Una nueva era para contar historias periodísticas

Maria Teresa Ronderos

Probablemente la mayoría de la gente sabía de algún modo que se estaban utilizando paraísos fiscales para evadir impuestos, para saquear tesoros nacionales o para recibir sobornos de conciencias vendidas. De cualquier forma, cuando las historias de los Panama Papers conectaron nombres con cuentas de banco y dieron datos duros, todo mundo, desde Beijing hasta Buenos Aires, quería leer al respecto. Una historia con impacto global: el sueño de todo reportero.

Historias como esta, cuando el impacto de la revelación de la verdad golpea a la audiencia, son, en el mejor de los casos, ocasionales. Sin embargo, en el periodismo de día a día es una hazaña difícil que el público le ponga atención a tu historia, y que ésta además sea fidedigna y atractiva. Y se ha vuelto todavía más complejo en la era digital: la información fluye de manera constante a través de nuestras tablets y smartphones, como un río de lodo, arrastrando las piezas de auténtico de periodismo narrativo junto con las mentiras y los chismes. Entonces, si los periodistas quieren tener alguna oportunidad de sobresalir en esta batalla, de mantener a la gente informada sobre lo que realmente pasa y porqué, tienen que surcar la inmensidad de escombros para encontrar no sólo buenas historias sino elevar su narración a nivel de arte.

Hay ejemplos de esta inventiva alrededor del mundo. Un claro ejemplo es la tradición del periodismo literario de largo aliento, en la que los latinoamericanos son maestros. El Faro, un medio digital del diminuto El Salvador, acaba de ganar el Premio Gabriel García Márquez a la excelencia por sus historias conmovedoras y sus documentales. Otras organizaciones como Initium exploran otras narrativas: crearon un proyecto de audio data donde la temperatura promedio de los últimos 131 años en Hong Kong es visualizada y tocada como notas musicales.

Otros están optando por explicar y hacer las cosas más claras en un mundo confuso con múltiples versiones opuestas de cada evento. Uno de los primeros en intentarlo fue el sitio estadounidense vox.com, con “explicadores” en breves tarjetas, como una que explicaba la problemática del hackeo de emails personales de la campaña de Hillary Clinton. El New York Times creó The Upshot, con trabajos que explican cómo interpretar las conflictivas encuestas de la elecciones presidenciales estadounidenses. En el sur, GKillCity de Ecuador ha intentado una versión similar con tarjetas explicativas, utilizándolas para explicar las recomendaciones que hizo la ONU en materia de Derechos Humanos a Ecuador. Hay también otras herramientas para hacer las cosas más claras para las audiencias: líneas del tiempo acerca de momentos en la historia; mapas para geolocalizar ciertos eventos, e incluso cruzar tiempo y lugar en una pieza multimedia interactiva. Un ejemplo es un trabajo de Kloop, de Kyrgyzstan, que muestra cómo un bosque protegido en Bishkek, la capital, está desapareciendo conforme los constructores se expanden, infringiendo las leyes.

La mejor manera de contar historias es conversando. En el reciente golpe de Estado en Turquía, los periodistas de Medyascope explicaron a sus seguidores en una transmisión en vivo en Periscope lo que estaba pasando y cómo es que ellos lo entendían, acercando así a los hacedores de noticias a sus audiencias.

Los bots que atacan ciertos temas en las redes sociales pueden llegar a ser bastante divertidos, particularmente cuando se trata de temas que apasionan a la gente, como elecciones o futbol. Univisión utilizó el Purple Bot durante las elecciones primarias estadounidenses y sus seguidores crecieron por miles. No se necesita ser rico o tener una oficina en Silicon Valley para crear un bot.

Dos jóvenes emprendedores españoles desarrollaron politi_bot en la aplicación de mensajería instantánea Telegram, e hicieron un gran trabajo informando a la gente acerca de las últimas elecciones en su país.

Un bot implica el trabajo conjunto de un periodista y un desarrollador para pensar en historias: como en el arte, la forma y el contenido se convierten en un mismo concepto. El potencial de comunicar y comprometer depende mucho de qué tan bien el periodista y el programador trabajen juntos. El resultado de un trabajo en equipo así puede ser un juego como el realizado por ProPublica, donde el usuario no solamente se enteraba de las fallas en el sistema de salud para atender ataques al corazón en Nueva York, sino que podía experimentar de manera personal la ansiedad de los pacientes. O el que hizo Caixin, en el cual los usuarios pueden ayudar a un alcalde chino a disminuir los niveles de contaminación de su ciudad. Estos juegos pueden decir a veces mucho más de lo que está pasando en ciertas partes del mundo los editoriales de muchos medios.

Donde las cosas son difíciles y el contar historias verídicas pueden costarle a los reporteros la vida o la libertad, muchos se han vuelto expertos en sutileza. Y bajo esas difíciles circunstancias, el buen humor político es siempre confiable. Como lo que hace Medialab, de Armenia, que revela la actualidad política mediante cartones.

Lo que se necesita en el juego narrativo dentro de la era digital es ser creativo, romper los moldes, pensar en las ausencias y trabajar con otros profesionales, como artistas e ingenieros de software. El truco es hacer la rutina de las noticias diarias un poco más divertida e interesante; y los temas serios y solemnes hacerlos atractivos y creíbles.

Casos reales:

Graphic News es un sitio creado por un pequeño grupo de periodistas italianos y artistas de cómic, interesados en explorar nuevas maneras de narrativas periodísticas de no ficción. Su objetivo es ser totalmente digitales y experimentar con imágenes y composiciones pensadas para móviles. Graphic News visualiza historias a profundidad, explicando situaciones complejas tanto sociales como científicas y económicas, de una forma accesible y amigable al lector. Entre las historias que han contado está el crecimiento económico de China y el cierre del último hospital italiano de psiquiatría forense

Zambezi News utiliza la sátira para hablar desde los fraudes electorales hasta la corrupción en Zimbabwe. El equipo desarrolló un programa de noticias falsas, con tres presentadores, que transmite desde estudio de noticias a reportes en vivo desde el lugar de los hechos. Seis millones de habitantes de Zimbabwe han visto el show –transmitido inicialmente a través de estaciones de radios comunitarias, grupos de activistas, redes sociales y Youtube–. Por petición, hicieron 10 mil DVDs para distribuirlos en villas y pueblos en todo el país.

Meydan TV es una plataforma online independiente de Azerbaijan, que publica cartones satíricos que la han hecho muy popular en las redes sociales. Un cartón hecho por Gunduz Aghayev acerca de las noticias de la liberación de la visa para Georgia por parte de Estados Unidos tuvo casi un millón de vistas en Facebook.

Hackastory fue fundado por un periodista, un programador y un académico transmedia. La plataforma, con sede en Países Bajos, no produce sus propias historias, sino que fomenta el trabajo de otros periodistas para que encuentren nuevas perspectivas e ideas creativas. La misión de Hackastory es empoderar la colaboración entre varias profesiones para narrativas digitales a través de la experimentación y el aprendizaje mediante la realización. Para hacerlo, Hackastory organiza hackatones narrativos en todo el mundo, reuniendo a periodistas, programadores y diseñadores que tienen dos días para producir un proyecto prototipo.

CORRECT!V es un innovador sitio alemán de periodismo de investigación basado en datos. Utiliza distintas formas de narrativa, fusionando el periodismo de investigación “clásico” junto con la tecnología, herramientas digitales y el arte. El sitio produjo una poderosa novela gráfica titulada “Lobos Blancos”, que ilustra la investigación de David Schraven y Jan Feindt sobre una pandilla de extremistas Nazis que paulatinamente revelaron sus vínculos internacionales. La versión impresa fue inicialmente distribuida de manera gratuita, y cuando el equipo se dio cuenta del éxito, se reimprimió, vendiéndose por completo en un par de días.