo, vendiendo hasta la fecha 16 millones de copias sólo en EEUU, y creando clásicos instantáneos como ‘Enter Sandman’, ‘Sad But True’ o la balada ‘Nothing Else Matters’. Los fans, todavía, no parecían estar defraudados.
La tempestad después del silencio: Load y Reload

Cinco largos años pasaron hasta que Metallica (con Bob Rock de quinto miembro) volvió la palestra. Load se publicó en junio de 1996, llamando la atención por los flamantes cortes de pelo de sus integrantes y una ‘suavización’ de su logo.
En este disco y su continuación, Reload, de 1997 (los dos se grabaron juntos), se continúa la línea pesada del disco negro, pero yendo un paso más allá: guitarras con efectos, algunas acústicas, una voz aún más melódica y prácticamente ningún resquicio del thrash metal que les hizo famosos.
Ambos discos abrieron las puertas del sonido de Metallica, permitiendo llegar a una generación de fans nueva que había coincidido con el grunge. También algunos puretas se sintieron atraídos hacia los guiños al southern rock con canciones acústicas y riffs de corte bluesero. Una gran parte de su público metalero, sin embargo, les dio la espalda completamente. Metallica sólo consiguió mantener a los fans más radicales al ignorar los temas nuevos en sus conciertos, donde ofrecía un refrito de sus éxitos metaleros de siempre.
A título personal, considero que Load y Reload tienen la mejor producción jamás conseguida por Metallica, con unas guitarras afinadas en mi bemol que fueron un acierto, y dieron a la banda un sonido reconocible y distinto del resto de grupos. No es metal, vale… pero suena genial. Esto, claro, es sólo mi opinión.
Garage, Inc: café para todos
Solo un año después, en 1998, saldría a la venta Garage, Inc, una recopilación que mezclaba la reedición de su disco de versiones maquetero Garage Days (que hasta entonces había circulado de manera pirata) junto con un segundo CD de versiones nuevas. En esta selección se buscaba aunar los dos sonidos, el trasher antiguo y rock duro moderno, pero a la práctica solo se consiguieron dos discos separados con estilos muy distintos.
En las grabaciones nuevas se mantenía la producción de Load y Reload, dando como resultado algunas excelentes versiones de rock como ‘Turn The Page’ (Lynyrd Skynyrd), ‘Loverman’ (Nick Cave) o ‘Whiskey On The Jar’ (Thin Lizzy). Por otro lado, la remasterización del Garage Days, de 1987, fue un soplo de aire fresco para los fans de la vieja escuela, con temas que tenían más que escuchados, pero que ahora se podían disfrutar con mejor calidad. Entre mis favoritas, ‘The Wait’, de Killing Joke, y ‘The Prince’, de Diamond Head.
St. Anger y el descenso a los infiernos

Obviando el directo S&M con la filarmónica de San Francisco, el gran retorno de Metallica con material original no llegaría hasta 2003, con St. Anger, seis años después de Reload. Este disco supuso el intento de la banda de volver al sonido metalero que sus fans tanto demandaban. No obstante, se encontrarían con unos cuantos escollos en el camino.
El documental Some Kind of Monster refleja el caótico proceso de grabación de este disco, en el que Bob Rock tocó el bajo, pues Jason Newsted había sido expulsado tras 13 años en Metallica. En un ambiente de enfrentamiento entre Hetfield y Ulrich, el disco se creó de manera improvisada en un periodo de dos años, experimentando con un sonido a caballo entre el thrash metal clásico y el más cercano al nu metal. ¿El resultado? Un auténtico desastre, con composiciones bastante mediocres, sin solos y con la producción como principal enemigo.
En este disco, el sonido de batería lleno de armónicos nos pone difícil el proceso de escucha, mientras que las guitarras literalmente chirrían, y la mezcla general suena lejana, como grabada desde la distancia.
Bob Rock no parecía saber por dónde coger estos nuevos/viejos Metallica, y en cierta manera les dejó hacer a su gusto, sin involucrarse en un sonido que sí, era novedoso, pero en este caso no para bien. El de Vancouver no ha vuelto a trabajar con ellos tras esta experiencia.
Pese a convertirse en el nuevo disco más odiado de Metallica por los fans tras el binomio Load/Reload, St. Anger tuvo buenos resultados en ventas. Muchos, como yo, compramos el disco guiados por la esperanza, pero apenas lo escuchamos. Pronto volvió a acumular polvo en la estantería.
Como dato extra, un reciente experimento realizado por fans y publicado en YouTube quiso probar que el principal problema de St. Anger era la producción de Bob Rock. Por ello, decidieron regrabar completamente el álbum con una producción más tradicional. ¿Os convence más así?
Rick Rubin: El retorno al metal (2006-2008)

