¿Qué tal si dejamos de aplaudir el fracaso?

A nadie le gusta perder, y a mi no me gusta perder ni jugando Ping Pong. Pero cometer errores y fracasar es inevitable cuando se innova porque la innovación es en esencia experimentación y descubrimiento. Lo que separa a los innovadores exitosos del resto es su habilidad para experimentar eficientemente, superar sus fracasos y aprender de su éxito.

No se puede aprender mucho del fracaso. El fracaso es ambiguo, no es concluyente ni aplicable. El fracaso nos enseña lo que no hay que hacer y eso no es suficiente. Para innovar es necesario saber qué funciona y porqué. La validación de ese conocimiento sólo la proporciona el éxito.

El éxito es constructivo, concluye en aprendizaje, en el descubrimiento de nuevo conocimiento. El éxito valida o invalida nuestras suposiciones e hipótesis. Nos guía, separa a las buenas ideas de las malas.

Experimentar con éxito no es fácil. Es difícil formular hipótesis o ideas de productos o servicios con potencial. Y es aún más difícil validar esas hipótesis. Una excelente herramienta de formulación de hipótesis es el Customer Development Process, creado por Steve Blank, una leyenda de Lean Startup. Los Tableros de Experimentación, MVPs y Design Sprints, son algunas herramientas efectivas de validación de hipótesis de las que hablamos en detalle en otros blogs.

Usar las herramientas y metodologías adecuadas disminuyen tus probabilidades de fracasar. Pero para alcanzar el éxito no solo tienes que superar tu propio fracaso sino también el fracaso ajeno. Vas a encontrar personas que nunca emprendieron y que te dirán que el 90% de los emprendimientos fracasa. Vas a encontrarte a personas que sí emprendieron, pero no pudieron, y que te dirán que no es posible, o que no es el momento.

No hay que aplaudir el fracaso porque, en sí, no tiene ningún mérito. Lo que sí hay que aplaudir es la determinación para superar tu fracaso. La firmeza de tu decisión para hacer realidad una visión. Tu motivación para continuar después de estrellarte con la realidad de que las cosas no son como esperabas. Tu humildad para reconocer tus errores y no repetirlos. Tu fe para no rendirte cuando todos te digan que no se puede.


Decide ser imparable, ven a Invernadero.

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