La batalla por el TLCAN

En breve: Esta publicación pertenece a una serie de publicaciones que analizan el entorno de nuestro país durante los primeros días del mandato de Donald Trump. En este segmento analizamos la situación que rodea la renegociación del Tratado de Libre Comercio de America del Norte, los posibles escenarios y de qué manera podemos disminuir las consecuencias negativas. El escenario es mucho menos lúgubre de lo que muchos piensan, y de hecho es la economía estadounidense la que debería estar más preocupada.

Imagen obtenida de RT.com

La nota esta semana es sin duda la avalancha de Órdenes Ejecutivas que ha firmado el nuevo mandatario estadounidense (tradicional y ridículamente llamado “líder del mundo libre”). Al momento, Trump a firmado más de una decena de Órdenes Ejecutivas que van de lo risible e irrelevante — como nombrar su inauguración un “Día Nacional de la Devoción Patriótica” — , hasta lo incendiario — como la prohibición musulmana en Estados Unidos, vestida con el término extreme vetting — . En nuestro país, más de una de estas órdenes a encendido las alarmas; la más preocupante para la estabilidad económica del país: la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

El TLCAN eliminó los aranceles (impuestos a las importaciones) en casi todos los productos y servicios que se intercambian entre México, Estados Unidos y Canadá. Nada más el corredor comercial México Estados Unidos tuvo un flujo bidireccional de más de $482,000 millones de dólares en 2016. Alrededor de $271,000 millones corresponden a las importaciones de productos mexicanos en Estados Unidos, dejando como consecuencia un superhávit de casi $59,000 millones de dólares a favor de México en la balanza comercial. A simple vista esto parecería ser razón de alarma para nuestro vecino del norte, y un buen argumento para la insistencia de su nuevo presidente en el tema de renegociar este tratado. Pero tratemos de entender a qué se debe esta balanza comercial tan cargada a favor de México.

Primero, lo más simple: el PIB de ambos países es descomunalmente dispar. El nuestro durante el periodo de 2015 rondó los $1,143.79 billones de dólares; mientras que el de Estados Unidos se acerca a los $53,000 billones de dólares. Es decir que nuestra economía es 46 veces más pequeña que la estadounidense. ¿El hecho de ser una economía tan pequeña nos hace más vulnerables?, no necesariamente. La visión más simplista de estos datos es pensar que el intercambio comercial con EE.UU. representa para nosotros el 24% de nuestro PIB, mientras que para ellos, las exportaciones hacia México apenas representan un 0.4% de su economía. Por lo tanto, amenazar con obstruir este corredor comercial parecería algo que nos golpearía mucho más a nosotros que a ellos. Pero las cosas no son así de simples. y para eso vale la pena observar un segundo factor:

¿Dónde están los cimientos de nuestra capacidad productiva, y dónde la de nuestros vecinos del norte? En una reunión con Barack Obama, Steve Jobs criticó fuertemente al gobierno de su país porque “le hacía imposible producir de forma doméstica”, argumentaba por un lado que la regulación excesiva complicaba poner fábricas en territorio norteamericano, y por otro lado que no tenía manera de llenar esas fábricas con los 30,000 ingenieros que necesitaba en EE.UU. A estos argumentos le falta la verdad incómoda que todo empresario sabe, pero no puede decir sin un costo fuerte en relaciones públicas: la mano de obra en países maquiladores con políticas que rayan en lo esclavista son increíblemente atractivas para la producción en masa. México no tiene un régimen tan permisivo para los empresarios y opresivo contra los trabajadores como el chino, pero definitivamente los niveles de ingresos y el costo de vida (aunado a la cercanía geográfica) lo convierten en un predilecto de Estodos Unidos para producir.

Estados Unidos produce mucho en México, demasiado. Y sus problemas con la balanza comercial no se resuelven dejando de importar bienes producidos en México, porque muchos de esos productos son elementos intermedios de cadenas de valor más sofisticadas que representan la fortaleza de su propia producción. J.W. Mason lo explica a detalle en esta publicación:

“In summary: Most US imports from Mexico are intermediate and investment goods, not consumer goods. A tariff on Mexican goods is more likely to raise costs for US businesses — including for US exporters — than to lead people to substitute American-made goods for Mexican ones.”

Aunado a esto, como bien lo decía Jobs, su país no tiene la capacidad instalada para absorber toda esta producción, ni el personal técnico capacitado. México por otro lado, si tuviera que disminuir sus exportaciones a Estados Unidos, tendría una capacidad instalada lista para responder a la demanda de otros socios comerciales.

El problema de Estados Unidos es uno mucho más grave. No importa cuántos obstáculos le pongas al comercio exterior, si no tienes forma de cubrir la demanda de tu mercado, la gente seguira dependiendo de importar bienes. Eso puede cambiar, pero va a tardar por lo menos un par de lustros. El problema de México tampoco es trivial, pero afortunada(o desafortunada)mente depende mucho más de la pericia de nuestros mandatarios para gestionar nuevos acuerdos comerciales y de la capacidad de nuestros empresarios y productores de colocar sus productos en nuevos mercados. El camino de Estados Unidos para absorber toda la cadena productiva de sus bienes es largo y complicado. Nuestro camino está frente a nosotros, claro y evidente: Debemos disminuir la dependencia en los Estados Unidos; y no se preocupen, porque el mismo problema que enfrentarán los norteamericanos facilitará esta transición haciéndola gradual y no estrepitosa. Debemos generar un bloque más sólido con América Latina y los mercados asiáticos. Pero más importante aún: debemos incrementar la capacidad productiva de nuestro país llevándola hacia un perfil de negocios más sofisticado. Desarrollar nuevas tecnologías, aprovechar las tendencias digitales que exigen inversiones menos voluminosas y lograr tener una fuerza laboral más y mejor educada.

¿Y los aranceles del 20%?, cualquier persona con un conocimiento decente de economía sabe que esto es un absurdo, nada más que retórica vacía tratando de establecer una postura “sólida” para negociaciones futuras. Los aránceles más proteccionistas apenas rondan el 16%, la mayoría no supera el 7% en el mundo. En el discurso de Trump hay que tomar todo como simples argumentos de tácticas de negociación confrontativas. Ya en otra publicación hablaré de por qué estas tácticas me parecen destructivas y poco útiles. Por ahora no hay mucho más que hacer con lo que dice Donald Trump, que disfrutar del show del político más incapaz que jamás haya ocupado esa silla presidencial. México sigue siendo dueño de su situación.

Este texto fue escrito por Ángel Otero MacKinney, socio fundador y parte del equipo de Kinit Innovación y Tecnología.

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