4 motivos para apostar por la inteligencia colaborativa

Tenemos que aprender a deliberar en la sociedad digital, hablando y escuchándonos.

1 Los problemas que afronta la humanidad son tantos, y de una complejidad tan grande, que ya no dan resultado las soluciones que eran eficaces hasta hace poco tiempo. Del cambio climático a las emergencias migratorias, de las guerras de cariz religioso al tráfico y el consumo masivo de drogas en todo el mundo, o a la corrupción de las democracias, nuestra aldea global enfrenta desafíos planetarios. Y no hay un mapa que nos indique por dónde ir: hay que inventarlo.

2 Pero no sólo es que no funcionen las soluciones antiguas: es que no tenemos un método adecuado para buscar las nuevas. Sería urgente en primer lugar ordenar y filtrar la avalancha informativa que nos agobia en vez de ayudarnos a decidir. Y luego, aprender a deliberar sin perdernos en luchas verbales.

Los viejos métodos para cambiar las cosas han demostrado su ineficacia. El siglo XX nos enseñó que el autoritarismo emprende medidas efímeras e ineficaces porque oprime a la sociedad. Las revoluciones y guerras sí que provocan cambios -a altísimos costos en vidas humanas- pero sus líderes reproducen en poco tiempo los vicios que combatieron. Los intelectuales, desconectados entre sí y lejanos a la sociedad, a veces se pierden en la búsqueda de su propia gloria y lucimiento.

3 La innovación social, potenciada por las tecnologías digitales, parece suscitar algunas esperanzas: la participación de la sociedad civil, la democracia 2.0 son términos cargados de posibilidades. Pero aún son sólo eso. Para abrir caminos, Pierre Lévy desarrolló en 1994 el concepto de inteligencia colectiva, afirmando que pensando juntos a través de la tecnología, podemos encontrar soluciones y crear nuevo conocimiento. Derrik De Kerckhove, discípulo de McLuhan, retoma esta idea pero escapa al olor colectivista e insiste en la importancia de la conexión, acuñando el término “inteligencia conectiva” en 1996.

Derrik De Kerckhove, Pierre Lévy y McLuhan

Hoy estamos hablando de inteligencia colaborativa, que es más preciso que colectiva y supone la voluntad de deliberar juntos para afrontar los retos del momento. Muchos esperaban que bastara Internet y las propuestas de muchos para que realmente emergiera un pensamiento ordenado y propuestas factibles. Ha sido así sólo en algunos casos.

4 Estamos aún en la edad de piedra de la inteligencia colaborativa, sencillamente porque no todo depende de la tecnología. Ésta es condición indispensable para que la sociedad aproveche el saber distribuido en la población, pero no basta. Hay mucho camino por recorrer.

Tenemos que aprender a deliberar en la sociedad digital, hablando y escuchándonos. Necesitamos crear las herramientas tecnológicas (hardware y software) a imagen de la mente humana y nuestro modo de sacar conclusiones, y no al revés. De otro modo iremos a remolque de los dictámenes del mercado. Pero la tecnología puede potenciar exponencialmente nuestra capacidad de diálogo. De hecho ya lo está haciendo: dontknow, openideo, quora.
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Autora: Leticia Soberón, Copromotora y coordinadora del ICXCI