#HolaRMX o cómo volví a creer en la radio

La radio me ha acompañado en gran parte de mi vida. Cuando era soltero, era habitual que todos los miembros de mi familia escucharan este medio de comunicación. Si bien de niño escuchaba estaciones como la Ke Buena (perdón, no sabía lo que hacía), en los albores de mi adolescencia, mis gustos cambiaron, primero al pop en ingles y luego, al rock y la música llamada alternativa.

Por ende, mis gustos radiofónicos cambiaron. Primero fue Alfa y Exa, y después, por influencia de una entrevista que le hicieron en Eres a una tal Natalia Lafourcade, empecé a escuchar dos estaciones que me marcaron, una más que la otra: Radioactivo y Órbita.

La primera, ubicada en el 98.5 del FM de la Ciudad de México, atrajo mi atención por la música poco conocida que presentaba al aire, junto a grandes canciones rockeras, además de los graciosos autopromos (como los Juguetes Radioactivos, ofensivos e inhumanos), los locutores como Olallo Rubio o Ilana Sod, por mencionar algunos y, por supuesto, los programas como Destroyer, Data (uno de los mejores programas que ha dado la radio mexicana, donde hacían investigación de temas muy variados) o Byte (sobre tecnología).

Órbita, que transmitía en el 105.7 de FM, por su parte, me agradaba por tres programas: Punto Neutro (que transmitía narraciones y poemas aderezados con muy buena música), Cuarto B (que era transmitido desde uno de los estudios grandes del IMER) y La órbita del dinosaurio (con los clásicos del rock y hecho por César Alejandre (QEPD)).

Ambas estaciones terminaron en 2004 y de los restos de ambas nacería Reactor, ocupando la frecuencia que tenía Órbita: el 105.7. El concepto era prometedor, sobre todo por juntar a los mejores talentos de las estaciones antes mencionadas y ser dirigidos por el antiguo productor de Muchmusic (en su versión del canal 11). Escuché sus inicios y hubo cosas que me gustaron (descubrir que los ex-Órbita que se quedaron, como Ariadna Montañez y el Golfo, realmente tenían talento) y otras que no tanto (Reacción, el pésimo intento de copiar Data). Este balance me hizo seguir buscando algo donde refugiarme y encontré el 90.9 de FM: Ibero.

Era 2005, y la estación de la Universidad Iberoamericana tenía una apuesta muy interesante, con programas como Clickaporte, con Uriel Waizel (ex-Radioactivo), las sesiones de la KCRW con Nic Harcourt, el Muñecón, Lunchbox y el extracto, donde se presentaba un disco nuevo cada semana, con todos sus tracks sonando desde el lunes y hasta el sábado.

La estación fue creciendo y se hizo de programas épicos como Buenos Días Santa Fé y el Triste Turno, incorporando también propuestas como Panamerika, Pocajú y The Selector en la barra del fin de semana. Pero, como a Reactor, algo le hacía falta: esa sensación que, hasta ahora, solo había sentido con el 98 y medio. El saber que los empresarios de la radio apostaban por formatos alternativos, no convencionales, y que los defendían.

Entonces surgió Neurótica.FM

No era una estación que se escuchara en el FM de la ciudad de México, sino en el 102.1 de Toluca. Grupo Siete le apostó a “subir” una estación de Internet a la frecuencia modulada y el experimento funcionó. El concepto tenía, entre sus involucrados, a voces ex-Radioactivas como Edgar David Aguilera y Luis Roberto Márquez “El boy”, junto a una camada de nuevos locutores (como Oscar KGB, Jimena Varela y Karla Dueñas, entre otros) que llegaron a revolucionar, literalmente, la radio de la capital mexiquense.

Programas como la Sociedad de libros Miskatonic, Detrás del diván, las ocurrencias del Chef Chava, la primera etapa del Gallito Inglés y sus autopromos muy similares a los de Radioactivo no tardaron en llamar mi atención. Pero también “La radio alternativa para grandes minorías” cayó del FM para volverse una sucursal más de los 40 principales y, tiempo después, se refugiaron de nuevo en Internet con el nombre de Neuróticacity, pero no fue lo mismo. El concepto desapareció en 2009, si no me equivoco.

En ese tiempo, Reactor se había vuelto un caos y rara vez la escuchaba. Ibero seguía siendo mi refugio en FM, mientras que en Internet, los azares del hyperlinking me llevaron a descubrir algo llamado RMX.

La estación llevaba operando desde 2006 en el 100.3 de Guadalajara, donde reemplazó a una estación pop y era liderada por Gonzalo Oliveros, quien había estado en Rock 101 y W Radical. Pero lo que me pareció increíble era que la estación fuera parte de… ¡Grupo Imagen! los mismos que habían desaparecido a Radioactivo ¿Acaso habían cambiado de opinión?

Pese a que en un principio, Oliveros no me caía muy bien, escuchaba la estación por momentos breves y con el tiempo, RMX me hizo volver a creer que los empresarios de la radio sí apostaban por el formato de rock y música de avanzada. Ahí dejé de añorar a Radioactivo.

