Cuando empezamos esta aventura intensiva, no imaginamos que al final, este encuentro y los lazos construidos en ese transcurso, terminarían siendo tan fuerte, como para ahora tener la certeza de haber trascendido a estos 15 días juntos. Hoy, los recuerdos y cada aprendizaje de lo construido en colectivo, se ha hecho carne, quedando impregnado en nuestros cuerpos y nuestras mentes de manera grave.

Dentro de la programación del #IntensivoPeriferia, Se abrieron espacios para encontrarnos con la ciudad y su gente. En consecuencia, fuimos explorando lugares que nos llenaban de inspiración para el proceso creativo y que sin lugar a duda hacían explotar nuestra curiosidad y de preguntas nuestro ser bailarín, incluso nuestra existencia. Desde la visita “obligada” al Castillo de San Felipe, hasta encontrarnos con la exuberancia de talento en un barrio con nombre extranjero, fuimos construyendo un mapa que fue crucial en esta experiencia.

La primera parada fue la hermosa “playa Blanca” en la isla de Barú, un lugar mágico donde se cocina al ritmo del sonido de las olas, que se mezclan con el sabor tropical propio de estas tierras. Hipnotizados por la belleza de este trozo del trópico e inundados de la belleza que pululaba en cada rincón, vivimos un día colmado de una camaradería familiar.

Los lentes críticos con los que la Compañía nos propuso ver la realidad, puso en evidencia muchas de las amenazas, oportunidades y paradojas que convierten este “paraíso” en un lugar contendido, donde el valor de la tierra está por encima de la gente y donde el disfrute inconsciente atenta contra el medio ambiente.

En la segunda parada llegamos al barrio Paraguay en Cartagena, donde la gente caminaba con la cruz dibujada en la frente, era miércoles de ceniza y allí estábamos nosotros, viendo como a través del talento, la pasión y la danza, se expiaban los “pecados” de aquellos comprometidos bailarines del asfalto.

Con el grupo de participantes de nuestro Taller Intensivo nos trasladamos a la periferia de la ciudad, con la idea de conocer ese estilo urbano que caracteriza la vida en el barrio. “Latin Dance”, un grupo de danza urbana dirigido por Ander Rhenals, se encontraban en medio de la calle, haciendo lo mejor que saben hacer: bailar, al tiempo que construyen sociedad y proyectos de vida en torno a su talento. Se comportaban como una familia, se sentía en el ambiente y nos hicieron sentir como si fuéramos parte de ella.

Al finalizar, la reflexión colectiva con los integrantes del #IntensivoPeriferia confluyeron en un punto: la pasión y la fuerza, dos fortalezas que impulsan a la construcción en una ciudad donde cada rincón inspira.

Continuando nuestro recorrido, nos encontramos con el Castillo de San Felipe de Barajas, una fortificación militar construida en 1536 para proteger el oro de la Corona e impedir la toma de Cartagena por otras metrópolis europeas. Eso es lo que de manera mecánica cuentan los guías turísticos. Lo que casi nadie cuenta es la cantidad de energía, sudor y sangre de los esclavos que la construyeron. Éste debería ser un lugar de la memoria como ha sucedido en otros lugares del mundo, donde el horror y la ceguera humana han causado tanto dolor. Poco importa esa parte de la historia si el selfie queda bien.

No obstante, nuestras reflexiones sobre el hecho colonial y sus repercusiones en el modo como está estructurada nuestra sociedad, balancean esta visión y nos deja de frente con una visión diferente de este monumento y en consecuencia de esta ciudad.

Sin duda, ésta es una ciudad que se traiciona a sí misma, pues aquí el hecho colonial se enmascara sobre cambios estéticos que son soportados por la misma ética pronunciada a partir del 1942.

El Cuarto momento estuvo dedicado al encuentro con personas que aportaron a la conceptualización y a la construcción creativa de lo que sería nuestra muestra final. Como lo habíamos ya mencionado el libro “Los Desterrados del Paraíso” fue fundamental para argumentar aquello que era transversal en este proceso: la compresión, de los efectos del colonialismo en sociedades contemporáneas. Y es que este libro en particular retrata la continuidad histórica de este hecho en la Cartagena contemporánea y reclama con argumentos sólidos, una liberación de aquellos que la han tenido secuestrada, proclamando a gritos una independencia definitiva.

Finalizamos los Encuentros Culturales, con una reflexión teológica dirigida por el parroco de la iglesia San Pedro Claver, quien amablemente nos recibió en su despacho y de manera muy sencilla pero profunda, explicó el origen y el mensaje encriptado en libro bíblico de JOB.

Contrario a todo aquello que nuestro analfabetismo religioso nos dictaba y de cómo la duda impregnaba nuestras preguntas, fuimos de su mano recreando un rostro distinto de JOB. Los argumentos del Padre parecían ateos, pero advertíamos que sus palabras a diferencia de las nuestras, estaban soportadas por estudios profundos. En definitiva nos quedaron más preguntas que antes, pero teníamos cierta certidumbre: la divinidad estaba en todas partes, en nosotros, por lo tanto esperar la solución de las cosas en Dios, tiene sentido si aceptamos que nuestra voluntad es divina en lo bueno y lo malo que nos sucede. Al final volvimos felices al trabajo y celebrábamos el hecho de poder encontrarnos en la diferencia de nuestras creencias.

Era inevitable, debíamos enfrentar el final de este tiempo juntos, la nostalgia estaba en el ambiente, pero estaba convertida en excitación, por la que sería nuestra presentación final.