A mediados de los 2000, Metallica tenía claro que querían volver al metal, y tras un experimento que cayó en saco roto, decidieron ponerse en las manos de otro productor para un nuevo intento. Ahí es donde entró en juego Rick Rubin.
El carismático gurú ha convertido en oro casi todo lo que ha tocado, y tiene un currículum que tira de espaldas: Slayer, Red Hot Chili Peppers, Johnny Cash, Slipknot, AC/DC y muchos más, siempre con enorme éxito.
Al nuevo productor le pareció genial la idea de volver al sonido de …And Justice For All, y retomar las cosas donde se dejaron en 1988. El mantra del señor Rubin es la pre-producción: todo debe estar listo, compuesto y requete-aprendido para el momento de la grabación. Y así fue. Entre 2006 y 2007 los cuatro Metallica (ahora con Robert Trujillo como miembro fijo) estuvieron trabajando en una batería de temas que finalmente se reduciría a 14. Diez de ellos conformarían el Death Magnetic, y los otros cuatro se pueden encontrar en el excelente EP Beyond Magnetic.

El sistema funcionó: el disco muestra canciones bien trabajadas, con estructuras complejas, solos y un sonido claramente metalero. En cuanto a la producción, una vez más, surgió la polémica. Rick Rubin es sin duda un gran productor, pero no es un ingeniero. Se la sopla si algo suena bien o mal, lo que le importa es que se cumpla el objetivo conceptual. Ese objetivo era que tenía que ser un disco de metal, y por ello, todo tenía que sonar MUY ALTO.
En efecto, el disco suena altísimo. Tanto, que las baterías y en muchos casos las guitarras suenan distorsionadas. El exceso de compresión en la mezcla hace que la escucha completa del Death Magnetic genere un cierto dolor de cabeza.
Las quejas de los fans fueron muchas, pero ni la mayor compresión del planeta empañaría el esperadísimo regreso de Metallica al sonido thrasero clásico. Death Magnetic funcionó muy bien en ventas (teniendo en cuenta que ya vivíamos en un mundo post-crisis del sector discográfico) y volvió a poner a Metallica a la cabeza del género. Volvían a ser metal.
Greg Fidelman: La estabilidad (2016)

Como os decía antes, Rick Rubin no es un ingeniero. Para esa tarea ingrata (para él, al menos) contó para el Death Magnetic con Greg Fidelman. Él se encargó de la parte técnica de ese disco y, si no tenemos en cuenta el exceso de compresión (que seguramente sería cosa de Rubin), Death Magnetic suena bastante compensado. Será por eso que Metallica decidió, para su último lanzamiento, Hardwired… To Self-destruct (2016), contar otra vez con Fidelman, pero esta vez como productor principal.
Ya sin las presiones de Rick Rubin, el trabajo de Greg Fidelman con el último disco de Metallica supera lo correcto. No hay exceso de compresión ni volumen, la mezcla respira, y por ello es más digerible que su antecesor. La inspiración de las composiciones es, a mi parecer, menor, pero esa corrección en la producción hace que me escuche el disco del tirón con bastante comodidad.
Parece que la banda se ha cansado de experimentos y busca ir a lo seguro tras recuperar, definitivamente, la confianza de los fans. La receta siempre estuvo ahí: seguir ofreciendo más de lo mismo. Virgencita, que se queden como están.
Bonus material:
En este instructivo vídeo podéis comprobar la evolución de sonido de Metallica en sus cinco primeros discos. El autor ha adaptado el single ‘Hardwired’ a las distintas tonalidades desde el Kill ’Em All hasta el álbum homónimo, y los resultados son bastante clarificadores:

