Judaizantes, criptojudíos, cristianos nuevos y conversos
La historia de los judíos en Colombia es un tema de gran interés para historiadores. Recientemente, la Editorial de la Pontificia universidad Javeriana, presentó el libro Conversos de origen judío en la Cartagena colonial. Vida social, cultural y económica durante el siglo XVII, de Aliza Moreno-Goldschmidt, en el que se analiza la dinámica social de los conversos de origen judío en el enclave histórico colonial de la Nueva Granada y, en particular, en Cartagena de Indias.
Por Adelaida Sourdis Nájera
Tengo el inmenso gusto de presentarles este libro de Aliza Moreno-Goldschmidt, base de su tesis doctoral de la Universidad Hebrea de Jerusalén, editado por la Editorial de la Pontificia Universidad Javeriana. La historia de los judíos en Colombia ha sido tema favorito de mis investigaciones por lo que la lectura de este libro ha constituido para mí un gran aporte y deleite intelectual.

En términos generales, el libro se inscribe en la historiografía colombiana, no muy numerosa, por cierto, sobre el transcurrir vital de los judíos que han poblado y construido nuestro país. Su objeto especial es el análisis de la problemática social, religiosa, económica y política del grupo de los conversos al catolicismo que residieron en la ciudad de Cartagena de Indias durante el siglo XVII y su comparación con las comunidades españolas y portuguesas.
Su población objeto de estudio, hay que precisarlo, no son los judíos como tales, esos no podían estar en Cartagena ni en los dominios de la Corona española de donde habían sido expulsados en 1492 por los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón; su objeto son los conversos a la religión católica de origen judío, los llamados cristianos nuevos, que se desviaban de la ortodoxia y, por lo tanto, como herejes eran perseguidos y condenados por el Tribunal de la Suprema Inquisición. Es bueno recordar que esta institución sólo juzgaba a los cristianos, los “infieles” musulmanes o judíos y los indígenas quedaban fuera de su jurisdicción. En Panamá, Riohacha y Santa Marta a mediados del siglo XVIII documentamos varios casos de sefaradíes curazaleños que capturados por contrabando sólo fueron ordenados por la Inquisición y por el Gobernador a irse y no regresar a los dominios españoles (1).
En nueve documentados capítulos la autora según sus palabras aborda la investigación desde “tres perspectivas centrales: la local neogranadina, la ibérica y la de la diáspora sefaradí”, que analiza con maestría. Es un libro especializado dado el nivel de análisis e interpretación que presenta de los documentos que lo fundamentan, de las mentalidades del grupo estudiado y de la sociedad en que éste se movió, sin que esto signifique que no sea buena lectura para el lector común. A mi juicio presenta una característica especial ─no sé si a propósito─, se lo puede leer en clave de historia y en clave de heurística.
De historia, porque narra el discurrir vital de la Cartagena del momento histórico y la coyuntura económica y social que se vivía. Estudia el grupo de los conversos de origen judío, portugueses la mayoría, sus creencias, la conflictiva problemática de configuración de su identidad y su integración en una sociedad en la que primaba el concepto de limpieza de sangre, que por un lado los discriminaba en razón de sus orígenes pero que a la vez les facilitaba el acceso a mejores niveles sociales y al ejercicio de su industria gracias a su persistencia y eficiencia. Explica su integración en mayor o menor grado a la sociedad de Cartagena de Indias en el siglo XVII, teniendo en cuenta que las Coronas portuguesa y española estuvieron unidas durante 60 años (entre 1580 y 1640) lo que facilitó la entrada de lusitanos a los dominios castellanos de América, aunque esto no los igualó del todo a los españoles que conformaban la elite de la sociedad.
Unos judeo-conversos se residenciaban allí temporalmente y partían luego a otros destinos, varios se quedaban, ejercían el comercio, formaban familias y, en suma, hacían patria. El libro estudia sus orígenes, su educación que en varios de los casos citados se realizó con preceptores o escuelas católicas como las de la Compañía de Jesús; el drama del reo perseguido y apartes del juicio inquisitorial con su componente de torturas, delaciones, desconfianza, desesperación y finalmente, su obligada y compuesta confesión…
Aunque en Cartagena sólo se quemaron a ocho infelices entre los años de 1610 y 1811, relajados a la justicia real por el Tribunal de la Inquisición fundada en 1610, los torturados y sancionados con el destierro y la pérdida de sus bienes fueron muchos más. Se recuerda la llamada “complicidad grande” de Cartagena en 1635 en complicidad con grupos de Lima.
Sabemos de varios portugueses que contribuían a la comunidad de Amsterdam y mantenían juntas secretas en ciertas casas del arrabal de Getsemaní; juntas que la autora reconoce no sólo como reuniones para practicar los ritos de la Ley de Moisés sino como eventos sociales. Fueron condenados por la Inquisición.
En clave heurística se puede leer esta obra en razón del impresionante y minucioso análisis e interpretación que hace de las fuentes documentales: nada menos que los archivos de la Inquisición conservados en el Archivo Histórico de Madrid, que la autora desmenuza hasta la saciedad para poner a hablar a los documentos. Igualmente, a modo de estado del arte, por el estudio de la bibliografía sobre el tema judío sobre la cual señala sus limitaciones y ofrece incisivos comentarios.

La lectura crítica de los documentos inquisitoriales y la ordenación y clasificación de sus contenidos de acuerdo con los estadios de los procesos y los delitos investigados, el estado y la situación de los varios actores y agentes implicados en el drama histórico: reos, Inquisidores, teólogos, médicos, testigos, correligionarios o no del procesado, abren relevantes caminos de investigación. Las novedosas interpretaciones que hace la Dra. Moreno-Goldschmidt de tradicionales conceptos relacionados con la situación de las personas estudiadas, tales como “conversos”, “herejía”, “judaizantes”, “criptojudíos”, “cristianos nuevos” “limpieza de sangre” y otros menos trajinados, amplían y especializan el espectro del problema y abren nuevas perspectivas para enfocar el derrotero de provocadoras investigaciones.
Aliza navega por ese mar de información en el Archivo Histórico de Madrid y se centra en la que contiene los documentos sobre el tribunal cartagenero, divididos en Relaciones de Causas, Autos de fe, testimonios y documentos epistolares, y asigna a cada clase un valor según su procedencia y contenido para extraer de ellos no sólo el desarrollo del proceso, sino lo que podríamos llamar la “petit histoire”, la pequeña historia de los reos. Los documentos que componen las Relaciones de Causa son “monofónicos” como dice la autora pues son informes originados por la voz única del funcionario público, entendiendo que la jurisdicción inquisitorial no por eclesiástica dejaba de ser autoridad del Estado. Pero en los procesos o autos de fe, en cambio, los testimonios de testigos y delatores y las confesiones de los reos hablan con voces múltiples que muestran el ámbito de la vida privada, la vida cotidiana de las gentes, sus relaciones familiares, sus oficios, los motivos de sus viajes y desplazamientos y las costumbres de una comunidad. En síntesis, con su estudio y elocuentes citas documentales Aliza nos muestra a la persona, al ser humano que sufre, que teme, que se desespera e implora clemencia entre desgarradores llantos y lamentaciones… Los últimos capítulos relatan los casos de tres reos: Baltazar de Araujo, Luis Méndez Chávez y Miguel Arias del Valle que se añaden al antes estudiado de Luis Gómez Barreto, importante personaje cartagenero, dos veces procesado.
El libro es una importante contribución a la historiografía colombiana y a la internacional sobre la historia de las gentes del pueblo judío y su diáspora que se regó por el mundo. Su lectura, creo yo, es necesaria para cualquiera que desee conocer este apasionante tema, pero para los historiadores de Colombia es indispensable si se quiere conocer los orígenes y la formación de la nación colombiana.
Para terminar, un complemento final, el Tribunal cartagenero duró hasta 1811 cuando se creó la república de Cartagena, segundo Estado independiente de América del sur, y los inquisidores con todos sus bártulos y archivos fueron expulsados y partieron a Santa Marta, provincia que permaneció fiel al Rey. Fue restablecido por unos años en 1816 cuando el pacificador Pablo Morillo reconquistó el virreinato de Nueva Granada y fue abolido definitivamente en 1821 cuando el Estado español rindió a Bolívar el último bastión que le quedaba, Cartagena de Indias, y sus autoridades y tropas se embarcaron en buques colombianos rumbo a Cuba.
¿Qué pasó con los documentos de ese tribunal? No lo sabemos, es posible que fueran a parar a Cuba junto con otros papeles públicos que se trasladaron allí. En los de la Audiencia de Cuba que está en el Archivo General de Indias, en Sevilla puede que se encuentren algunos pues los que hoy conocemos sobre el Tribunal de la Inquisición son las copias de lo actuado que los ínquisidores de Cartagena enviaban a la Suprema en España.
Sobre la autora: Adelaida Sourdis Nájera es miembro de número de la Academia Colombiana de Historia y correspondiente de las de Bogotá, Cartagena de Indias, Real Academia de la Historia de España y Salvadoreña de Historia.
Referencias
1 - SOURDIS, Adelaida, El Registro Oculto. Los Sefardíes del Caribe en la formación de la Nación Colombiana 1813 -1886. Academia Colombiana de Historia. Bogotá, 2001 y 2002. Pp. 20–28