Pasaban los años y en Ibero empezaban los problemas que la llevaron a ser el barco sin rumbo que es hoy. Reactor había vuelto a poner orden en su programación con el arribo de una ex-RMX a la gerencia: Romina Pons. Volví a escuchar Reactor a ratos, por programas como el de Jorge Rugerio, Base Varsovia, el turno del WARpig (que evolucionó después a Sálvame Radio) y los especiales de los viernes. Pero ya no fue lo mismo. Grupo Siete “revivió” Neurótica en 2015 en las frecuencias originales (102.1 de Toluca y 106.1 de Pachuca) pero a pesar de mezclar buena música entre pop en inglés, no funcionó.

RMX ya había captado casi completamente mi preferencia radiofónica. Y lo digo así porque me enteré que muchos de sus programas eran generados desde la CDMX, y que ya habían entrado a esta ciudad… pero sólo en radio HD. No quedaba de otra más que seguir la transmisión por Internet.

Los programas de antes como Puerto Chipotle o Cu4tro y los más actuales como Coup d’etat (una apuesta diferente a todo por las mañanas), Favorito, Aquelarre (después Residencia), Antidiurno, Arrabal, Backline, Insolente, Ruta RMX y algunos de la barra especializada fueron de lo mejor que he escuchado hasta ahora y me dejaron más que enganchado.

Pero una noticia llegó a finales de diciembre de 2016 en un sitio llamado Radionotas. Afirmaba que la desaparición de Reporte 98.5 (la estación de noticias que entró en el lugar de Radioactivo) estaba muy cerca…

…porque RMX tomaría su lugar en la Ciudad de México.

Era sólo un rumor en aquel entonces. Gonzalo no decía nada en su cuenta de Twitter al respecto, hasta el 6 de enero, cuando hace oficial la noticia. Junto al 96.9 de San Luis Potosí (donde reemplazó a Exa), RMX ingresaría al FM de la CDMX en el 98.5 el 9 de enero de 2017.

Y estuve al pendiente de la programación del 98.5. Los programas de la estación noticiosa se despedían y el domingo a las 7 pm ya se escuchaba la música del concepto con los anuncios de Reinicia la radio y el tiempo que faltaba para el gran inicio. Previo al estreno, se escuchó una serie de canciones que daban la bienvenida al nuevo concepto como Space Oddity de David Bowie o Hello Goodbye de The Beatles. Finalmente, las 9:01 de la mañana y el promo de apertura…

RMX ha dado la pauta a una nueva manera de hacer radio comercial, haciéndola de manera inteligente, sin insultar al intelecto del radioescucha y programando música comercial, pero también, como dijera el Boy en los ID’s de la resucitada Neurótik, tocando eso que no sabíamos que queríamos escuchar.


Epílogo

El 98.5 vuelve al formato músical después de 12 años. Un nuevo capítulo de mi historia con la radio empieza a escribirse.

Como todo, necesita pulirse un poco: Bekker suena un poco monótono y aburrido en Itinerante (mientras que Rocío Gómez lo hace muy bien en GDL). Audiorama, al que por fín pude escuchar completo por primera vez, todo un hitazo auditivo (las risas provocadas por la sección “Mi muñeca me habló” y las “riñas” entre Tiro y Lalo Vargas fueron geniales). Coup d’Etat, fresco e innovador como siempre. Francotirador fue una grata sorpresa, con una mancuerna muy bien lograda entre un preparado y ameno Ignacio Lozano y Karina Michel. Destaca el regreso de Miguel Solís con su especialidad: el rock en español (y se lleva de calle a su “alumno” Luis Pérez de Reactor y su Hispanoparlante) en #Somos. Gabriel Zarzosa se pintó solo en el rotatorio del lunes, un gran locutor que el público capitalino y potosino va a adorar como ya lo hace el tapatío. Karla Preciado necesita mejorar para su rotatorio del martes, pero yo, que la he escuchado, sé que lo puede lograr. Jair Cardoso la va a romper ahora por las mañanas y con su nuevo programa para dar a conocer nuevas bandas llamado Rigging. Victor Zenteno (creo que es el más joven de la estación) va a ser un agrado para sus oídos, un excelente locutor con mucho futuro. Héctor Padilla (o Pada), excelente ahora por las tardes en Bastión (le va mejor este horario que en la noche), Pavlo González, muy bueno con su Sampler (he tenido curiosidad de oír uno de sus DJ Sets, ha de ser genial). Daniel Moad, haciendo de nuevo un gran programa como Favorito, ahora con un horario más favorecedor. Otro que me sorprendió con su programa fue Rodrigo García, el señor Robatero, con Cue ¡Que buenas rolas de electrónica pone! Se reinventó (en su turno anterior se notaba plano) y con esto, la va a armar en grande. A Joanna Pirod la escucharé en Rival porque sé que puede dar un gran clásico como lo fue Insolente (y sus martes de maldad), necesita tiempo para que el concepto de su nuevo programa se establezca. Y sobre Miriam Rascol, fue un acierto darle una hora más a su programa, me gustó mucho (y estoy en espera del regreso de Arrabal). No le tengan prejuicio a Mauricio Foullon (o Morris) solo por haber salido en programas como Hoy, porque su programa Happy promete bastante. Pienso que es cuestión de tiempo para que terminen los contratos de Pare de Sufrir (que aún pasa en el 98.5) y de los anuncios dentro de los programas para que, ahora sí, haya nuevos programas dentro de RMX, como el que anda preparando Christian Mejía, antiguo conductor de Backline.

Iré publicando más epílogos de vez en cuando sobre esta nueva temporada de RMX en mis posts de Medium en español y en esta publicación, su blog de confianza, llamado (in)existencias.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.