La (Des)Educación ha dado buenos resultados

Edlian, un niño genio que nunca hacía falta en el cuadro de honor de su escuela; perspicaz, curioso, creativo, y con un sin fin de preguntas, así era Edlian. Así era, porque sus preguntas nunca fueron respondidas, su curiosidad nunca fue saciada, su creatividad nunca fue explotada y su perspicacia fue ahogada; sí, así fue, así cuenta la historia; sin duda Edlian fue colocado dentro de un marco de referencia en el que tenía que acatar órdenes y aceptar estructuras existentes sin cuestionar, un sistema educativo provisto de mayor control, más adoctrinamiento, más formación vocacional, etcétera, cuya consecuencia lógica fue una vida de conformismo, sin pensamiento crítico e independiente.

La imagen de una persona adoctrinada y formateada viene a mi mente cada día cuando transito sin tanta premura por un lugar donde la educación se ha convertido en «un buen negocio». Cantidades ingentes de niños y jóvenes a diestra y siniestra, algunos con sonrisas en sus rostros, otros con facciones de preocupación y cansancio de llevar un gran peso sobre sus espaldas, un peso que no precisamente es de útiles inútiles sino de «un modelo que impide el pensamiento crítico e independiente, que no permite razonar sobre lo que se oculta tras las explicaciones y que, por ello mismo, fija éstas como las únicas posibles». Ya lo dijo J Orteg y Gasset «Cada vez que enseñes, enseña también a dudar de aquello que enseñes». Sin embargo, actualmente tal y como dijo Noam Chomsky en ─El Objetivo de la Educación: La Deseducación─ «lo que realmente existe es un modelo colonial de enseñanza diseñado para formar profesores cuya dimensión intelectual quede devaluada y sea sustituida por un complejo de procedimientos y técnicas».

Es interesante que deben de pasar varios lustros para cuestionar el verdadero propósito del sistema educativo, ─Adoctrinamiento─, que «históricamente ha sido promovido tanto por las élites sociales dominantes como medio de control social no explícito ni necesariamente coactivo pero sí influyente. El adoctrinamiento a diferencia de la educación no siempre pretende convertir al sujeto en un individuo autónomo, con sus propios elementos de juicio, sino que frecuentemente el adoctrinamiento se caracteriza por la fe ciega y la ausencia de pensamiento crítico»; sin embargo, actualmente educación es en esencia sinónimo de adoctrinamiento; si se analiza el panorama actual, la educación de antaño y hogaño no difieren sustancialmente, se enseña lo mismo y de la misma manera, por supuesto ahora con dispositivos e Internet que no ha sido gran cosa en la enseñanza aprendizaje, el sistema educativo sigue igual. No obstante, Noam Chomsky, hace mención de la existencia de «estructuras poderosas en la sociedad que prefieren ver a la gente adoctrinada y formateada sin que hagan preguntas, siendo obedientes, realizar la función que se les ha asignado y no tratar de sacudir los sistemas de poder y autoridad. Lo anterior, sin duda un contubernio, un tema conocido y de constante difusión por medio de teorías conspirativas cuya descripción no dista de la realidad.

El predeterminado deterioro del sistema educativo, que ha llevado años pero les ha dado buenos resultados. Masas graduadas de algo pero que en realidad no son capaces de comprender su realidad, masas graduadas y definidas como «nativos digitales», pero que aún desconocen la utilidad de la tecnología contemporánea, como Internet, sistemas de comunicación, y demás, precisamente para enriquecer el conocimiento y cultivar pensamiento crítico e independiente.

Paradójicamente, la educación suele calificarse como inversión para unos y para otros como costo, asimismo, se tiene una concepción extraña de que una nación con un gran capital humano puede influir en el crecimiento del PIB. Recordando el poema «El PIB Empresarial» de Herbert Melara en su poemario «Poesía Fu Remol».

¿Y qué es la vida?
¿Acaso no es un estandarizado fluir
de días y de noches?
¿Una monótona
repetición de calendarios?

¿No es acaso un doloroso nacer
y un doloroso morir?
Donde se paga por nacer
y se paga por morir;
y cada vez será más cara
la entrada y la salida.

Te alienan y te alienas la razón,
buscando conformarte a la masa laboral
que hará subir el PIB de la Nación
(léase mejor “el PIB empresarial”).

Y deberás reproducirte…
Deberás engendrar más reproductores como tú,
destinados a crear un desarrollo sostenible;
capaces de comprar y consumir,
capaces de endeudarse y pagar.

Por supuesto que podrás morir,
cuando hayas cancelado la hipoteca
que consumió un tercio de tu vida;
y al igual que los demás
que fueron como tú, y antes que tú;
se te brindará el consuelo,
de ser olvidado en pocos años.

Pero podrás llegar a ser alguien en la vida,
si tu nombre aparece en una “crédit card”,
que genere los mensuales intereses que
engrandezcan “el PIB empresarial”.

En el mismo orden de ideas, cabe destacar el tema de la evaluación.
Desde épocas pasadas los exámenes han sido herramientas útiles para comprobar cuanto sabe el estudiante, lo que ha logrado, etc. Además, para que los instructores se den cuenta de lo que hay que cambiar y mejorar en el desarrollo del curso, entre otros aspectos; «una persona puede tener resultados magníficos en todos los exámenes y entender muy poco»; el conocimiento tiende a ser efímero cuando se enseña de forma impositiva.

Los exámenes en ocasiones son obstáculos para entender y explorar; la enseñanza y evaluación del presente es un modelo que arrastra las premisas de adoctrinamiento del pasado, «que no inspira a los estudiantes a descubrir por sí mismos, a cuestionar cuando no estén de acuerdo, a buscar alternativas si creen que existen otras mejores, a revisar los grandes logros del pasado y aprenderlos porque les interesen».

¿Qué hace una persona durante la vida?, Aprender por sí misma, ¿Verdad?; Entonces la educación debe de estar enfocada en eso; inspirar a buscar, investigar y descubrir, no sólo repetir la misma información dada por alguien para ser absorbida.

Al igual que Edlian, hoy en día existen muchas personas al rededor del mundo con el mismo caso; sin embargo, la tarea de evitar la (des)educación de las presentes y nuevas generaciones es de los padres en la infancia de sus descendientes; para luego convertir la misma tarea en algo personal y constante para evitar el adoctrinamiento.

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