11 de Junio de 2016

En la imagen se ven noticias de un periódico local, un solo día. Sábado 11 de Junio de 2016. Nada ni nadie señala el día anterior como uno particularmente violento. No tiene nada de especial.

México es una herida abierta en el planeta.

Me resulta risible que la mucha gente, tan educada por “Infierno” y “La dictadura perfecta”, presume que existen cortinas de humo y cajas chinas. Otro montón dice que los medios tapan las noticias trágicas con notas y reportajes sobre futbol, sobre novelas. La verdad es que esa postura es sumamente cómoda; que alguien me diga, después de leer los encabezados de arriba, que hay una cortina de humo. Las noticias están ahí, tan accesibles como las demás, pero somos –la misma “mucha gente”- los que decidimos no prestarle atención a los sucesos.

Hemos bajado los brazos para no cansarnos tanto. Todos lo hemos hecho. El gobierno apila los cuerpos y con ello, ensancha la lista de gente “vinculada” con los delincuentes. Daños colaterales, le llamaba con descaro cierto político. Averiguando cada vez menos, han logrado convencernos medianamente de que la situación tiene algo de inevitable. De que si te toca, te tocaba y ni modo.

Y entre la gente, las banderas que surgen tienen algo de negligentes. Los 43, la masacre de San Fernando, las muertas de Juárez, se vuelven títulos que surgen periódicamente para clamar un poco de justicia, apaciguar nuestra culpa y luego volver a la paz de esta ruleta rusa, donde el dolor sólo molesta si me duele a mí, pero mientras no me toque no pasa nada. Desde luego que son preferibles esas expresiones comparadas a nada, pero eso no quita que sean insuficientes. Insuficientes o, cuando menos, culpables de darle más peso a ciertas vidas que otras, a estas muertes que a aquellas.

Me mal acostumbro a querer buscarle solución a las cosas, y compartirla. Aquí, ciertamente, estoy lejos de tener en las manos una cura. Sólo se me ocurre (y no es poco, dadas las circunstancias) motivarme a pensar de qué manera estoy contribuyendo yo a estos dolores. En dónde he preferido mi comodidad por no ensuciarme, cuándo no he usado mi poder –cualquiera que éste sea- para sanar las heridas de quien a gritos pide ayuda, a quién le estoy dando a entender que una tranza es permisible en ciertas circunstancias. Son preguntas que requieren pensarse profundamente antes de pararse con una respuesta y andar.

Lo que no requiere tiempo ni profundidad es abrir cada mañana el diario, sentir que se apachurra el corazón y pensar qué feo está todo. Llorar si es necesario. Entristecerse. Salir y gritar con los actos que no queremos seguir así. Pensar que ayer fue un día sumamente violento y por ello fue terriblemente especial.

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